Lunes, 24 de septiembre de 2018

Ochocientos años llenándonos de orgullo

                                                                                                           Salamanca, 18 de febrero de 2018.

Este año que se conmemora el VIII Centenario de la Universidad de Salamanca, se van a celebrar multitud de actos, conferencias, congresos, conciertos, obras de teatro, exposiciones, y en resumen todo tipo de eventos habidos y por haber, como no podía ser de otra manera, al tratarse de algo tan especial. Lo que hará que vengan a nuestra ciudad, grandes personas y personajes, nacionales e internacionales, relacionados con el mundo de la cultura y de la educación, sobre todo.

Pero lejos de todos esos actos que se van a celebrar para la conmemoración, a mí me gustaría hablar sobre lo que significan estos ochocientos años para un salmantino, para los que somos de aquí, para los que hemos crecido y mamado la Universidad.

Desde que tengo uso de razón, he sabido de la importancia que ha tenido siempre dentro del marco nacional, europeo y mundial, que se encuentra a la altura de las mejores universidades de la historia. Nunca nadie me lo dijo en concreto, porque no hacía falta, eso es algo que se veía, que se sentía en el ambiente. Las calles de Salamanca siempre han estado llenas de miles y miles de estudiantes, venidos de cualquier parte de España y del mundo, que ha hecho que en la ciudad siempre podamos disfrutar de un colorido y una mezcla de culturas enorme, todo un privilegio, sin duda. Que además, en lo personal me ha hecho conocer a mucha gente diversa, y muchos lugares gracias a esa gente. Tengo un gran número de amigos de aquí y de allí que todavía conservo, y que conservaré hasta el fin. Porque las amistades surgidas en los años universitarios son para siempre, lo que une una etapa tan mágica, no lo separa nada ni nadie.

Cuanto más iba creciendo, más me iba dando cuenta de lo inmensamente afortunados que somos de poder disfrutar de todo lo que conlleva que tengamos una Universidad en Salamanca. Ya no es solo el hecho de respirar un ambiente tan intelectual en cada esquina, de respirar tanta cultura y tanto arte, o de poder conocer a tanta gente tan diferente, que hace que las calles siempre estén llenas de alegría y de juventud, de la bendita juventud que hace que ésta ciudad no parezca una población tan envejecida, lo que es. Pensando en lo que aporta a nuestra ciudad, estamos hablando de cuarenta mil personas al año pagando un alquiler, comprando comida, bebida, ropa, y en definitiva dejándose millones de euros, que todos y cada uno de los que vivimos aquí recibimos directa o indirectamente. Es decir, que al margen de la aportación intelectual que nos da, me atrevo a decir que sustenta la inmensa mayoría de nuestra economía, junto al turismo eso sí, venido en gran parte por el nombre que tiene nuestra ciudad fuera de nuestra fronteras gracias a la Universidad.

En esta etapa que tengo ahora de madurez, a mis treinta y seis, y como universitario de esta ciudad que he sido, lo único que puedo comentar sobre mi alma mater, es que me llena de un tremendo orgullo que podamos tenerla, porque es lo que le da la vida a nuestra ciudad, lo que hace que sea tan famosa, lo que hace que siempre haya un ambiente tan maravilloso en las calles, lo que hace que la mayoría de los que tenemos la suerte de vivir aquí podamos hacerlo. Y si no me creen pueden plantearse qué sería de nuestra ciudad si no la tuviéramos.

Les puedo decir por tanto, que estoy convencido que este sentimiento que yo les expongo hoy aquí, lo habrán tenido igualmente todos los salmantinos durante estos ochocientos años, porque Salamanca es Universidad, y no se podría entender la vida en esta ciudad si no fuera por ella. No es que sea algo más que ofrecemos, es que es lo que somos.

Y ya solo faltaría que además de la imagen de la Universidad, también nos preocupáramos de que esas mentes tan brillantes que formamos pudieran quedarse trabajando. Hablo de los que vienen de fuera y quieren vivir aquí,  pero sobre todo, de los salmantinos formados en nuestras aulas que desean tener un puesto de trabajo de lo suyo sin tener que irse de su casa. Si consiguiéramos eso, entonces sí que estaríamos orgullosos, ya no solo de nuestra Universidad, sino también de nuestra ciudad. Una cuestión como cualquier otra, si se propone en serio y se intenta, se consigue, como todo en la vida. Hagámoslo real.

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