Jueves, 16 de agosto de 2018

Los pasteles de don Lisardo

(...) -fue el principal criador de porcino de su época- para triunfar, ya en la última parte de su existencia, en el enrevesado mundo del bravo
Tendrían que pasar casi cuarenta años para que otro ganadero salmantino se alzara con los prestigiosos premios de la Maestranza

El glorioso pasado ganadero de don Lisardo Sánchez ha quedado escrito en una destacada página entre los hombres del campo bravo español. Dueño de una vida de novela, del prototipo de hombres hechos a sí mismo, capaz de poner colofón a un imperio agrícola y ganadero, que sumaba veinte mil hectáreas en Extremadura y creado desde la nada –fue el principal criador de porcino de su época- para triunfar, ya en la última parte de su existencia, en el enrevesado mundo del bravo. Y digo la última parte porque comenzó a ser ganadero de bravo a las edad de ¡68 años!, tras una histórica compra de vacas madres a Atanasio Fernández, el viejo zorro de Campo Cerrado. Dicen que aquel trato merece por sí solo un capítulo aparte en la gloriosa página ganadera charra.

La sangre ‘atanasia’, refrescada después con ‘murubeña’ adquirida a Fermín Bohórquez, fue el secreto para poner en marcha una de las divisas más demandadas de la época y que le hizo disfrutar de tantos momentos felices cuando las figuras pujaban por los ‘lisardos’. Entre ellas Santiago Martín ‘El Viti’, quien protagonizó destacados éxitos de su carrera con las reses que pastaban en la dehesa charra de Esteban Isidro y antes lo hicieron en tierras pacenses de Botoa y Valdeherreros.

A don Lisardo Sánchez los toros le llenaron de vida en sus últimos años, a pesar de adentrarse en un mundo casi desconocido para él y donde la inversión tardaba tanto en amortizarse como, por ejemplo, en el porcino, donde fue el rey de los mercados. Entonces, cada temporada disfrutó de triunfos memorables gracias a esos ‘lisardos’ que protagonizaron una destacada página durante las pasadas décadas de los cincuenta y sesenta, dentro del magnífico juego ofrecido en las principales plazas de España y Francia. De su importancia da fe que, en su debut en la abrileña feria de Sevilla, se trajo los premios concedidos por la Real Maestranza a la mejor corrida y al toro más bravo. Nada menos que en Sevilla, siempre un puerto tan difícil para los intereses ganaderos de Salamanca. Aquel debut, con don Lisardo sumando ya la friolera de ochenta años de edad, se produjo el diecinueve de abril de 1968, con un cartel integrado para El Pireo, Paquirri y Ángel Teruel, junto a otro para el rejoneador Conde San Remy, que iba por delante. Ese día, Sevilla entera se entusiasmó del ganadero charro que triunfaba donde, históricamente, era tan complicado para sus paisanos y a sus vitrinas fueron un montón de galardones. Con la felicidad del momento y acaparando los titulares en la prensa hispalense y nacional, a primera hora de la tarde del día siguiente, regresó con la idea de hacer noche en la preciosa casona solariega de la finca Valdeherreros y a la mañana salir temprano para Esteban Isidro.

  “...con El Viti, Palomo Linares y Ángel Teruel, los ‘lisardos’ protagonizaron otra tarde para el recuerdo”

El camino lo hacía de manera más eufórica de lo habitual y como era dueño de una personalidad imprevisible, mientras atravesaban la villa de Monesterio, el primer pueblo de Extremadura subiendo por la Ruta de la Plata y dejando atrás la llamada Sierra norte sevillana, mandó a su chófer que detuviese su flamante Mercedes 190b justo enfrente de una afamada pastelería que era frecuente parada de quienes viajaban por esa transitada carretera. Don Lisardo, ya tope de movimientos, bajó del coche para acceder al local y comprar unas docenas de pasteles que colocó el chófer cuidadosamente en el maletero. La sorpresa llegó al mediodía siguiente al llegar a Esteban Isidro y empezar a distribuirlos por los morriles donde comían los toros, cuando pensaban que eran para celebrar el éxito con su gente. Sin embargo, en otra ocurrencia de don Lisardo, los compró para ¡agasajar a sus toros! en gratitud al memorable éxito de Sevilla.

Al año siguiente su nombre volvió a estar anunciado en Sevilla, ahora en un cartel de tronío, luciendo sobre los costillares la divisa negra por la reciente muerte de don Lisardo. Esa tarde con El Viti, Palomo Linares y Ángel Teruel, los ‘lisardos’ protagonizaron otra tarde para el recuerdo, ahora con el maestro de Vitigudino, quien ya gozaba de la admiración unánime de Sevilla y esa tarde cortó dos orejas en un íntimo homenaje a ese ganadero que, durante varios años, fue una referencia en su carrera.

Con la muerte de don Lisardo, la ganadería pasó a manos de su nieto, del mismo nombre, un santo varón que se encontró con pájaro y sin jaula; por esa razón después de estar en varios lugares de rentero acabó vendiendo la ganadería a un astuto tratante llamado Benjamín Vicente ‘El Rubio de Golpejas’. Con el nieto vivió el canto del cisne en la feria de Salamanca de 1976, al lograr el prestigioso ‘Toro de Oro’.

Vayan este recuerdo a don Lisardo Sánchez, un charro lígrimo y con una vida de novela que dejó escrita una destacada página entre los hombres del campo bravo español.

PD: Tendrían que pasar casi cuarenta años para que otro ganadero de Salamanca se alzara con los prestigiosos premios de la Real Maestranza. En ese caso fue a manos de Moisés Fraile y su ganadería del Pilar; dándose el caso que Moisés ha sido otro guardián de la sangre ‘lisarda’ en otra de sus ganaderías.