Relaciones cercanas y significativas

Relacionarse con otros es en parte fácil y en parte difícil.

Es fácil porque todos compartimos una misma humanidad, tenemos un corazón y una mente desde los cuales estamos abiertos a cientos de temas de interés y a afectos que nos unen.

Es difícil porque no todos conocemos bien qué piensa el otro, cuáles son sus intereses, qué temores le afligen, cómo ve a los demás.

Construir relaciones humanas cercanas y significativas exige tener una actitud interior de simpatía hacia el otro, con la cual es posible descubrir temas de interés común y encontrar maneras concretas para construir puentes estables y provechosos.

En primer lugar, hace falta abrirse a la simpatía. Ello significa reconocer no sólo que el otro es un ser humano digno de respeto (algo esencial para convivir con un mínimo de civismo), sino que es, además, alguien valioso para mí.

La sociedad moderna ha apostado por lo «exterior». Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando qué es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta hoy una dimensión esencial: la interioridad.

Es triste observar que tampoco en las comunidades cristianas sabemos cuidar y promover la vida interior. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir la fe desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos olvidando nuestra alma: escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios mientras nuestro corazón está ausente.

Mi experiencia en Caritas es esta, un camino para ir pasando de grupo a comunidad, a mí me implica estar abierta, escuchar, acoger lo que cada persona dice, y así entre tod@s llegar a ser uno como nos dice Jesús, ser uno en la diversidad, construyendo juntos lo común, haciendo comunidad.

 

Alicia Huerta V.D.