Domingo, 29 de marzo de 2020

Enriquecer a los ricos, empobrecer a los pobres

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El informe de Oxfam Premiar el trabajo, no la riqueza revela un paisaje gélido y oscuro: el de la desigualdad del mundo en el que vivimos.

El pasado 2017 fue el año en el que se vivió el mayor aumento de la riqueza de los más ricos hasta alcanzar un hito histórico: hoy hay 2.043 personas que tienen más de mil millones de dólares. Quizá sea sorprendente (o quizá no) que el 90% de estos milmillonarios sean hombres.

El 82% del crecimiento de la riqueza global del año que acabamos de terminar fue a parar al 1% de la población más rica del mundo. Se comprende ahora que sean posibles hechos tan absurdos como que 42 personas reúnan la misma cuantía económica que nada menos que 3.700 millones de personas o que un director general de una de las mayores empresas del sector textil gane el mismo salario en cuatro días que una de sus trabajadoras en Bangladesh durante toda su vida. Quizá sea sorprendente (o quizá no) que el 73,9 % de los trabajadores peor pagados del mundo sean mujeres y que solo un 34,5% de los trabajadores mejor pagados sean mujeres. 

¿Y qué sucederá en el futuro? La investigación realizada por Oxfam manifiesta que la desigualdad crecerá considerablemente: en los próximos 20 años los descendientes de las 500 personas más adineradas recibirán más de 2.400 millones de dólares. ¿Y cuánto son 2.400 millones de dólares? Una cantidad superior, por ejemplo, al PIB de India.

¿Y España? En el año 2016 batimos el récord de pobreza, con más de 10,2 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza. Una noticia que parece haber sido olvidada en algún lugar, lejos de aquel del que se extraen las noticias publicadas en bucle hasta el adormecimiento. En España el 10% de las personas más privilegiadas posee el 53% de la riqueza del país. Más de la mitad, sí. Y el 1% más privilegiado de los privilegiados disfruta nada menos que del 25,1% de la riqueza. Esta realidad nos convierte en el tercer país más desigual de la Unión Europea, solo por detrás de Rumanía y Bulgaria, en empate con Lituania, y en el tercer país con un porcentaje mayor de pobres de la Unión Europea, por detrás, de nuevo, de Rumanía y Bulgaria. En cuanto a la desigualdad entre hombres y mujeres, también queda un largo camino por recorrer, ya que, según Eurostat, el sueldo de las trabajadoras españolas es un 85,1% del de sus compañeros de trabajo, una cuestión que para nuestro presidente no parece ser relevante, ya que, ante el comentario que le hizo al respecto ayer mismo un periodista de Onda Cero, Rajoy contestó : “No nos metamos en eso”. 

Tal vez esta revelación invite (tan moderada, tenue e intelectualmente como cada uno desee) a la rebelión. Tal vez la pirámide se deconstruya por su propia asimetría, por una cuestión de gravedad. O tal vez no, tal vez la brecha siga creciendo y expandiéndose como un mal tumor hasta que olvidemos qué era lo que unía, a qué mismo ente pertenecían esos dos fragmentos de piel definitivamente disímiles e irreconciliables. O tal vez (después de este mareo de cifras no podemos no imaginar, al menos, una posibilidad optimista) empecemos a dejar de aspirar a ascender en la pirámide para aspirar a transformar la pirámide. Tal vez decidamos “sí meternos en eso”, porque sí merece nuestra atención, porque nos incumbe.