Lunes, 15 de octubre de 2018

Ser fuente de bendición

SOMOS BENDECIDOS

 

         En cierta ocasión un prisionero nazi escribía a su casa lleno de gozo porque había sido trasladado de una celda con las cuatro paredes desnudas a otra en la que había un orificio por el que podía contemplar un retazo del firmamento azul por la mañana y algunas estrellas por la noche. Para él esto constituía un inmenso tesoro.

            Y montones de tesoros, bendiciones, tenemos si ponemos nuestra mirada en todo lo que nos ha regalado el Señor. En cada amanecer y en cada anochecer podemos mirar hacia el cielo y contar todas las bendiciones que se han recibido. Toda la vida es una bendición de Dios y lo es la libertad, la salud, el trabajo, un pan para poder compartir con la familia y los otros, el poder reunirse con la familia de creyentes, el poder tener una sonrisa a flor de piel, el poder abrazar a los seres queridos.

            “El Señor habló a Moisés:

Di a Arón y a sus hijos:

Esta es la fórmula con que bendecirán a los israelitas:

El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz” (Nm 6,22-27).

Dios promete a Abram, que estará siempre de su parte y que lo hará llegar a ser punto de referencia para toda la humanidad: “Te bendeciré y haré famoso tu nombre, que será una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. Por ti serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Gn 12,3).

Yabés fue más ilustre que sus hermanos, y su madre le dio el nombre de Yabés diciendo: “Di a luz con dolor”. Yavés  invocó al Señor de Israel, exclamando: “Si de verdad me bendices, ensancharás mis términos, tu mano estará conmigo y alejarás el mal para que no padezca aflicción”. Y otorgóle Dios su petición ( 1Cro 4,9-11). Dios tiene bendiciones abundantes para sus hijos. Basta abrirse a ellas y no oponerse a los deseos del Padre.

La mano del Señor estuvo con Josué  (Jos 4,24), Isaías, (Is 59,1) y la Iglesia Primitiva, (Hch 11,21). Jesús también nos prometió su presencia “Estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).

Cada pueblo tiene su bendición. Estas son unas bendiciones irlandesas: 

Que el camino salga a tu encuentro.

Que el viento siempre esté detrás de ti, y la lluvia caiga suave sobre tus campos.

Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga con la palma de su mano.

Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que nunca quieras vivir tanto como vives…

Que el día más triste de tu futuro, no sea peor que el día más feliz de tu pasado.

Que nunca se te venga el techo encima, y que los amigos reunidos debajo de él, nunca se vayan.

Que siempre tengas palabras cálidas en un frío anochecer, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta…

Que siempre tengas muros contra el viento, y un techo para la lluvia, y bebidas junto a la fogata, risas para consolarte, y aquellos a quienes amas estén siempre cerca de ti, y todo lo que tu corazón desee.

Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos.

Que no conozcas nada más que la felicidad, desde este día en adelante.

Que Dios te conceda muchos años de vida, pues de seguro  Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles.

Que el Señor te bendiga en este día y siempre, y que tú, y todos nosotros seamos fuente de bendición.