El otoño de la vida

No reconozcas en el anciano fruto alguno de decadencia. Busca en él los caminos de la sabiduría. Pues, las arrugas que observas, son precio de las refriegas y de batallas ganadas. Los rigores del tiempo, los fracasos del amor, y las huellas del duro trabajo, figuran acuñados sobre esa piel deslustrada que viste sus huesos doloridos. Gana su confianza y muéstrale, sin ambages, el patrimonio de tus inquietudes. Quizá te sorprenda, cuando señale los caminos por donde tienes que pasar.