Sábado, 17 de agosto de 2019

Barioná, una Navidad para la esperanza

…”la superficialidad sola no constituye ninguna liberación…Lo importante es aprender a esperar”

E. Bloch

«Mirad, yo os traigo aliento de vida, para que viváis»

Ezequiel 37,5

La esperanza cristiana no es un «no» de mera resistencia en medio de la resignación generalizada de los «esclavos satisfechos». Es un «no» constructivo que niega el presente para construir una realidad mejor.

J.A. Pagola

Nos remontamos en la historia al campo de concentración alemán Stalag 12D cercano a Tréveris, estamos en la Navidad de 1940 y un grupo de prisioneros representan una obra de teatro: “Barioná, el Hijo del Trueno”. Un grito de esperanza en una Palestina sometida por Roma, en la se desvela de forma oculta y dramática el misterio de la fe. La obra la escribió uno de los pensadores ateos más populares del siglo XX,  el autor del Ser y la nada, J. P. Sartre (1905-1980). El filósofo será más conocido por ser el portavoz del existencialismo anticristiano en medio de un vacío espiritual y por su adscripción a las posturas políticas revolucionarias que por sus grandes obras. Sus ideas y aportaciones fenomenológicas y políticas, con gran brillantez imaginativa, fueron rechazadas por muchos pensadores de su tiempo.

Sartre será movilizado en la Segunda Guerra Mundial, caerá prisionero el 21 de junio de 1940 y liberado en 1941.  En el campo de concentración escribirá, en atención a un compañero católico, esta especie de “auto sacramental” sobre el misterio de la Navidad, que estrenará ante 2000 prisioneros, anunciando un mensaje de alegría y esperanza. Durante años la obra permaneció oculta y solo se realizaron dos ediciones de muy corta tirada, con una nota aclaratoria del propio Sartre: El hecho de que haya tomado el tema de la mitología del cristianismo no significa que la dirección de mi pensamiento haya cambiado ni siquiera por un momento durante el cautiverio. Era un ateo convencido, en su pensamiento, la existencia precede a toda esencia, primero la existencia y luego viene la definición, por lo tanto no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla. Quería rechazar de su vida todo tipo de dependencias y establecer en su pensamiento y en su vida, una especie de libertad como autonomía absoluta, negando la naturaleza, al otro y a Dios.

El gran filósofo y matemático cristiano, Blas Pascal, después de su conversión, llevaba cosidas unas palabras en el forro de su capa: "¡Alegría, alegría, lágrimas de alegría!". Sartre, mofándose y parodiando a Pascal comentó en una de sus obras "¡Alegría, alegría, lágrimas de alegría!" "¡Dios no existe, aleluya!". Desde su pensamiento, hombre está condenado a ser libre, arrojado en el mundo es responsable de sus actos y tiene que reinventarse cada día. Esta idea de libertad aparece en muchas de sus obras, una libertad que es expresada en la obra Barioná, como un desafió existencial: Soy libre, y contra un hombre libre, ni el mismo Dios puede nada... contra esta columna inflexible: la libertad del hombre... Soy libre, tengo mi destino en mis manos.

Posiblemente en ese gesto desafiante y de orgullo, ocultara un hondo vacío existencial que pudo apoderarse de su alma, esa nada que nunca le dejó del todo libre. Puede que fuera un grito desesperado, que como el de otros grandes pensadores contemporáneos, querían arrancar la máscara de una caricatura de Dios fabricada por los hombres, que es como una existencia superflua, propia de la Náusea y no el verdadero Dios. Comenta el propio Sartre, que su verdadera religión es la escritura, que la utiliza para apagar la vocación religiosa heredada de un abuelo protestante y una madre católica, poniendo voz a sus palabras: me hice cátaro, confundí la literatura con la oración, hice de ella un sacrificio humano.

En uno de sus escritos comentó que se unió a los sacerdotes prisioneros del campo para luchar contra el nazismo y, el tema de la navidad fue un buen motivo con la esperanza de conseguir una amplia unión entre creyentes y no creyentes. Se deslizan en la obra, situaciones vividas entre los prisioneros, como un guiño cómplice evocando los problemas comunes en el campo de concentración. El narrador, un hombre ciego, narra la historia acompañado de un acordeón, surgiendo de la oscuridad cuatro grandes personajes primarios: Lelius, Barioná, Sara y rey mago Baltasar. Todos ellos con una actitud ante la realidad de la navidad; Leius, procurador romano, incapaz de reaccionar; Barioná, jefe zelote del pueblo, agita su pasión a favor de la libertad, incluso contra el mismo Dios; Sara, representa la fe popular y sencilla, llena de humildad y confiada; y Baltasar, personaje que representó el propio Sartre esa NocheBuena, representa al hombre creyente dotado, habitado por el misterio y con el don de la profecía. En la obra, solo se aprecia la influencia de las lecturas de Bernanos, aunque contara con el consejo de los sacerdotes, encontramos también que el corazón del filósofo está atravesado por esa realidad misteriosa y escondida, algo dramática que llamamos fe. El teólogo francés René Laurentin reconociendo la calidad y la belleza de esta preciosa obra declara, que “Sartre, ateo deliberado, me ha hecho ver mejor que nadie, si exceptuamos los evangelios, el misterio de la Navidad”.

El hilo conductor que atraviesa este misterio de Navidad en la obra, es el uso de la libertad para la tiranía y poder asumir el dolor irracional y convertirlo en esperanza. Alejado del nihilismo de la Náusea, Sartre que prohíbe toda esperanza, entendida como fuga ante la dureza de la existencia, que hace decir a Barioná que no puede esperar el Mesías y que “la dignidad del hombre está en su desesperación”. En palabras de Baltasar, propone una esperanza creadora, renaciendo como un renuevo desde el dolor de la historia. Con ella, se va a producir la conversión de Barioná, del pesimismo existencial al optimismo esperanzado, pensando que en el fondo de toda preferencia, aunque solo sea racional, siempre late la esperanza. La acción, al ser al mismo tiempo esperanza, no puede estar abocada desde el principio al fracaso, absoluto y seguro: “Es cierto que somos muy viejos y muy sabios y conocemos todo el mal de la tierra. Por consiguiente, cuando vimos esta estrella en el cielo, nuestros corazones sintieron el mismo gozo de los niños y nos hicimos niños y nos pusimos en camino, pues queríamos cumplir nuestro deber de hombres que tienen esperanza. Quien pierde la esperanza, Bariona, será expulsado de su poblado. […] Pero a quien la tiene todo le sonríe y el mundo se le da como un regalo”.