Los sábados al sol

(Donde estés, Pedro, descansa en el mejor colchón del catálogo de Magíster)

Cuatro palabras, sólo cuatro, para alimentar una pesadumbre. Para no creer que es memoria ya.

 Pedro era buen comercial  y uno de esos tipos que te da buena honda cuando lo conoces.  Y a Pedro hace más de veinte años que lo conozco. Magíster, una buena marca de colchones, era la niña de sus ojos. Y yo, que siempre he trabajado, en una fábrica de sueños fui, y soy, cómplice de su marca. Pero Pedro era más cosas, el trato, la cercanía, las ideas, su especial forma de hablar ametrallante. Los buenos tiempos comerciales, anteriores a la crisis del 07, habían pasado ya y todos, vendedores y fabricantes, nos adaptamos al nuevo escenario como buenamente podemos. Y Pedro no perdió el contacto conmigo. Y cada sábado, aprovechaba que venía de Madrid al pueblo, donde tenía una casa molona, para visitarme. Y ahora en Navidad, para traerme el calendario de mesa, quieto ahí, encima de la estantería durante todo el año, como una cadredralita de papel absolutamente necesaria y ajena al tiempo.

 Un día, no hace mucho, llegó en sábado, como siempre, y me dijo como si nada, entreparántesis de una nadería: “tengo cáncer Toño”. Y yo: “….bueno Pedro, de estas cosas se sale hoy...”. La operación estaba a la vuelta de la esquina y mi hermano llamó hace veinte días para ver como había salido. “Le enterramos ayer”, le dijo su hijo”.

 Hoy es sábado y lo estoy viendo abriendo la puerta de la tienda mirando para todos lados espetándome: ¡No veo Magíster por ningún lado, Toño”. Con ese corpachón balanceado levemente, la chupa de cuero de tres cuartos, la agenda llena de papelines, su caligrafía alborotada y medicosa. Parece que le estoy viendo tocando y apretando un colchón y protestando “¡ éste no tiene material”!

 Y le veo irse protestando: “mira que estas difícil hoy eh!. Me voy a ver a tu hermano. El mes que viene vuelvo y me tienes que pedir algo eh, mírate el catálogo.”

 Hoy es sábado y, dentro de esa raquítica parcela de una relación comercial, cuando son tantos y tantos años, parece que conoces más a las personas, o nos dejamos  conocer más. Y pasarán muchos sábados  hasta que me olvide (porque la memoria es cruel) de Pedro, un buen tío que no volverá a traerme orgulloso el nuevo catálogo de Magíster. Y el sábado se me hará más triste.