Miércoles, 26 de febrero de 2020

La civilización de los dedos

    No sé si es muy acertado llamar "digital" a nuestra actual civilización de eficaces sistemas de señales y cachivaches inalámbricos. Porque de carácter digital, o sea, basadas en los dedos, son las culturas tradicionales en las que nos hemos desenvuelto y seguimos inmersos desde hace mucho tiempo.  Por ejemplo, las cuentas (tanto las de andar por casa como de la macroeconomía) se basan en el sistema decimal, y éste a su vez en el hecho de que al ser humano le ha resultado la forma más fácil de contar el recurrir a los dedos (los dígitos) de las manos. En la política la omnipresencia digital se da en los numerosos cargos políticos nombrados a dedo. Lo digital está presente en la delincuencia, perpetrada mayoritariamente con el dedo en el gatillo, y también en la persecución de la delincuencia, que se hizo eficaz gracias a las huellas digitales o dactilares. Poner el dedo en la llaga es llegar al meollo de un problema grave. Cuando el sabio señala las estrellas, el tonto mira el dedo. Hasta para los diagnósticos mentales la sabiduría popular ha recurrido a un dedo (el índice girando junto a la sien), y a dos para decir que la sensatez se demuestra con un mínimo de dos dedos de frente. A los distintos estadios de la civilización se han aplicado apelativos, oficiales u oficiosos, como Homo sapiens (Humano que conoce), Homo faber (que fabrica) y Homo legens (que lee). Propongo que nuestra Era sea denominada del Homo tangens (que toca). No me diga que no es esta de tocar la acción más frecuente que realizamos desde que desconectamos el despertador hasta que apagamos por la noche la luz del dormitorio, después de haber pasado el día pulsando botones para abrir y cerrar, trasladar, entrar y salir, cargar y descargar, escribir, activar y desactivar, fabricar, comunicar por teléfono y conectar con inernet.