Lunes, 20 de agosto de 2018

Referirse a los buenos y los malos...

Es comprensible que la rapidez o la vehemencia que pueden aparecer en un debate radiofónico o televisivo, o el deseo de elaborar un texto que evite repeticiones, lleve a utilizar palabras del español que se toman vulgarmente por sinónimos aunque no significan exactamente lo mismo y, algunas, hasta lo contrario. Cualquiera que se dedique a la escritura se habrá encontrado con ese problema, sabido por unos pocos, más si se trata de un texto científico como una tesis doctoral en que las palabras tienen hasta vigencias históricas que no llegan a los meses. Se empieza por simplificar y se acaban aceptando palabras que no son. Más si se difunden en los medios de comunicación.

En estos días en los que se está hablando y escribiendo tanto sobre el secesionismo o el nacionalismo catalán, los separatistas de tal sitio, prorrusos, ucranianos o ucranios, kurdos, totalitaristas ahora de izquierdas o de derechas o liberales, de ultraderecha o de extrema izquierda, incluso franquistas para tildar al enemigo; también oímos a éste y al otro tildarlos de imputados, testigos, confesos, presuntos pero detenidos, incluso chorizos, etc. Cantidad de palabras que nos llevan a equívocos, a sentirnos como ratón en corral de gallinas, pero que se aceptan. Desde luego llaman la atención las palabras que han venido utilizándose con diferentes denominaciones para referirse a los “secuestradores de la democracia”, a las que hay que añadir las que usan los secuestradores para referirse a los que defienden la constitución y el estado de derecho. Así se tildan y se erigen ellos mismos de “demócratas” o defensores de la libertad, y de las instituciones del propio estado del que quieren secesionarse, todo ello con fluidez, como si fueran sinónimos. También lo que llama la atención es que la mayoría de los españoles parece que no saben lo que significa golpista, sublevado, secesionista, incluso demócrata, etc, y mejor no preguntar en la calle. Aunque todos sabemos lo que significa “granuja” o “chorizo” y también “embaucador”; y cuando sentimos que nos están tomando el pelo a todos, sabiendo que la factura al final la pagaremos los de siempre.

Ayuda a estas reflexiones referirse a los “buenos” y a los “malos”; es decir, a los que actúan en este lado de la ley y a los que actúan en el otro. Menos mal que Ley sólo hay una “La Constitución”, y soberanía nacional también. Aunque algunos quieran tener la suya. Quien secuestra es un delincuente, luego, siguiendo lo fijado por la Real Academia Española, valdría decir “secuestrador” (quien secuestra) o exactamente “pirata” (persona que, junto con otras de igual condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar). Y, deslizándonos a palabras menos usuales, “bandido” (persona perversa, engañadora, estafadora), “facineroso” (delincuente habitual) o “rufián” (hombre sin honor, perverso, despreciable), ejemplos de plena actualidad. En fin, hay varias o infinitas posibilidades. Todos ellos sin duda se podrían usar para tildar a los secesionismos o nacionalismos de taifas que secuestran la democracia de nuestro país,  y a los corruptos que se la trae al pairo, ante la inoperancia de muchos de los que nos han gobernado, y nos gobiernan o administran, y de las instituciones que deberían de habernos defendido; además de la falta de rigor, y de los silencios, o no, de los medios de comunicación, que comunican según les va, y según les pagan; y montan programas con tertulianos impresentables que persiguen tal o cual fin, tal o cual tendencia de opinión sin rigor, pero con la credibilidad que dan los que vocean más alto y capacidad de repetición de tal o cual medio visual, ante la falta de lectura y reflexión de la mayoría de la masa de la sociedad. Por ello, hay que volver al diccionario y contrastar que los piratas son piratas (definición exacta para quienes secuestran en el mar) y no corsarios, aunque al final puede que tengamos que aplicárselo a todos, por acción y omisión, en este solar expoliado de nuestro país. Esperemos poder darle a cada cual lo suyo, porque si no podremos acabar desorientados o atontolinados como aquel que de tanto querer independizarse, acabó independizándose de sí mismo, es decir suicidándose...