Domingo, 19 de agosto de 2018

¿Cuándo debatimos sobre los efectos de las Ferias?

Un año más las Ferias y Fiestas salmantinas son cosa del pasado, aunque no tanto como el rancio, hipócrita e impropio discurso del Presidente de la Diputación (¿o es un cargo asimilado al PP que desconocíamos?), y se debe hacer balance. Que resulta difícil contentar a todo el mundo con la programación creo lo tenemos claro, y no entro en ello. Pero desde hace algunos años siempre quedan al menos dos cosas para el debate ciudadano, teniendo en cuenta lo poco que suele practicarlo realmente la sociedad salmantina, la Feria de Día y los conciertos en la Plaza.

Doy por supuesto que se preparan planes de emergencia para las actividades que se desarrollan, como el recinto Ferial, la concentración masiva de ciudadanos o el corte de calles (y abarrotamiento de algunas de ellas), aunque sean secretos y no quieran contar con la colaboración de los ciudadanos en caso de algún problema, dado que no se dan a conocer. Vamos, como lo de las terrazas de la Rúa, que seguimos sin saber qué opinan los expertos dado que parece ser secreto de estado.

Sigo pensado que una ciudad abarrotada de bares no necesita más para dar apariencia de fiesta, y en caso de insistir en ello parecería mejor crear un reciento específico. Pero al menos exijo limpieza, cuidado con el mobiliario urbano y, sobre todo, respeto a nuestro entorno patrimonial. En la polémica de San Pablo lo positivo que veo es que, a pesar de las protestas de los de siempre, no se ha creado mayor caos de vehículos que el habitual de un día normal de invierno, salvo fastidiar al transporte público, claro. Peatonalizar la calle no parece una quimera, como ya demostró Azafranal u Obispo Jarrín. Aparte que, supongo, no es el gremio de Hostelería quien autoriza instalar las casetas en la vía pública, juraría que es competencia municipal. Lo digo porque la reacción del PP gobernante a las críticas parecen indicar que depende de algún limbo jurídico, dado que no he encontrado en la Constitución, esa tan “leída” ahora, referencia a competencias de gobierno para ninguna asociación profesional.

Lo que cada vez me preocupa más es la Plaza Mayor. Es evidente que el avance de la ciencia, y el consiguiente cambio de sensibilidades, descubren problemas que antes no se consideraban. Parece claro que las vibraciones como consecuencia de miles de vatios de sonido tienen algún efecto sobre las edificaciones, aparte de los seres humanos y animales. Y todo indica que esto no lo tuvieron en cuenta los diseñadores de la Plaza, más que nada por las fechas de construcción. Lo que resulta preocupante es que se tenga esa sospecha y no se investigue para despejarla.

Dado la eficacia de nuestros gobernantes, sólo las administraciones, la Universidad entre ellas, y el turismo son nuestros sectores económicos básicos. Actuar sobre el patrimonio monumental sin conocer las consecuencias de lo que hacemos, no parece muy inteligente incluso para nuestro bolsillo. Realizar cuanto antes un estudio de los efectos del sonido sobre la Plaza Mayor parece urgente para despejar las dudas. Aparte de ello un servidor apuesta por buscar un mejor emplazamiento para los conciertos que necesitan mucha potencia de sonido, y dejar a la Plaza con una programación más mesurada. En su momento se propuso lo que hoy es nuevo “solárium” municipal con césped y tierra en la curva ente el Puente de Rodríguez Fabrés y el Paseo del Progreso, que parecía un buen sitio diseñado adecuadamente, pero me da igual el lugar, necesitamos un auditórium abierto.