Martes, 16 de octubre de 2018

El pancito de crema pastelera

Creo que la felicidad es estar siempre buscando las simples cosas… para disfrutarlas.

Por mi parte, me voy de vacaciones… Nos leemos al regreso.

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”, dice un verso de “Las simples cosas”, canción que cantaron Mercedes Sosa o Chavela Vargas…

Eso son los recuerdos, los sabores de infancia… Y uno vuelve, a veces, encontrando lo viejo en lo nuevo, construyendo recuerdos. Si hace un par de semanas la despedida de Hydria me llenaba, nos llenaba, de la melancolía propia de ver que “el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos”, la juventud también permanece en construir nuevos recuerdos, en volver yendo hacia adelante.

Uno de mis sabores de infancia no es uno sino muchos que se resumen en un concepto: las pastelerías –aquí nuestros pasteles son pan dulce y las pastelerías, panaderías, y hacen pan “de los dos”­–; recuerdo una pastelería chiquita en Azafranal que vendía las mejores agujas –esas empanadas de carne como alargadas­– que he comido en mi vida; recuerdo que mi madre me las compraba volviendo de parvulitos, en el preescolar, que entonces se llamaba guardería, de la Cruz Roja, en la Torre del Clavero; voy a cumplir 49 así que echen cuentas. Otras empanadas, las de Kelly, creo que se llamaba, frente a correos. Y por supuesto, las raquetas de La Industrial, las de Las Torres. Cuando regreso a Salamanca, el farinato, la morcilla de piñones y una raqueta en Las Torres son obligatorias; si no, no voy, siempre amenazo.

El pan dulce en México es riquísimo, no vayan a pensar que echo de menos… Es riquísimo, además, en términos filológicos, por la gracia y la variedad de los nombres; disfruten esta canción de Chava Flores: https://www.youtube.com/watch?v=L4yRPRD79fQ, creo que es muy ilustrativa.

El problema no es el pan, sino que los ochos y algunos similares son muy ricos… pero no eran la raqueta de mis recuerdos…

Hasta que llegué a “mi” restaurante; desayuno casi todos los días en un lugar que, casualmente, a la hora que llego saca el pan dulce; y así, calentito, me sirven mi “pancito de crema pastelera” al que, curiosamente, mucha gente llama así; si les traen otros, piden: “mejor tráeme uno de esos pancitos de crema pastelera”.

Ese viejo nuevo sitio que descubrí en el último año, aunque no lo crean, se llama Felicidad: http://felicidadrestocafe.com/

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