Miércoles, 13 de noviembre de 2019

Derechos Humanos de las mujeres, ¿se pude hablar de igualdad?

Dentro del informe publicado anualmente por Amnistía Internacional, nos encontramos con información específica referente a la situación de los derechos humanos de las mujeres en el mundo.

Autora: Sara Pérez López, activista por los Derechos Humanos

A grandes rasgos, cabe destacar la generalización de la violencia de género y la limitación de acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva, lo que implica el menoscabo de los derechos sexuales y reproductivos.

     La violencia de género se manifiesta de diferentes formas, dependiendo del contexto en el que nos situemos. En las zonas donde existen (y persisten) conflictos armados sobresale la violencia sexual llevada a cabo contra mujeres y niñas.

    La crudeza de este tipo de violencia destaca cuando hablamos de países como Nigeria, Camerún, Siria, Libia e Irak, donde se asientan los grupos terroristas Boko Haram y Estado Islámico, en los que las mujeres de los territorios ocupados pasan a convertirse en esclavas sexuales de los “combatientes”. Aunque esto no se queda aquí, estos grupos llevan a cabo conversiones forzosas y, en ocasiones, también pasan a convertir a sus rehenes en mercancía con la que negociar para lograr la financiación que necesitan.

    La situación de estos países genera la necesidad de huir para seguir con vida, pero a veces esta opción tampoco es mejor, no hay más que ver el recibimiento que Europa da a los refugiados. Las condiciones de vida de las personas desplazas es pésima, pero empeora aún más cuando se es mujer, ya que esto implica mayor riesgo de ser víctima de trata o de violencia sexual.

    Otra forma de violencia de género que persiste, pese a las recomendaciones e intentos de la ONU por erradicar la misma, es la mutilación genital femenina, práctica habitual en áreas de Oriente Medio y África. Hay países que siguen negándose a luchar contra esta “costumbre”, sin embargo, otros toman conciencia y siguen intentando eliminarla, como Egipto, que este último año aumentó la pena para los autores de esta práctica.

    En cuanto a los derechos de las niñas, sigue alarmando la gran cantidad de matrimonios forzados y de conveniencia que se llevan a cabo en países asiáticos y africanos. Si esta práctica ya arrebata la infancia, imaginémonos lo que supone el matrimonio forzado cuando quien se casa contigo te ha violado y, contraer matrimonio, es una manera de redimir a pena. Con respecto a este hábito tan brutal, se vislumbra cierta esperanza en Jordania, donde se ha reformado el código penal para evitar que el matrimonio eluda de la responsabilidad penal, aunque solo cuando la víctima sea mayor de 18 años.

  En América Latina, debe resaltarse la grave situación de los derechos sexuales y reproductivos. Estos derechos se vulneran en todas las partes del mundo, pero destaca la situación de esta zona porque pese la gran cantidad de embarazos adolescentes que se producen y la alta tasa de mortalidad materna y neonatal, la legislación en cuanto al aborto es de las más duras del mundo, estando totalmente prohibido y pudiendo suponer la cárcel cuando existan sospechas. Esta regulación supone, en muchas ocasiones, el encarcelamiento de mujeres inocentes que sufren abortos espontáneos.

    Oriente Medio siempre ha sido uno de los lugares donde es más difícil ser mujer, ya que se les sigue negando la igualdad con los hombres en todos los ámbitos. Siguen vigentes normas como la “tutela masculina” de Arabia Saudí, que limita las libertades de las mujeres, ya que impide que puedan salir de casa o tomar cualquier tipo de decisión si no cuenta con el respaldo del marido o en su defecto un varón de la familia. Esta situación que impide a las mujeres desarrollarse libremente como personas, ha sido denunciada por activistas por los derechos humanos (a la condición de activista hay que sumar la de mujer), que llevaron a cabo campañas a través de Twitter, exigiendo que deje de tratarse a la mujer como un sujeto incapaz. Evidentemente estos actos supusieron detenciones.

   La situación de la mujer en Irán es digna de mención. Las autoridades a través de la “policía de la moralidad” hacen cumplir con el uso obligatorio del velo islámico, vulnerando así la libertad de culto. Incluso, para hacer cumplir en mayor medida el papel que tradicionalmente “le corresponde” a la mujer, se ha planteado un anteproyecto de ley que refuerce su papel como ama de casa y madre.

    Pero también en Europa, donde consideramos que esto solo ocurre en lugares remotos y poco evolucionados, se están dando casos similares. Muchos países han comenzado a prohibir el uso del velo islámico en lugares públicos, y otros, están estudiando la misma posibilidad. Esto supone que los abanderados de los Derechos Humanos están olvidándose y pisoteando la libertad religiosa y de culto y a la población le da igual (o incluso aplaude estas iniciativas), porque afecta a “aquellos de quienes nos tenemos que proteger”.

    Dentro de la UE, destaca por su gravedad el retroceso de Polonia, que ha comunicado su intención de retirarse del Convenio de Estambul (convenio contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica) e intentó volver a penalizar totalmente el aborto, algo que no consiguió gracias a la fuerte movilización social que provocó el anuncio de esta reforma legislativa.

    El Informe Anual no hace más que poner de manifiesto que queda mucho por hacer para que ser mujer deje de ser un factor de riesgo, algo que no solo nos toca a nosotras, sino a toda la sociedad.