El lejano oriente

El realismo mágico fue una etiqueta publicitaria que disparó las ventas de algunos autores latinoamericanos a finales de la década de 1960 y durante unos lustros después. Su imaginario, no obstante, ha perdurado impregnando el habla común. Es un recurso dialéctico que se usa con frecuencia. Arropa actitudes de personajes erráticos, definidos por su quehacer que se sale de lo corriente, poseedores de fuerzas ocultas que van contra el orden natural de las cosas, y cuyo comportamiento es estrafalario. La naturaleza, por otra parte, invade el entorno con desmedida energía, impone su imperio con lluvias interminables en las que caen ranas, con sequías abrasadoras que llenan de llamas el desierto, y una lujuriosa vegetación que inhibe cualquier tentación al ensimismamiento.

Pareciera una historia de realismo mágico la de una niña de nueve años cuyo padre encabezó un golpe de Estado exitoso inaugurador de una larga y severa dictadura, que se convirtió en primera dama tras el asesinato de su madre cuando tenía 22, y que contempló el féretro de su padre, asesinado por el jefe del servicio secreto, al cumplir 29. Entremedias, su vida transcurría con estudios en su país, inserto en una profunda y acelerado modernización, y en Francia, cobijada afectivamente por un amigo paterno que dirigía la secta de la Iglesia de la Verdad eterna quien le aseguraba que podría ponerla en contacto en el más allá con su madre. Célibe y con su nación como único compromiso, Park Geun-hye entró en política manteniendo siempre altas cotas de popularidad, siendo varias veces diputada conservadora y, finalmente, presidenta hasta que un juicio político amenaza cerrar su carrera.

Los países son diferentes, pero hay algunos más iguales a otros, aunque medio hemisferio les separe. No se trata del realismo mágico, aunque quizá sí de la naturaleza humana. Tampoco tiene que ver el puesto en el que Corea del Sur se sitúa en el baremo PISA, ahora que está de moda, o en los índices de desarrollo económico o de desarrollo humano. Incluso no lo explica la sempiterna hostilidad con el hermano del norte, ni siquiera la recurrente corrupción de los políticos. Sucede que el partido gubernamental perdió los comicios legislativos hace ocho meses y que por el obscuro trato de favor dispensado a la hija del mentor de la presidenta su popularidad es muy baja avergonzando a la sociedad coreana que tendrá elecciones presidenciales en un año.