Viernes, 16 de noviembre de 2018

El otoño, la ciudad y sus sensaciones

 

La ciudad y su entorno son  los mejores lugares para conseguir diversidad de contrastes en todos los elementos. Infinidad de sensaciones que sentimos cuando caminamos por ella, inspiración y vida.  El otoño puede verse como una explosión de matices cromáticos, que curiosamente provienen de una menor luz ambiental. Los colores del medio natural impresionan vivamente nuestro arsenal de recuerdos, y direccionan nuestra conducta emocional hacia el medio ambiente.

El otoño, expresa su evolución a través de una transformación cromática inimitable, representa un  tránsito hacia los oscuros grises del invierno. La disminución otoñal de temperatura y luz se convierte, sorprendentemente, en una manifestación sutil e insospechada de nuevos colores, también de impresiones que determinan nuestro comportamiento.

 

El otoño es un sinfín de sensaciones. Calles solitarias bajo la niebla matinal. Heraldo del implacable invierno. Cielos grises. Noches prisioneras de las nubes. Tiempo fronterizo entre dos estaciones. Las hojas caducas que se vuelven tricolores. El suelo pardo, con su manto de hojas. Un cielo atravesado por las aves migratorias que buscan lugares para hibernar.

 

 

Melancolía. Credenciales del Otoño. Verano y otoño frente a frente,  en esas batallas cíclicas de las estaciones. El frío contra el calor. El azul frente a pardo y amarillo, sueños frente a  melancolía, luz tenue,  tardes con pensamientos cosidos al hilo de las trayectorias del agua sobre los cristales. Sentimientos perdidos y encontrados en los parques solitarios. Tiempo de viajes interminables por los pensamientos.



Revoloteo de hojas al correr entre sus montones. Sol y amarillos. Bosquejos de cuadros impresionistas  y las parejas por las calles en una sola figura al andar. Viento juguetón que revuelve los paraguas de la lluvia.

El otoño también es una referencia a la vida que nos vuelve nostálgicos y a la vez melancólicos.  Sensaciones otoñales.