Lunes, 23 de septiembre de 2019

La vida sin dolor

14/octubre/viernes

 

Almuerzo con Javier Aguirre, Javier Montaña, Jesús Alberto y Víctor Peral. Hacía tiempo que no conseguíamos reunirnos. Cuesta trabajo y esfuerzo juntar a más de dos personas, por muy amigos que sean. La vida actual se ha convertido en una agenda cargada de citas, reuniones y eventos sociales. Por mucho que se pretenda, por más interés que se tenga, no siempre es fácil deshacerse de las obligaciones. “Primero la obligación y después la devoción”. Así ha sido siempre y así sigue siendo.

   Mis amigos me acusan de ser el culpable de casi todo. Incluso de la muerte de Manolete. Aseguran que soy el que más cargada tengo la agenda. No es verdad: soy quien más libertad dispone, pero entienden que la mejor defensa es un buen ataque. Les perdono, porque en el fondo me dan pena: son todos tan importantes en su trabajo que el mundo se pararía sin ellos. No es mi caso. Ellos necesitan trabajar porque alguien tiene que pagar las pensiones, cosa que no  entiendo, porque una noticia hoy ocupa buena parte de los medios de comunicación: “en un año se termina la hucha de las pensiones”.

    Los españoles, como mis amigos, venga a trabajar y trabajar y resulta que cada vez hay menos dinero. ¿Quién se lo lleva? En los juicios que estos días se están desarrollando, Trama Gürtel y Tarjetas Black, se puede comprobar que han sido muchos, o son muchos, los ladrones. De esos polvos vienen los lodos de los recortes sociales.

   Mis amigos, en cualquier caso, son laboriosos, entregados a la causa, responsables. Da gusto. Pero en el fondo, creo que sienten envidia de mi libertad, de mi ausencia de responsabilidades, de mi estado feliz. Les digo que para mi la felicidad es la ausencia de dolor, y están de acuerdo. Pero nuestro problema es que cuando no nos duele nada nos olvidamos y buscamos la felicidad es conceptos muy complejos. Siempre recurro a una cita de Einstein: “la felicidad es trabajar en lo que se quiere y estar con la gente que nos gusta”. Están de acuerdo.

    Tal vez por eso nos quitamos la palabra de forma casi compulsiva. Hace mucho que no nos encontramos en torno a una mesa y se nota. Hoy yo tengo el verbo ágil y me lo recriminan. No se aclaran, porque en la última ocasión como hablaba poco me incitaban a hacerlo. Mis amigos es gente muy contradictoria. ¡Qué le vamos a hacer!  

     Pero en el grupo se respira amistad por todos los lados y eso nos hace felices. Una maravilla. Creo que en esta comida si me hubiera dolido una muela se me hubiera pasado. Y más cuando Jesús Alberto nos invitó a todos por haber cumplido años el día antes. En realidad la amistad siempre es gratis.

 

   15/octubre/sábado

 

   Voy a Cañizo. He organizado una comida en la bodega con los amigos. Cita con la alegría al calor de la lumbre de leña de encina del Raso y el manjar de la carne de ternera de Aliste que me regaló mi amigo Amado. De nuevo me siento alegre y feliz. Sobre todo porque al salir de casa con el coche a la primera persona que vi fue a un señor en silla de ruedas. A los cien metros a un padre que ayudaba a su hijo con graves problemas de locomoción, y que ya les he visto en muchas ocasiones. O sea. Mis dos primeras imágenes de personas fueron estos vecinos a los que la vida no se lo ha puesto fácil. Pensé: ¿de qué me puedo quejar yo? De nada. Me reafirmé en mi convicción de ser positivo en la vida, de no dejarme llevar por los problemas, de valorar más el vaso medio lleno y de sonreir, siempre sonreir a todo el mundo. Tal vez la acumulación de años sirva para saber distinguir entre lo importante y lo superfluo. Mis reflexiones se las dije a mi hijo, que me acompañó a la bodega. No dijo nada, porque normalmente los hijos no le dan la razón a los padres, aunque la tengan. Pero sé que siempre se quedan las palabras en la cabeza de los hijos dando vueltas, mellando, entrando poco a poco, hasta que un día se instala para siempre en el cerebro y sirven como bálsamo o como medicina ante las circunstancias complejas.

 

    16/octubre/domingo 

 

   Voy con mi hija al pinar a pasear a Chambo y Rumbo. Día tranquilo, de atmósfera plomiza. Nos divertimos viendo como los perros corren, saltan, ladran y nos dan las gracias por hacerlos felices. Los perros no hablan. Pero hablan. Con otro lenguaje, claro. No saben que son ellos los que contribuyen a alegrarnos la vida.

 

     18/octubre/martes

 

   Voy a Madrid. Al Foro necesito ir con cierta frecuencia. Me gusta, me reencuentro con la gran ciudad, con el ajetreo, con la diversidad, con el mundo complejo. Siempre me admira que funcionen los semáforos, que circulen los coches de un lado para el otro a pesar de los atascos. La gran ciudad es un misterio: al principio parece inhumana, pero cuando te metes en sus profundidades, cuando descubres su intrahistoria, que diría Unamuno, entiendes que las cosas no son como parecen externamente. Madrid es mucho más que los atascos, que la prisa, que la agitación.

    Podría decir que la ciudad sí es para mi, muy contrariamente al argumento de aquella película dirigida en 1966 por Óscar Lazaga que respondió al título de “La ciudad no es para mi”. Un trabajo protagonizado por Paco Martínez Soria y en el que también actúa Alfredo Landa y otras joyas de aquel cine que cada día me gusta más. Es un retrato perfecto de aquella España. Un hombre de pueblo va a la ciudad y descubre que allí no sólo no atan los perros con longaniza, si no que se encuentra  con muchos más problemas de los que se imaginaba.

    Me gusta Madrid. Me entusiasma. Es “un poblachón manchego”  cervantino lleno de arte, encanto, literatura y vida. Punto de encuentro frecuente, a veces también es un lugar de bifurcación de caminos y senderos.

     Cita de turismos varios, de paisajes humanos heterogéneos, de gastronomías y cocinas variopintas, Madrid siempre será ese lugar de abrazos y besos, de idas y venidas, de amigos y compañeros, de barrios y grandes palacios, de edificios blasonados y museos de eterno recuerdo. Madrid vale mucho más que una misa. Centro geográfico y destino para ir y para volver, a Barcelona, a Valladolid, a Murcia, a Sevilla, a Zamora siempre será el centro neurálgico donde se junten los versos de Rubén Darío, la prosa de Francisco Umbral o el teatro de Buero Vallejo. Madrid, Madrid.    

 

19/octubre/miércoles

 

  Otra cita con amigos en torno a una mesa. Nos invita Santiago Nájera, persona luminosa en la razón y entrañable para el cariño. Me gusta relatar estos encuentros porque hay personas que me siguen y les doy envidia. ¿Hay algo más bonito que encontrarse con los amigos y beber un vaso de vino? La vida se reduce a cosas sencillas, cercanas. Un paisaje, una puesta de sol, la lluvia que cae lentamente, un cocido por su sitio.

   Hablamos de política, claro, porque en España siempre es tema de actualidad máxima. Y de cómo se deben enfocar los problemas del común. También del futuro de algunos próceres que deciden nuestro destino. Les recuerdo una frase de Calderón que me viene a la cabeza: “Dejad que el tiempo lo diga/que mudamente sordo/él solo, sin decir nada/será el que diga todo”.Pues eso.

 

    20/octubre/jueves

 

  Un día de trabajo, ajetreado, con poco tiempo para la reflexión. Está bien, que la vida es un cajón de sastre, donde cabe de todo, grandes y pequeños hechos y circunstancias. Cada día, por su puesto, tiene su afán. Y eso es lo importante. Se cierran puertas y se abren ventanas. Llueve y escampa. Detrás del dolor nace la alegría. Siempre la vida será una noria llena de cangilones de esperanza. Y de caminos que se convierten en senderos, trochas y veredas nuevas. La vida siempre es mucho más que una mirada, un pensamiento, una obsesión. La vida está llena de sorpresas, de alternativas, de posibilidades. La vida siempre es vivir.