Sábado, 15 de junio de 2019

¿Le contesto?

“Gracias por la información. Voy a seguir opinando exactamente lo mismo”. No volví a responderle. Y no sé si fue por su obcecación o por la pereza que me producen las discusiones en twitter. Tan limitadas en sus caracteres. Tan de titular. Tan estereotipadas. Tan llenas de zarpazos verbales y tópicos irreversibles. Tan dadas a insultar de tú a tú. Como si valiese lo mismo la opinión de un pensador que la de los que vienen pensados de casa.

Todo empezó el día que un grupo de inmigrantes se subió a la azotea del CIE de Aluche. Ya saben un Centro de Internamiento de Extranjeros, una cárcel ilegal en la que privan de libertad a las personas que cometen una falta administrativa. Algo así como que te lleven al trullo un par de meses porque no llevas el DNI encima. Como suena.

Resulta que la Iglesia lleva años y años pidiendo que se cierren estos centros de sufrimiento para extranjeros. Resulta que las denuncias de nuestros obispos parece que no interesan mucho porque coinciden -en este punto- con la de alguna fuerza política adjetivada en los medios de radical. Resulta que puse en twitter varios artículos al respecto firmados por pensadores y expertos en derechos humanos. Resulta que un tipo –de los que vienen pensados de casa- me suelta: “claro, los antecedentes d muchos de ellos deben habérselos inventado la Policía” (sic). Y resulta que tengo que leer varias veces su mensaje para entender la concordancia verbal con sujeto y complemento. Cuando logro descifrar lo que quiere decir, no cejo en mi empeño didáctico y le demuestro, con informaciones publicadas en medios afines a la ideología que exhibía impúdico en su perfil, justo lo contrario, que la inmensa mayoría no tienen más antecedentes que su situación administrativa irregular. Resulta que sigue en sus trece y me suelta la frase con la que comienzo este desahogo. Y yo, que voy cultivando el poso del paso de los años, me resigno ante la cerrazón de los que piensan que la sociedad, el pensamiento y la política requieren una posición inamovible y cerril, fiel y eterna, como la que tenemos los aficionados a unos colores. “Querido amigo, no dejes que la realidad estropee tu opinión, no te contamines de verdad, sigue viviendo en tu condón”. La frase entrecomillada me cabe en twitter. ¿Se la envío?