Miércoles, 28 de octubre de 2020

Octubre, doce

 
 
Desde luego que hay cosas en las que España es sonrojante cabeza de león. Porque no me digan que la cabestrez mostrada por algunos en el pasado doce de octubre, día de nuestra Fiesta Nacional, no es para echarse a llorar.
 
Es paradigmático que la amalgama fanática e ideologizada que forman podemitas y nacionalistas, lleguen a anteponer el ridiculo a la razón, la incoherencia a la sensatez y la fanfarria a la responsabilidad. Tampoco esperaba otra cosa de tamaño hato.
 
Y si les digo la verdad, a mi a estas alturas me resulta hasta gracioso, por grotesco. Por que tengo la impresión que hacen lo que hacen y dicen lo que dicen por ponerle un poco de jolgorio, de coña marinera a esta época política de tibiezas, egoismos y mentiras. No cabe otra.
 
O si no como explican que ayuntamientos abran sus puertas de par en par en día de fiesta, nos hablen de que se celebra el día de la raza o que aludan al genocidio indígena con tal de no reconocer la Fiesta Nacional de España.
 
Por decirlo así a lo suave, no se puede estar más deshubicado, ni tener menos luces y tan pocas neuronas encendidas.
 
Primero porque ser independentista, pedir respeto para sus muestras patríoticas y regurgitar sobre las de los demás es de frenopático. Lo mismo que no respetar la misma ley que hacen valer a sus conciudadanos. Lo dicho, de locos.
 
Esto ya no tiene relación con la política, ni con la ideología. Igual tiene que ver más con la LODE , la LOGSE, o simplemente con la estrechez. Pero que esta vieja izquierda vestida de Hipercor y alimentada en el desprecio, no sepa que nuestra fiesta fue instaurada por un gobierno obrero y socialista, también español. Es para salir corriendo.
 
Pero lo que no podemos dejar pasar precisamente desde aquí, desde nuestra charrilandia, el pecho de España. Es que fué un tal Francisco de Vitoria quien se sacó del habito no solo la instauración de los apuntes entre los alumnos, si no el derecho internacional. Y quien reconoció los derechos de los pue
blos índigenas recién descubiertos el continente americano. 
 
Que fue el dominico desde su cátedra salmantina y su pensamiento, quien puso las bases de las llamadas Leyes Nuevas.  Aunque me imagino que por el hecho de ser fraile, español y vasco de sanguinidad, esto les produzca un cortocircuito insoportable.
 
Recuerdo una conversación, creo que del gran Pérez Reverte.
 
Dicen que en Méjico se le acerco un pizpireto periodista azteca que le espetó 
si no se sentía avergonzado de sus antepasados por los desmanes genocidas que cometieron en el descubrimiento de América. Reverte le preguntó que cómo se apellidaba. El juntaletras le contestó que Sánchez. A lo que el escritor español simplemente le dijo que jamás ninguno de sus antepasados se movió de la piel de toro para recalar en el nuevo mundo, que nunca un ancestro suyo pisó tierra americana. Y que quien igual tendría que sentir vergüenza de sus predecesores y sus excesos, sería el periodista de apellido Sánchez. Amén.
 
El que no entienda que el doce de octubre se celebra la fiesta de España, de un país libre, democrático, tolerante y demasiado paciente. Es que vive en una realidad paralela. 
 
Una nación de bandera rojigualda gracias a la que gente de tan alta intelectualidad, como por ejemplo la de la alcaldesa de Badalona, puede estar al frente de instituciones. Que incluso tienen hasta  bibliotecas...
 
Una nación maravillosa, etilizada de malos gobernantes y tanta necedad, que corre el riesgo de acabar como el poeta chino Li Po. Ahogada en el fondo del río por intentar abrazar el reflejo de la luna.