Miércoles, 24 de julio de 2019

Teresa, una gran maestra

Dios dotó a la santa de Ávila con el de la oración. De niña aprendió a orar de sus padres y así creció en un ambiente de oración, donde de la mano de su madre supo lo que era la confianza en Dios como en un amigo. Pero no le resultó nada fácil orar. Se encontró una a una con todas las dificultades propias de la experiencia oracional. Supo lo que era sentirse incapaz para discurrir, experimentando con frecuencia la insubordinación de la imaginación, y, sobre todo, la incongruencia de su propia vida con el estilo que exige la oración en el orante.

Tantos fueron los contratiempos, que estuvo tentada de dejar la oración. Y cualquiera en su lugar lo habría hecho, pero Teresa era voluntariosa y constante y así pudo descubrir que, el año que estuvo sin orar, su vida estaba como perdida, era realmente . Pero cuando se entregó del todo a la oración, de ésta recibió grandes beneficios, que es tanto como decir que empezó a sentirse plenificada. Libre y convencidamente, opta por orar, apoyada siempre en la palabra de Dios y esto lo hace con tal dedicación, ardor y perseverancia, que finalmente su vida la dedicará a orar y a enseñar a otros a hacer lo mismo.

Los santos son los héroes de cada día, héroes de fe y de amor, de entrega, de vida. El santo es el que sigue a Cristo de cerca, aquel que ha tenido sus mismos pensamientos y sentimientos.  Cada santo tiene una identidad propia, su molde es distinto del otro, aunque todos se parecen y huelen a Cristo.  Los santos fueron personas enraizadas en su tiempo; muy humanos y divinos, aunque ante sus contemporáneos no siempre tuvieron aquella aureola de santidad que se les colocó el día de su canonización. Cada santo brilla por algún don que el Señor le ha concedido, Teresa sobresalió por la oración. 

“Teresa centró toda su doctrina en la oración… Ella ha tenido el privilegio y el mérito de conocer estos secretos por el camino de la experiencia. Teresa ha tenido el arte de exponer estos mismos secretos… (Pablo VI). La oración  es la clave del  pensamiento y la experiencia teresiana. En la oración se desenvuelve todo su itinerario de encuentro con Dios, de transformación, de seguimiento de Cristo y de respuesta a los males de la Iglesia y de su tiempo.

Para explicar el procesa vital de la oración, Teresa echa mano de una comparación sumamente familiar, que puede contemplar por doquier en su tierra castellana y así dice: “consideremos nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas”.

El alma es un castillo donde mora Dios. Gran dignidad es la del ser humano que “puede tener conversación no menos que con Dios”. Esta verdad evangélica hace que Teresa se admire y adquiera una comprensión extraordinaria del gran bien que es la oración.

La puerta para entrar a este castillo que es el alma es pues, la oración. La oración es el mayor bien que podemos tener en esta vida . La oración es el remedio para todos los males, dejar la oración es perder el camino. Con la oración se reciben todas las gracias y mercedes.

Santa Teresa es una gran maestra de oración e invita a todos los cristianos a orar. Hoy, día de su fiesta, resuena esta invitación más fuerte y cercana y lo es, también, porque una de sus hijas: Sor Isabel de la Trinidad será canonizada mañana domingo.