Sábado, 21 de septiembre de 2019

El Consejo

En el Diccionario Enciclopédico Abreviado está escrito que CONSEJO (del latín consilliun) es, entre otras muchas cosas; “Parecer o dictamen que se da o se toma para hacer o no hacer una cosa.

Pero hay que tener en cuenta que: “ad impossibilia nemo tenetur” (nadie está obligado a realizar lo imposible). Ni que los consejos se tengan que hacer, “ad peden litterae” (al pie de la letra), ni de “motu proprio” (por propia iniciativa), y que también “errare humanun est” (es propio del hombre equivocarse).

Cuento todo lo anterior después de haber leído las declaraciones de una buena señora, que al preguntarla su opinión sobre el tema tan debatido últimamente de –Racionalizar los deberes—en los niños estudiantes, responde tajante: “Antes las tardes eran para jugar”… ¡ Qué razón tiene, usted señora desconocida!...

Yo, no soy quien para dar CONSEJOS (las razones ya las expuse al principio), pero si puedo dar “alguna pincelada” de lo que hacíamos los amigos en el pueblo en los juegos infantiles, pues entonces las tardes eran para jugar, y de qué manera… “a las chapas, a la peonza, a guardias y ladrones, a pico, zorro, zaina, a… buscar nidos y luego bañarte en el pequeño río, a la pirúla, a las “carreras ciclistas”, con corredores como,… Berrendero, Delio Rodríguez, Bahamontes  y más, que estaban enmarcados en chapas de las gaseosas y tapadas con cristal pulido y con ellas hacíamos carreras infinitas…

Recuerdo perfectamente el ingenio que teníamos que derrochar para hacer nuestros utensilios para los juegos. Los niños del pueblo, que éramos muchos, por aquel entonces, le pedíamos al señor Francisco que nos cortase una rama del saúco (árbol del género de las plantas caprifoliáceas, leñosas y con mucha médula) y que tuviera en su huerto. Con ella hacíamos una obra de arte: “La quitábamos a médula interior con un hierro fino, al que previamente habíamos puesto al “rojo vivo” en la fragua del señor Constancio, a la rama”. Luego “fabricábamos” con otro trozo de palo de negrillo al que raspábamos para dejarle fino y adecuado, para que ocupase a presión el lugar que ocupaba la médula quitada. Hacíamos también dos estopas, ablandándolas con nuestra propia saliva… Y… ¿Para qué?... Pues muy sencillo, para que cuando las bolas de estopa fueran impulsadas por la presión ejercida por nosotros y el palo de negrillo, al salir la primera al exterior del trozo de sauco; hiciese un ruido parecido a un disparo… y que si “pillaba” cerca…  dejaba al contrario un tanto cabreado.

Y, la pregunta ingenua de hoy es: ¿qué tiempo les queda a los niños actualmente para, jugar? Correr por el campo, hacer amistades, disfrutar de la NATURALEZA, de una puesta de sol. Ni   tampoco tengan tiempo para ir a pedirle al señor Francisco una rama de sauco para fabricar con ingenio; con ¡mucho ingenio! Un artilugio para divertirse… jugando. ¡Ahí lo dejo!