Miércoles, 23 de octubre de 2019

Nada te inquiete

Santa Teresita y su hermana, Celina, construían barquitos de papel, les ponían nombre como abandono, providencia, amor, paternidad, y los lanzaban a la corriente. Cuando un barquito zozobraba se decía una a otra: “El barquito de la vida debe abandonarse a Dios”.

Santa Teresita del Niño Jesús nació en una familia cristiana, donde aprendió a orar y confiar en Dios. Teresita creyó en la fuerza de la oración y ofreció su oración y su vida por los otros. De joven, a los 14 años, ora con toda su alma por el desgraciado Pranzini. Más tarde, de carmelita, ora y ofrece su vida por los sacerdotes y misioneros, incluso por los anónimos y desconocidos. Teresita ofrecerá su oración eucarística y su última comunión, ya en el lecho de muerte, por la conversión de un sacerdote.

En el siglo XX, en una época caracterizada por una prodigiosa transformación del mundo, una joven, que vivió durante nueve años enclaustrada en un Carmelo desconocido, cuando ya san Pío X, la había llamado “la santa más grande de los tiempos modernos”, fue proclamada por Pío XI, en 1927, patrona de todas las misiones, junto con san Francisco Javier.

De una parte es admirable el poder de la oración familiar de tres generaciones. De otra, la audacia y profecía de Pío XI, concediendo tal título a una monjita de clausura, que no salió nunca de su monasterio. Con este gesto llamó la atención de que la fe se propaga y extiende, no sólo por la actividad, sino también y fundamentalmente, por la contemplación.

Juan Pablo II confirma la doctrina concediéndole el título de Doctora, en esta hora, aún confusa. Su doctorado versa sobre el amor. La entrega de una persona no estará nunca motivada por leyes, sino por amor. El Evangelio se resume en el amor, “la plenitud de la ley es el amor” (Rm 13, 10). Teresita amó, hasta morir de amor. Comprendió lo que desea Dios ser amado y se dio totalmente. El amor era lo único que deseaba y le atraía”

La oración de santa Teresita era de sequedad, no sentía el consuelo y el amor del padre. En aridez pasó toda su vida religiosa. Mas no por eso deja la oración, sino que persevera. Ella vive con Jesús, él está presente en el fondo de su corazón, en todos los momentos de su vida. Teresita vive en Dios y desde Dios vive cada momento como un tesoro.

La oración de santa Teresita es de total confianza y abandono en el Padre.  Repetirá con frecuencia, incluso en voz alta: “tengo tal confianza en él, que no podrá abandonarme: lo dejo todo en sus manos”. En los últimos momentos de su vida, en el colmo de la asfixia, exclamará: “Dios no me abandonará, estoy segura. Nunca me ha abandonado”.

Teresa trata de infundir en las almas la sencillez. Les dirá que todo se reduce a amar a Dios sinceramente, lo cual reducido a la práctica consiste en querer siempre lo que a Él le agrada. El camino que conduce a la santidad es el de un progreso constante, continuo, por la vía de la sencillez, es decir, ojos sencillos, mirada del corazón, limpia de intenciones torcidas. “La santidad no consiste en esta o la otra práctica, sino en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños entre los brazos de Dios, conscientes de nuestra flaqueza y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre”. Momentos antes de morir, escribe un bellísimo poema titulado “El abandono”. “Nada, nada me inquieta, nada puede turbarme”.

Hoy, 1 de octubre, la Iglesia celebra la fiesta de santa Teresita. ¡Ojalá en nosotros cale su mensaje y nada nos inquiete!