Miércoles, 26 de febrero de 2020

Extraterrestres -II-

Un libro titulado Los platillos volantes y la evidencia, de Manuel Pedrajo, editado en Madrid en 1954, despertó por primera vez mi curiosidad infantil por los ovnis. Por cierto, que el ejemplar que tenía mi padre en su copiosa y variada biblioteca, estaba dedicado por el autor al poeta Blas de Otero. Veinte años después, y trabajando ya como periodista, tuve ocasión de conocer personalmente a otro de los pioneros de la ufología española, Antonio Ribera, en la presentación de su libro El gran enigma de los platillos volantes. A partir de aquel año me interesé profesionalemnte por el tema y realicé diversas investigaciones para la radio. En alguno de esos trabajos coincidí con Juan José Benítez. [También coincidimos como invitados en un ciclo de conferencias, el del programa adjunto, y la participación en un congreso ufológico nacional].   

Recogí decenas, centenares de testimonios vivos; serenos unos, excitados otros –algunos fantásticos y otros impecablemente verosímiles– sobre observaciones de extraños objetos en el cielo o posados en el suelo, y tuve noticia de algún que otro caso, pocos, de observación y de contacto con tripulantes. Los testigos son de todo tipo y condición. Hay hombres y mujeres, jóvenes y mayores, listos y tontos; técnicos muy cualificados y aldeanos analfabetos, personalidades respetadas públicamente y gente del arroyo. No niego que en casos determinados me contaran ante el micrófono sueños, fantasías y, tal vez, más de una mentira. Pero la mayoría narraban lo que habían visto o experimentado y que para mí  constituye una realidad incuestionable: los ovnis existen; y no me refiero a los ovnis en el sentido literal de "objetos volantes no identificados" (los que pueden haber sido confundidos con cualquier otra cosa –una estrella, un avión, un pájaro o un satélite–) sino los aparatos no construidos o fabricados por seres humanos de este planeta, que son vistos esporádicamente en sitios, ambientes y circunstancias muy dispares, y dan muestras de estar ocupados (puede que en ciertos casos, dirigidos a distancia) por seres muy inteligentes; objetos, en fin, que demuestran unas capacidades de dominio de las leyes físicas muy superiores al más alto desarrollo alcanzado en la Tierra.

(Capítulo "Ufólogos españoles" del libro Más allá del personaje. José Javier Muñoz. CEGALE 1996. Continuará)