Jueves, 12 de diciembre de 2019

Semana europea sin coches. Salamanca

14 horas. Un parque público abarrotado de coches. Algunos conductores gritan, pues no pueden maniobrar; los niños, al oír a sus padres, también gritan.

-Uno de los conductores:- ¡No puedo salir! ¡¡Me han bloqueado el coche!!

-Un vecino  asomándose por la ventana de su casa: -Si no hubiera traído el coche no se encontraría en esta situación…al menos hoy, el día sin coches, lo podría haber dejado…

- El conductor:- Sí, hombre, después de todo lo que me ha costado, ahora voy a dejar el coche en casa…Los conocidos dirían que no tengo dinero ni para gasolina…

- El vecino: -Pero vendría usted con su niño tan fresco y tranquilo al colegio y no estresado…

- Una conductora, inquieta, pues está en la misma situación de bloqueo: - Andando, sí, quince minutos ida y quince vuelta…¿para qué están los coches?

-El mismo vecino: -Para viajar, no para contaminar las ciudades…Mi hija, que vive en Berlín, lleva todos los días a su hijo en bici al colegio.

- La conductora: -Pero estamos en España…Además no hacemos mal a nadie, tenemos permiso para aparcar aquí…

- El vecino: -Para aparcar no, para dejar a sus hijos en el cole. No pueden tener permiso pues hay un “PROHIBIDO coches” a la entrada. Los guardias hacen “la vista gorda” a la infracción, pero no pueden dar permiso…

- El  conductor:- ¡Déjese de monsergas, que ya suficientes problemas tenemos…!

- Otro vecino aparece en otra ventana: -Los problemas no se resuelven creando otros problemas…Hay un aparcamiento público al lado del colegio, ¿por qué no negocian con los dueños para aparcar a un precio reducido?

 

Un grupo de padres se miran entre sí, sorprendidos de la idea. Su mirada no se puede interpretar ni como un acuerdo en la idoneidad de la sugerencia del vecino ni como un rechazo a la idea. Por fin el primer conductor ha podido salir de la ratonera en la que estaba encerrado y ya los demás entran en sus coches, aprovechando para salir por la brecha que ha podido hacer uno de los coches.

El primer vecino se retira de la ventana, echa una ojeada a la foto de su guapa hija, en bici con su pequeño, suspira, quizás de añoranza, o de impaciencia, y piensa “ ¡Cuánto le cuesta a los españoles seguir las normas que toda Europa ha aceptado…!. Pagamos bien caro el ser “diferentes”…