Martes, 25 de febrero de 2020

Planteamientos obsecuentes

Estoy de vuelta, y he decidido cambiar radicalmente. Después de los calores pasados, ya sé qué hacer para, entre otras muchas cosas, encontrar sentido a mi vida. Después de muchas noches sin dormir, dándole vueltas a la situación actual y ver cómo puedo cambiar la cosa, creo que he encontrado la solución. Soy consciente de que el camino no resultará fácil, antes al contrario, pero también he llegado al convencimiento de que merece la pena el esfuerzo y la dedicación que tendré que hacer hasta alcanzar la meta que me he propuesto.

Que tendré que aportar sangre, sudor y lágrimas, es algo que, al principio, me tiraba un poco para atrás pero, tras sopesar los pros y los contras, considero que valdrá la pena. Puede que, al empezar, me cueste un poco llegar al verdadero objetivo, los culos de los grandes superiores, y tenga que conformarme con reírle las gracias a los alcaldecillos de ciudades de provincias, incluida esta, y cargos autonómicos de segunda división, pero el bienestar de la sociedad está por encima de todos esos pequeños sacrificios personales.

Una de las cosas que más difícil me ha resultado es dejar de lado mis convicciones personales y abrazar las que me digan, pero no hay que olvidar que es algo que hago por el bien ajeno, menospreciando la pasta que voy a cobrar, el despacho y coche oficial, la secretaria, las desgravaciones, el poder mangonear sabiendo que no va a pasar nada ¡para eso está el partido! Que no se me olvide comprar un piso barato en Madrid, cerca del Congreso a ser posible, y así puedo cobrar las dietas de alojamiento y ahorrarme el hotel.  na de las cosas que más difícil me ha resultado es dejar de lado mis convicciones personales y abrazar las que me digan, pero no hay que olvidar que es algo que hago por el bien ajeno, menospreciando la pasta que voy a cobrar, el despacho

Oigo ya las alabanzas de mis superiores: “Javier se ha ofrecido voluntario para mediar en la consecución de nuevos casinos y centrales nucleares para nuestro país”, y los vítores de miles de ciudadanos agradecidos por esos nuevos puestos de trabajo (casi esclavo, pero eso no es importante), sin que tenga ninguna consecuencia las comisiones ilegales, tanto propias como para el partido, y siga la mayoría confiando su declinante bienestar a nuestro creciente mamoneo: ¡todo sea por la patria!

¡Voy a afiliarme a uno de los partidos llamados grandes: PPSOE! Ahora que está la cosa revuelta, y que nadie se decide a ello, voy a dar el paso adelante. Si quiero empezar aquí tendré que juntarme con los legítimos herederos del caudillo, pues los otros, ni están ni se les espera, salvo para carguillos intermedios, que es a lo único que pueden aspirar los rojos en esta nuestra gloriosa comunidad. Aunque, ahora que lo pienso, está subiendo mucho el nuevo nacional socialismo, con el desencanto de los dos anteriores. ¡Nada, nada, el futuro es la derecha!

Adiós a mis compañeros de eQuo! tan idealistas, tan luchadores del bien común, tan quijotescos que no se dan cuenta que nunca conseguirán una poltrona. Empeñados, como están, en que cambien las cosas para hacer un mundo mejor, dejan pasar las oportunidades que brinda el derrumbamiento de este obsoleto sistema. Cuando tenga el escaño, que no se me olvide, tengo que estar pendiente de lo que dijeron hace 10, 15 ó 20 años, y proponerlo como nueva idea: que si el calentamiento global; que si los terremotos provocados por el fracking o similares; que si la rehabilitación de edificios; que si… ¡que si quieres arroz, Catalina! Que lo vayan diciendo ya, que ya lo leeré… dentro de unos lustros.