Sábado, 21 de septiembre de 2019

Otoño

Me gusta el otoño, mucho; tal vez por el tiempo que pasé en los campos, practicando mi deporte favorito, la caza de la perdiz. O tal vez, porque tuve la suerte en otoño de patear los montes, los pedregales del páramo y del perdido, haciendo filigranas por las laderas y dando vueltas y revueltas, idas y venidas por los cotarros, lindazos y cerrales.

Me gusta el otoño, cuando cae la hoja, cuando el verde perenne se entremezcla con las mil tonalidades, rojas, amarillas, marrones de las hojas secas, que cambian cada día y dan al entorno un cromatismo dinámico y sugerente.

Me gusta el otoño, tiempo de búsqueda; pues cuando las lluvias hacen aparición y las temperaturas son suaves, los campos se llenan de setas apetitosas… el Boletus Edulis, la Agraria Macrospora.

Me gusta el otoño, porque es tiempo de temores, por eso de la caída de la hoja, que tiene connotaciones de tradición con la muerte cuando la edad avanza y al recuerdo vienen personas queridas y amigos que se quedaron en el camino de la vida… como mi amigo Agustín. Recuerdo aquel día de otoño  en que bajábamos por Torrente Ballester, a eso de las cuatro de la tarde y vimos como de uno de los álamos blancos caían con el fuerte viento cientos de hojas secas. Agustín cogió una y dándomela me dijo de improviso, mientras acariciaba el árbol: “Anselmo ¡vamos a “tocar madera”… por si acaso! Que la muerte está cerca, pero nunca se sabe”—Veníamos del Bar Ecuador, donde  Miguel nos había preparado; unas sardinillas en aceite riquísimas, al estilo de la casa, queso y ensalada variada, unas patatas con langostinos y un sabroso cordero asado, acompañado con buen vino de  Ribera. Agustín ya murió, a los 96 años de edad, pero su recuerdo aún perdura… Y del álamo blanco que acarició, continúan cayendo hojas cada otoño.

Me gusta el otoño y visitar en esta época los pueblos de nuestra provincia y me lleno de satisfacción cuando escucho el sonido de las campanas de la Iglesia que convocan a misa y su tañido se expande por los campos infinitos…

Me gusta el otoño, porque es tiempo de amores y desamores. Y siempre recuerdo aquella canción sentimental: “En una tarde de otoño madrileño en “PLATERÍAS” tomaba yo café, entrar en el salón te vi… y al verte tan bonita, me enamoré de ti… ¡Ay tarde de otoño!…

ME GUSTA EL OTOÑO.

Anselmo SANTOS

Contador de historias humanas