Miércoles, 26 de febrero de 2020

El pacto de las catacumbas

 

 
 
 

 

Mateo es el evangelio de la misericordia, como lo indica en la bienaventuranza:

Dichosos los misericordiosos, porque recibirán misericordia (Mt 5, 7).

Misericordiosos (eleêmones) son los que actúan con eleos, la hesed de Dios (cf. Ex 34, 6-7). No son los que tienen sólo rehem (entrañas de piedad, con splangnisthein), sino los que teniéndola actúan según ella, y así muestran/realizan su piedad en forma activa, ayudando de hecho a los necesitados, conforme a la fidelidad del pacto.

De esa forma se expresa la dicha más honda de Jesús, la felicidad mesiánica de aquellos que son eleêmones, ayudando de forma activa a los demás, al servicio de la alianza universal de Dios con los hombres. Entendida así, la misericordia activa de Dios revelada en Cristo suscita o crea un espacio de respuesta activa de los hombres, de manera que puede afirmarse que los misericordiosos “recibirán misericordia”, no sólo ellos, sino todos, pero de un modo especial ellos, como decía 5, 4: “Los que sufren serán consolados”.

Imagen: éste es el punto de partida y sentido del Pacto de las Catacumbas, que ha sido un pacto de misericordia, como puse de relieve en el prólogo y primer trabajo de este libro, que puede llamarse libro de la misericordia, en el que participaron varios de los ponentes de este Congreso de Ávila.

Los tres pilares de la vida son para Mateo la misericordia/justicia, la oración y el ayuno:
2. Tres justicias: Misericordia, oración, ayuno (Mt 6, 1-18).

Este pasaje, que incluye el Padrenuestro, expone los pilares de la justicia triple de Dios (tsedaqa, dykaiosynê, cf. 6, 1), más allá de la que practican un tipo de escribas y fariseos, que en este pasaje aparecen como hipócritas, buscadores de apariencia, no de la verdad de Dios.

‒ Primer pilar es la limosna/justicia, en griego eleêmosynê, de eleos (6, 2-4), con el sentido hebreo de tsedaqa (justicia) y hesed, fidelidad a la alianza y ayuda a los necesitados. Esta es la justicia principal, que se expresa a modo de misericordia que es comunicación de bienes, justicia social, igualdad básica entre los hombres. No es limosna privada, pequeña “caridad” (para que te vean y aparezcas como bueno ante los otros), sino solidaridad activa, con exigencia de comunicación y comunión de bienes, en la línea del Dios de Ex 34, 6 que es rab-hesed wa ‘emet, rico en fidelidad y verdad.

‒ Segundo pilar es la oración (cf. 6, 5-15, que es la experiencia de encuentro con Dios, el fundamento y sentido de la vida.
Eso significa que la misma oración es misericordia, en sentido activo y pasivo, como llamada a Dios y acogida generosa de su perdón, como hemos visto y seguiremos viendo al ocuparnos del perdón de deudas y ofensas. En ese sentido se podría añadir que la oración es una forma de tener misericordia con Dios, es decir, de acompañarle en su creadora (como he destacado en Trinidad, Salamanca 2025).

‒ El tercer pilar es el ayuno (nêsteia: 6, 16-18). En un contexto diferente, Jesús ha criticado un ayuno de tristeza, pues en tiempo mesiánico de bodas, mientras celebran la fiesta de la vida con el “novio”, sus invitados y amigos no ayunan (cf. Mt 9, 14-17). Por eso (a diferencia de cierto judaísmo y del islam) los cristianos no pueden hablar de ayuno como pilar de vida, sino como gesto de suplencia, para tiempos de falta del novio (es decir, cuando se apaga la alegría y comunión interhumana).
Sólo entonces, pero entonces con gran fuerza, por solidaridad con los que sufren y para ayudarles en la vida, los discípulos pueden y deben practicar el ayuno de la misericordia (hebreo: tsom),. “Éste es el ayuno que quiero: alimentar a los hambrientos, abrir las cárceles injustas…” (cf. Is 58, 5-10). Es un ayuno de misericordia, es decir, de solidaridad con los que pasan hambre, y de ayuda dirigida a ellos.


6.MATEO, EVANGELIO DE LA MISERICORDIA

Principio. Textos básicos

Marcos expresaba el impulso dramático de la misericordia, Lucas ha desarrollado su sentido en dos grandes parábolas, pero sólo Mateo ha elaborado un verdadero tratado de la misericordia, retomando el análisis más hondo de Pablo (justificación por la fe), para re-introducirlo en la matriz del judaísmo, vinculando así misericordia y justicia, en la vida, muerte y mensaje de Jesús.

Mateo conoce y en el fondo acepta la interpretación paulina de la vida y muerte de Jesús, su visión de la fe que justifica, su experiencia de pascua. Pero, al mismo tiempo, quiere recuperar los elementos más hondos del judaísmo en el nuevo contexto cristiano (universal) de ese mensaje paulino, aunque escribiendo su evangelio desde la perspectiva de Pedro, a quien presenta como garante de la experiencia de Jesús. He desarrollado extensamente el tema en Comentario a Mateo (Verbo Divino, Estella 2017), y desde ese fondo quiero presentar algunos textos básicos de Mateo, insistiendo en dos más significativos: 23, 23 y 25, 31-46.
Aceptando la interpretación paulina de Jesús, Mateo recupera, desde una perspectiva judeocristiana los aspectos centrales del mensaje judío de Jesús, y en especial los que responden a su visión de la justicia, como indican estos pasajes:

1. José, un hombre justo (dikaios: 1,19), esposo de María, la madre de Jesús, quiere cumplir las normas de la vida israelita, separándose de su mujer. Pero el ángel del Señor le revela una dimensión más alta de presencia y acción de Dios en ella, superando su plano anterior de ley, para abrirse a la presencia y gracia del Espíritu de Dios, que actúa en un plano de rehem, de misericordia creadora,

2. Juan y José deben cumplir toda justicia (pasan dikaiosynen: 3, 15). Ambos están al servicio de la obra mesiánica de Dios, que viene a entenderse como cumplimiento de la justicia, en un sentido que puede compararse al que esa palabra tiene en Pablo: revelación salvadora de Dios en la vida de los hombres, más allá de una pura ley social israelita.
3. Bienaventurados los misericordiosos (eleêmones), porque ellos alcanzarán misericordia (Mt 5, 7). En la base de toda ley y toda justicia está la misericordia, entendida como hesed, “pacto” de Dios, principio de vida de los hombres. Dios aparece así como misericordia fundamental, de la que nace y en la que debe alimentarse la misericordia humana.

4. Bienaventurados los perseguidos por la justicia (dikaiosynê), porque de ellos es el Reino de los cielos. Pueden ser perseguidos por la “justicia del mundo”, que es básicamente injusta, o porque ellos mismos actúan justamente, en un nivel más alto, siendo así rechazados y condenados por aquellos que no quieren aceptar o reconocer su tipo de vida.

5. Si vuestra justicia (dikaiosynê) no es mayor que la de los escribas y fariseos… Hay, según eso, una justicia que es propia de la ley (escribas y fariseos), y una que debe ser más alta, en una línea esbozada ya por Pablo, una justicia que se funda y expresa como gratuidad, en un camino de misericordia. De ella trata todo el evangelio de Mateo.

6. Tres justicias: Limosna, oración, ayuno (Mt 6, 1-18). Fiel a sus raíces judías, Mateo ha vinculado estos pilares de la religión bajo el epígrafe general de “justicia”, es decir, de recto comportamiento en relación con los demás (limosna), con Dios (oración) y con uno mismo (ayuno). El primer signo de esa justicia (dikaiosynê) es la limosna (eleêmosynê), palabra que viene de “eleos” y que significa poner la propia vida al servicio de los demás. Pues bien, estas tres “justicias” de Jesús no se han de hacer “para que se vean”, en un plano de comercio o talión, sino en “secreto”, es decir, en gesto de pura gratuidad.

7. Buscad el Reino de Dios y su justicia y todas las restantes cosas se os darán por añadidura (6, 33). Esta justicia (dikaiosynê) del Reino, definida por el conjunto del Sermón de la Montaña (Mt 5-7), ha de entenderse en forma de gratuidad, en una línea que pudiéramos llamar misericordia. Sobre esta base de gratuidad misericordioso pueden fundarse después (por añadidura) las tareas productivas de la vida, centradas en comida y vestido. La justicia misericordiosa es principio y camino de vida.

8. Jesús es Siervo Misericordioso de Dios, porque ama y sana a los enfermos (Mt 8, 17). Este pasaje no emplea la palabra justicia ni misericordia, pero es evidente que presenta a Jesús como Siervo misericordioso de Dios porque sufre (se identifica con la debilidad humana) y porque cura (expulsa a los demonios, sana a los enfermos). Él cura por misericordia, encarnándose en la debilidad de los leprosos, enfermos y endemoniados, compartiendo su dolor, por encima de la ley.

9. Misericordia quiero y no sacrificios (Mt 9,13; 12, 7; cf. Os 6, 6). El sacrificio, entendido en perspectiva de templo, forma parte de una especie de “rito de justicia legal”, por la que el hombre tendría que “pagar” un tributo a Dios. Pues bien, frente al sacrificio como expresión de algo que el hombre ha de “pagar” a Dios, se expresa aquí el Dios del amor gratuito, de la misericordia que es anterior a toda ley, esencia de la verdadera religión, por encima del y del Templo, entendidos como instituciones de justicia legal. Esta misma experiencia ha sido retomada en la primera antítesis (5, 23-25) donde la reconciliación con el prójimo aparece como más importante que la ofrenda o sacrificio del templo.

10. Hijo de David, misericordia mesiánica (9, 27; 20, 30). Ambos pasajes nos sitúan ane un Jesús al que invocan dos ciegos, pidiéndole en ambos casos que tenga misericordia de ellos (eleêson hêmas), y les ofrezca la capacidad de ver. Lo propio del Hijo de David no es el triunfo militar, ni el establecimiento de una justicia legal, sino el hacer que los hombres vean, teniendo misericordia de ellos.

11. Este es mi Siervo... la victoria de la misericordia (12, 15-21). Mateo define a Jesús como Siervo amado de Dios, destinado a liberar a los hombres: “He aquí mi Siervo, a quien he escogido... Anunciará el juicio (krisis) a las naciones…No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve el juicio (krisis) a su victoria y en su Nombre esperarán las naciones” (Mt 12, 18-21). Aquí no aparece la palabra justicia, sino juicio, entendido desde al Antiguo Testamento en forma salvadora, misericordiosa.

Estos once textos bastan para evocar el sentido de la misericordia y justicia en el evangelio de Mateo. Ellos sirven para recuperar el sentido de la auténtica justicia, en línea de misericordia activa, como indican los dos textos que siguen.

Justicia, misericordia y fidelidad (Mt 23, 23).

En contra de un tipo de judaísmo, que, a su juicio, sigue insistiendo en aspectos más externos de la ley nacional, recuperando la inspiración de Ex 34, Jesús ha centrado la religión en la justicia de Dios (krisis), que se revela en forma de misericordia (eleos) y fidelidad (pistis) a la alianza.

¡Ay de vosotros… que pagáis el diezmo de la menta, el eneldo y el comino, y descuidáis los aspectos de más peso de la Ley: juicio, misericordia y fidelidad! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt 23, 23-24).

Jesús evoca así la dinámica de cierto judaísmo o judeo-cristianismo, que puede convertirse en religión de un diezmo tacaño y cuidadoso, de pequeñas plantas medicinales y digestivas, como si debiéramos pagar a Dios algo medido con minuciosidad perturbadora. Pues bien, él añade que, siendo tan escrupulosos en el diezmo, ellos pueden descuidar los temas de más peso (barytera) de la Ley:

‒ Juicio (krisis). Más que justicia (=dikaiosyne), krisis significa juicio, en el sentido bíblico de mishpat, hacer justicia y ayudar a los necesitados, para lograr así un orden básico de igualdad (de salvación) entre los hombres. Todo el proyecto mesiánico de Jesús está dirigido a lograr ese juicio de Dios (cf. Mt 12, 18-20 y 25, 31-46).

‒ Misericordia (hesed, eleos). En ese contexto, en la línea de Ex 34, 6-7, el juicio de Dios se expresa en forma misericordia, que los hombres han de recibir y compartir. Dios no juzga para vengarse de los hombres, ni para imponerles su poder, sino para expresar y realizar en ellos su misericordia, como han de saber y hacer los seguidores de Jesús.

‒ Fidelidad (‘emet, pistis). Según Ex 34, 6, Dios es rahum y hannun (entrañable y gratificante), siendo rico en misericordia y verdad (hesed y ‘emuna, misericordia et veritas). Esta fe o fidelidad que vincula al hombre con Dios tiende a decirse en griego bíblico pistis más que aletheia o veritas, aunque ambos términos tienen un fondo semejante, de modo que la pistis/fidelidad de Mt 23, 23 se identifica con la fe de Pablo, que no es una virtud entre otras, sino el centro y garantía del despliegue misericordioso de Dios.

Estos tres elementos más profundos o importantes de la Ley empiezan refiriéndose a Dios, a quien presentan como portador de un juicio que es misericordia y fidelidad, de manera que los hombres han de responderle de un modo consecuente, ratificando con su vida el juicio de la vida de Dios, que está en la raíz de toda experiencia y tarea cristiana.

Obras de misericordia: Justicia y servicio humano (35, 31-46)

Este pasaje expone la tabla más perfecto de las obras de misericordia del Nuevo Testamento:

Entonces dirá el Rey a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre…porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán: Señor, ¿cuando te vimos…?». Y respondiendo el Rey, les dirá: Cada vez que lo hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí lo hicisteis... (25, 34-39).

1. Necesidades humanas: del hambre a la cárcel. En sentido extenso, Mt 25, 31-46 estructura las necesidades humanas en un nivel físico (hambre y sed), social (exilio y desnudez) y de personal (enfermedad y cárcel). Otros textos incluyen obras semejantes, en profetas (vestir, liberar, perdonar deudas, liberar esclavos) y Pentateuco (ayudar a huérfanos, viudas, extranjeros;...). Pero el nuestro es el más completo de los conocidos.

2. Dolores mesiánicos: sufrimiento de Dios. Jesús, mesías de Dios, asume como propios los dolores de la historia, incluyendo en su "yo" expandido estas seis necesidades (hambre, desnudez, exilio…). Sin esta revelación del mesías que asume el dolor de la historia no se puede hablar de misericordia de Dios con los hombres y de los hombres con Dios. Sólo el Dios cristiano, encarnado en Jesús y crucificado por y con los hombres, puede afirmar: ¡Tuve hambre, estuve encarcelado!

3. Obras de justicia. Estos dolores se identificaban con los sufrimientos normales de muchos hombres y mujeres, y lógicamente las obras de ayuda tratarán de ayudarles con comida, bebida, vestido, acogida, visita… Esas obras son, ante todo, de justicia, y aquellos que las cumplen se llaman justos, como el mismo texto dice: “Entonces los justos (hoi dikaioi) responderán… (25, 37). En esa línea, la misericordia es justicia.

4. Obras de servicio y acogida. Son de servicio, diakonía, pues los de la izquierda preguntan: ¿cuándo te vimos hambriento... y no te servimos? (ouk diêkonêsamen soi: 25, 44); no son, por tanto, una caridad añadida a las obligaciones normales de la vida, sino la primera experiencia y tarea (=diaconía) de los creyentes. Son obras de acogida (de sinagoga, del griego synagogein, reunir, formar comunidad: 25, 35), como se dice en relación a los extranjeros, a quienes ha de “acogerse”.

5. Son obras de episcopado (cuidado escatológico), en el sentido radical del término, como dice Jesús: ¡Estaba enfermo o en la cárcel y me cuidasteis… (epeskesanthe: 25, 36.43). Cuidar se dice episkopein, que es la tarea primera de aquellos a quienes la iglesia posterior llamará epískopoi u obispos. Pues bien, ahora, todos los seguidores de Jesús están llamados a ser obispos, responsables del cuidado de hambrientos, exilados, desnudos… y en especial, de los enfermos y encarcelados.