Jueves, 20 de junio de 2019

El patio de recreo es el burdel

Leo y leo, y me sorprendo un rato, pero un rato largo. Y no por la neumonía de Clinton, no, ni por las encuestas electorales vascas y gallegas, tampoco… a mí lo que me ha dejado patidfusa es un reportaje sobre los jovencitos –esos que tienen la edad de mis alumnos- que se van alegremente de putas como quien se va de botellón. Así, como lo oyen,  hasta ponen un fondo y todo,  y hasta regatean y son capaces de afirmar que echan un polvo estupendo por quince euros. Vamos, que se me cae el periódico –los fines de semana lo leo en papel- de las manos y no me voy a vomitar al baño porque lo acabo de limpiar. Niñatos aburridos que se gastan la paga pagando a mujeres tan desesperadas que se dan por esa cantidad. Niñatos que aprenden pronto lo que es usar a una mujer y tomarse el sexo como un juego de poder y de diversión rápida y barata.

         Uno se pregunta qué relaciones van a tener esos criajos con chicas de su edad. Uno se pregunta qué pensarían las compañeras de bachillerato o de carrera si supieran que sus cercanos, sus próximos, se van de putas tan alegremente. Uno se pregunta si no se pillan una buena gonorrea, a ver si así aprenden a guardársela, pero claro, seguro que si la tienen, la esparcen por ahí alegremente porque ancha es Castilla ¿Y por qué me ha soliviantado tanto esta noticia habiendo tanta cosa que comentar en los papeles? Porque algo estamos haciendo mal si una horda de muchachos sin problemas, con dinerillo el fin de semana, aparentemente normales y seguro que hasta guapos y correctos, son capaces de tomarse la prostitución como un juego más, ni siquiera como un descenso a los infiernos con fines educativos, no, como un juego. Agredir a un mendigo es un juego, acosar al compañero diferente es un juego,  pasar un rato con una chica por quince euros también. Ya sé que a ustedes les parece que ya vale y que debería ponerme frívola, hablar de la boda de Rocíito que parece un aquelarre de brujas –hubiera preferido hacerlo sobre la pasarela de Cibeles y loar a una mujer tan fantástica como la cordobesa Juana Martín, y mira que a mí no me gustan los faralaes- pero qué quieren que les diga, a veces se impone la rabia que no cesa. No sé hasta cuándo vamos a seguir ganándonos las mujeres el sustento con el coño, pero me temo que la cosa durará mucho visto lo visto. Visto que las nuevas generaciones le están pillando el gusto a la cosa. Vamos aviados, que decían cuando era chica ¿Y saben lo peor? Que es un juego, un jueguito, vamos, nada, nada de nada… algo sin importancia… y es que mira que te pones así por unas cosas, maja… si eso no es nada.    

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez