Lunes, 3 de agosto de 2020

Entre trileros anda el juego

Dom 25. Tiempo Ordinario. Lc 16, 1-13. La parábola y sus explicaciones que nos ayudan a entender la gran crisis económica que estamos sufriendo. El tema es conocido: un administrados “injusto” cambia las cuentas del amo y maneja sus bienes, para provecho propio; un cuento muy actual, sin duda.

Así digo entre trileros anda el juego, como dice el refrán castellano. Trileros son los que juegan, ocultan sus cartas y engañan, y encima mienten. Suele aplicarse (con cierta razón) a nuestros políticos. Se aplica sin duda a los dueños de la economía mundial (cuyo Banco de mala memoria ha andado estos días en las lenguas de unos y otros).

Entre estos trileros, el amo y el administrador, nos mete hoy la parábola. ¿Podrá cambiarse el juego y poner el dinero de amor y administradores al servicio de todos, y en especial de los pobres? De eso habla esta parábola y sus aplicaciones. Pero veamos algunas de sus implicaciones. Buen domingo a todos, si Dios quiere (y los políticos no lo perturban).

Las imágenes ponen cierto humor al tema. El macaco y el perro trilero son sin duda inocentes... La imagen antigua nos habla de la antigüedad del tema... Quien quier ver políticos trileros, con nombre, apellido e imagen busque en google. Quien vaya a lo serio lea al evangelio.

Introducción

1. El administrador “injusto” ¿no será en realidad justo? ¿No habrá que poner todos los bienes del “amo” al servicio de los “amigos”, es decir, de los necesitados?

2. ¿No habrá que crear un sistema jurídico y social que lleve al perdón de las deudas, para que todos los hombres de la tierra seamos amigos? ¿No estaremos ante una de las últimas generaciones de este sistema injusto, que crea deudas y más deudas, enemistades y más enemistades, de manera que un día puede estallar, “destruyendo” a la mayoría de los ricos?

Éste es el tema que aquí interpreto de un modo "parcial", pues toda parábola puede entenderse de formas distintas, por eso es parábola. Ésta es de las que nos ayudan a pensar. Está en el fondo la posibilidad de engañar al sistema económido dominante, para ayudar a los hombres.

Tema. El orden econòmico y la justicia de Dios (el derecho de los pobres)

No tengo certezas, pero puedo ofrecer reflexiones y preguntas, sobre este tema esencial, con la ayuda de un teólogo argentino, buen amigo (J. M. González) que ha reflexionado mucho sobre estos temas. Lo haré comentando el texto. Mañana o pasado ofreceré un estudio más de fondo del tema.

El texto(Lc 16 -13) sigue hablando de la riqueza y la pobreza, desde el evangelio de Dios, y consta de:

a. Parábola
b. Reflexión
c. Consecuencia 1
d. Consecuencia 2
e. Sentencia final

a) Parábola (Lc 16, 1-7)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido." El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. " Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?" Éste respondió: "Cien barriles de aceite. Él le dijo: Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él contestó: Cien fanegas de trigo." Le dijo: Aquí está tu recibo, escribe ochenta.

¿EL HOMBRE RICO ERA JUSTO?…

Esta parábola no trata del Reino de Dios, sino de los riesgos y exigencias de la vida. Ésta es una parábola de sabiduría mundana. No sabemos quién es ese “hombre rico”:
Se ha solido pensar que es Dios (identificando riqueza y divinidad)
Se puede pensar que es el Sistema (un tipo de capitalismo)
Pero dejemos que sea quien, sea: un rico. Y el rico, en principio ¿qué es? ¿Bueno o malo? ¿Cómo ha conseguido la riqueza? ¿Cómo ha nombrado administradores?

Normalmente pensamos que el “amo” tenía razón y que su riqueza era buena y justa. Pero, dentro del contexto de Lucas (como aparece en la parábola siguiente de Lázaro y el rico Epulón: Lc 16, 19-31), el rico por ser rico (en un mundo de lázaros pobres) es injusto, digno de condena. Tampoco aquí podemos partir de que este hombre rico sea justo, sino que la presunción va en la línea contraria.

La exégesis normal, hecha por ricos o criados de los ricos (eso hemos sido en gran parte los teólogos) ha estado sumamente interesados por la integridad patrimonial del hombre rico. Por eso es que se encuentran inevitablemente en un callejón de salida difícil, y se extrañan del hecho de que al final se elogie al “administrador injusto”, que cambia el sistema de deudas de su amo.

TENÍA UN ADMINISTRADOR AL QUE LE DENUNCIARON…

No sabemos si los hechos de que se le acusan son reales, porque el administrador tenía enemigos, posiblemente personas que envidiaban su puesto y que se lo querían arrebatar. Vivía, por tanto, en un mundo de sospechas. Pensemos en todas las denuncias de corrupción de los funcionarios políticos, que se hacen en la actualidad, en en casi todo el mundo ¿Son todas justas? ¿No hay muchas movidas por la envidia de los enemigos?

Derrochaba la fortuna del amo… ¿Cómo lo hacía? La palabra que se emplea aquí (diaskorpidsô) tiene el significado de “esparcir” (en contra de recoger), aunque también puede tener el sentido de derrochar. Nótese que los que hablan aquí son los enemigos, por eso es muy probable que más que un “derrochadorn” en el sentido vulgar de la palabra, el administrador sea un “esparcidor”, alguien que está repartiendo los bienes al servicio de otros, no del amo.

SEA COMO FUERE, LA PARÁBOLA NOS PONE DELANTE DE UNA REDUCCIÓN REAL DE DEUDAS, realizada por el administrador dentro de la legalidad a él otorgada por su señor, aun cuando en la ejecución él no está actuando en favor de los intereses de su señor…, sino de sus propios intereses (y, sobre todo, de los intereses de los deudores).

b) Reflexión (Lc 16, 8)

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido: Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

ÉSTE ES UN AMO EXTRAÑO…

En vez de enfadarse con el administrador y mandarle a la cárcel le elogia… La reflexión siguiente dice que aquí, en el fondo, hay una buena sabiduría mundana, la sabiduría de los hijos de este mundo. ¿Será que se quiere “convertir” también el amo rico?

Al elogiar al administrador (16,8), el texto se distancia de una forma de riqueza que crea pobres (deudores) y forja otra forma de complicidad, pero con los deudores, construyendo relaciones de solidaridad entre las personas dependientes.

El amo alaba al administrados injusto... (le llama en griego ecónomo de la injusticia: oikonomon tês adikias)... ”... porque ha encontrado una "estrategia" para salir de la pobreza... Estamos ante dos "percepciones":

a) la de redactor del texto actual, que dice que el administrados es injusto (desde su perspectiva), en la que el amo aparece como bueno
b)La del amor... "que le alaba", porque inicia un orden de relaciones que son de ayuda mutua entre los "sirvientes"

Estamos quizá ante una "colaboración" de los "siervientes" y deudores, que se alían entre sí, para defenderse del sistema… Éste es el comportamiento de administradores y deudores, que son capaces de “puentear” al amo, perdonándose entre sí, engañando al sistema… para recibirse unos a otros (para crear redes de solidaridad). Alguien podría leer aquí las palabras del gran Manifiesto: “Pobres del mundo uníos y amaos…”.

Éste es el principio de acción del administrador: Portarse de manera diferente a las reglas del sistema, y subvirtiendo aquello que garantiza su mantenimiento. Hacer amigas y amigos con el mamón de la injusticia (16,9), pero sin adherirse a la lógica del mamón injusto.

Cierta interpretación exegética, caracteriza al administrador como "injusto" sin más (en la línea de lo que dice el redactor actual del texto)y, con ello, consiguen desviar la atención sobre la situación de injusticia, en cuanto expresión de un sistema de explotación…

Pero el amo alaba al administrador... Le alaba porque encuentra un modo de accion que rompe el sistema del dinero... El tema de fondo no es que el administrador sea justo o injusto. El tema de fondo es que se trata de un “sistema de deudas” (donde en el fondo todos son deudores del amo) y que este administrador logra romper ese sistema, creando redes de solidaridad entre los dependientes.

El tema es saber si esas redes de solidaridad que el administrados está creando, basadas en el perdón, en contra del sistema, pueden sustentarse y solidificarse, de manera que a partir de ellas se cree un orden económico distinto, que no se funde en las deudas…

LA NUEVA LÓGICA DEL ADMINISTRADOR.

Dentro de su espacio de trabajo como dependiente (criado del sistema), el administrador elogiado no reproduce la “prudencia” sistémica que está apenas interesada en garantizar y extender el patrimonio del señor…. No le interesan los bienes del amo, sino su propia subsistencia (y la subsistencia de los deudores, a los que perdona, astutamente)

Ese administrador actúa en la lógica de una “prudencia” subversiva, que pone los valores del compartir, de la hospitalidad, de los beneficios de una reducción de la deuda, de lo bueno de su propia vida, por encima de los intereses del capital acumulado.

EL ADMINISTRADOR “INJUSTO” SE PONE AL SERVICIO DE LA SOLIDARIDAD,

y no de la riqueza del sistema (no del Señor del Sistema).

En general, nosotros, herederos del Derecho Romano, nos ponemos de parte del Orden Social, es decir, del Capital del Amo, identificamos al Amo (al rico, al rey) con Dios… Por eso, por encima de todo, queremos preservar el "orden social" (como ha dicho todavía Benedicto XVI), de manera que buscamos culpables, que suelen ser casi siempre los pobres.

Por el contrario, el derecho "bíblico", ha pensado todo desde la "víctima", está interesado en proteger a las víctimas (a los deudores…). En este “derecho”, la prioridad la tiene el herido, el necesitado, el pobre: ¡esa es la urgencia! Ejemplos:

(a) En la parábola del Buen Samaritano, no se pregunta quiénes son los culpables, sino qué debe hacerse con la víctima.

b) En el Ciego de Nacimiento (Jn.9), los discípulos preguntan por la culpabilidad (el ciego o sus padres pecaron..). A Jesús le importa resarcir la víctima: lo cura.

En la Parábola del Administrador: la cuestión no está en si es "inocente o culpable". El tema reside en si obra en justicia para los deudores y las víctimas (¡después de haber perdido el trabajo por una difamación!).

Aquí hay una gran enseñanza: los poderosos se preocupan por los perturbadores del orden económico (culpables) . La Biblia se distingue por "esa manía de tomar partido por las víctimas" (M. Weber). Esa es una evangélica opción hermenéutica.

CONCLUSIÓN.

Y el amo felicitó al administrador injusto…... El texto se podría traducir de otra manera: "felicitó al administrador de la injusticia"... El amo descubrió su “astucia”; vio que había una forma distinta de administrar el dinero, no al servicio de su “capital” (de la hacienda en sí), sino de otros intereses.
Eso significa que hay una “astucia” de los “hijos de este mundo”, un tipo de sabiduría que puede ir en contra de los usos actuales del dinero (de los intereses del amo)

c) Consecuencia 1 (Lc 16, 9)

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

Ganar amigos con el “dinero injusto” (mamôna tês adikias).. Este comentario supone que el dinero tiende a ser injusto, pero no razona esta afirmación. Parece que todo dinero al servicio particular es injusto. En ese sentido, toda propiedad particular, como medio de enriquecimiento de algunos en contra de los otros, es injusta. Esto va en contra de la letra externa de la doctrina social de la Iglesia que ha venido defendiendo la propiedad privada no sólo de los bienes de consumo, sino de los de producción… Este pasaje supone que el dinero puede convertirse en medio de amistad, que aquí se identifica con la justicia: Dinero para la justicia verdadera (es decir, para la solidaridad), ese es el tema.

d) Consecuencia 2. (Lc 16, 10-12)

El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

Fieles en lo poco, fieles en lo mucho… El dinero no es todo, el dinero en sí es lo menor… Pero no se puede ser fiel en lo grande (en los valores del reino) si no hay fidelidad en los valores económicos… Con injusticia económica no se puede hablar de Reino de Dios.

El amo que amontona, el Sistema que amontona, es lo contrario de Dios. El camino de Dios no va en la línea del amor del dinero (sistema), sino en la línea de esta “administrador injusto”, que es capaz de “engañar al amo”, es decir, de engañar al sistema, poniendo el dinero al servicio de la fraternidad.

El administrador “infiel” aparece así como “fiel”. Siendo “fiel” a su amo, el administrador es infiel a los deudores, a los pobres… Estamos ante una “oposición de fidelidades”. Para el evangelio, sólo es “fiel” a la justicia el que es infiel a los amos injustos.

e) Sentencia final: Dios y el dinero (Lc 16, 13)

Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero."

Esta sentencia final (de la que trataré más extensamente mañana) ha de verse en el Evangelio de Lucas a la luz de la parábola del administrador injusto que es Justo (Le 16, 1-12), que utiliza el dinero malo de este mundo, la mamona de la injusticia (mamôna tês adikias), para comprar amigos que le acojan en tiempo de necesidad...

Ese modo de “ganar amigos” está al servicio de los intereses del administrador… pero está también al servicio de los mismos deudores… Aquí se benefician todos: el egoísmo del administrador va unido a la posible justicia de su gesto (al servicio de los deudores, rompiendo un modelo de economía al servicio del capital),
Siguiendo su ejemplo, pero en línea de evangelio, los creyentes pueden «convertir» el mal dinero, invirtiendo su sentido, de manera que no sirva para dominar a los demás, sino para «ganar amigos para el reino», enriqueciendo así a los pobres.

Esta sentencia final ha de entenderse a la luz de la sentencia de Jesús sobre los justos que se justifican a sí mismos (Lc 16, 14-19). Lucas habla aquí simbólicametne de los “fariseos” no de los fariseos judíos, sino del fariseísmo del sistema, propio de aquellos que quieren asegurar y garantizar su vida sobre bases de ley, son philargyroi: buscan en el fondo su propio dinero (la seguridad de la mamona).

Hay un tipo de “lógica económica” en el fondo de una religión o de una iglesia que busca su seguridad. Esta es la “lógica del capital”, propia de los fariseos y propia de una parte considerable de la Iglesia posterior, que busca la forma de justificar sus posturas, de justificar su verdad, a costa de los pobres (de los otros), que seguirán siendo siempre sus deudores. Superara esa lógica significa poner el capital de la Iglesia (capital humano) al servicio de los pobres (es decir, de todos los otros, de los que aparecen como deudores.

Conclusión

Visto de un modo global, desde Lc 16, 14-19 y desde todo el evangelio, el problema de la mamona (oposición entre Dios y el dinero) ha de entenderse y resolverse en clave de inversión:

Malos son los bienes que cierran, ciegan y destruyen al rico (Lc 16, 19-31), impidiéndole ayudar el pobre.
Buena es, en cambio, la riqueza de aquel que sigue buscando a la oveja perdida y acoge al hijo pródigo, ofreciéndole de nuevo casa y fiesta con el gasto que ello implica (Lc 15).

La riqueza ha de ponerse por tanto al servicio de los pobres y necesitados; ella sólo vale como medio, pero no al servicio de los poderosos o de la iglesia (como suponía el modelo de la subordinación sagrada, en línea de sistema eclesiástico), sino al servicio de los pobres, es decir, de los hombres en cuanto necesitados, en línea de gratuidad. Desde aquí debe entenderse la parábola del administrador injusto con su final paradójico y su aplicación aún más paradójica (16, 1-12).

Ese hombre astuto buscó la manera de reordenar las cuentas, poniendo el dinero del amo a su servicio propio. Su forma de actuar puede servirnos de modelo, pero no en sentido egoísta (poniendo los dineros a mi nombre), sino en forma generosa: «Ganaos amigos con la mamona injusta (de la injusticia) para que cuando falte os reciban en las tiendas eternas» (16, 9).

El texto presupone que el dinero es injusto, porque ha sido mal ganado o se utiliza para dividir a los hombres, oprimiendo a los más débiles. Pero añade que ese mismo dinero puede convertirse en medio para obrar con fidelidad (16, 11), es decir, para ayudar a los demás. Esto significa que es posible una conversión de la mamona.

(1) Por un lado, Lucas nos mantiene muy atentos al origen malo del dinero, que define como mamona de iniquidad o de injusticia: manejamos un dinero negro y malo, como el administrador que emplea su poder para robar.

(2) Pero, al mismo tiempo, en proceso de conversión interna que se objetiva y expresa en el orden social y económico, podemos blanquear ese dinero negro, convirtiendo la mamona en signo y medio de amor interhumano (cf. Lc 12, 33).

No se trata solo de un cambio interior (poniendo amor donde había deseo), sino que es necesario un cambio externo: hay que construir una economía distinta, al servicio de los pobres, en vez de la economía actual que está al servicio de los poderosos (del sistema). Ese dinero convertido deja ya de ser mamona, es decir, un ídolo que mata y destruye a los pobres y, al fin, a todos los hombres. Pero ¿seguirá siendo dinero? Es evidente que a Lucas no le importa la respuesta: no es economista, no organiza o planifica el orden de una sociedad. Pero sabe que a partir del gran mensaje de gracia de Cristo puede y debe «convertirse» la misma economía: de esa forma ha introducido su evangelio dentro de este mundo, superando una visión apocalíptica que condena todo lo que existe.

Lucas sabe también que su propuesta es dura y así añade que los primeros en tener dificultad para admitirla son los fariseos, a quienes presenta, quizá con cierta unilateralidad, como el signo más hiriente de la unión que suele a establecerse entre poder económico y seguridad legal (Lc 16, 14-15): ellos son amantes del dinero (philargyroi) y tienden a justificarse a sí mismos (hoy dikaiountes eautois). De esa manera se vinculan el dinero y la auto justificación, la Ley impositiva (propia de los que manejan los hilos del poder religioso) y la mamona, frente al Dios que es gracia. Estos temas nos sitúan en el centro de la antropología cristiana, que Pablo ha desarrollado desde la perspectiva de la gracia.

El pecado del hombre consiste en juzgar: querer hacerse dueño del bien/mal y justificarse a sí mismo. Pues bien, como elemento clave de ese sistema judicial (expresado en el talión) ha venido a dominarnos el dinero. Por eso, se siguen oponiendo Dios (que es gratuidad) y la mamona (que es intento de salvación o autojustificación económica, vinculada a la opresión social).

Lucas ha mantenido con fuerza esa oposición entre Dios y el dinero (16, 13), pero ha querido situarla dentro de un contexto donde, frente a los fariseos que se cierran en la propia seguridad económica y legal, puede hablarse de un administrador injusto que ha sabido trasformar el dinero del negocio en una medio al servicio de la gratuidad. Los fieles de Jesús han de traducir su gesto: convertir la economía en signo de amor, en ayuda hacia los pobres. De esta forma, en el mismo centro del mensaje de Jesús, aparece de algún modo el tema del pecado original, con una variante muy significativa: el árbol del bien/mal se identifica ya con el dinero divinizado.

Por eso, no comer de su fruto significa superar el egoísmo de la mamona y convertir todo lo que somos y tenemos en un medio para el encuentro y el amor personal, al servicio de los más pobres. Así llamamos a Jesús anti-mamona o gratuidad personificada que supera con su misma vida y muerte el pecado original de los hombres. Sobre la «novedad» lucana en la visión de las riquezas ha escrito las cosas más hermosas un obispo alemán llamado H. J. DEGENHARDT, en un libro titulado: Lucas, evangelista de los pobres (Lukas. Evangelist der Armen, KBW, Stuttgart 1965).