Sábado, 21 de septiembre de 2019

Chamartín

Hace escasos días hacía noche en Madrid, y me alojaba en un décimo piso frente a la estación de trenes y ante las impresionantes cuatro torres. Las cuatro torres iluminadas de noche constituían una visión diferente y espectacular para un viajero desacostumbrado. Me quedé largo rato asomado a una ventana en la calurosa noche. Y el pensamiento se me podía ir a ciudades de cierta importancia por el mundo. No era el Madrid acostumbrado que yo conocía.

             A los pies de mi décimo piso había un gran solar (calculo de entre tres y cuatro hectáreas), lleno de mierda, tres o cuatro acacias de crecimiento salvaje, mucha hierba seca, alguna marca de incendio reciente, unos viejos postes de madera en pie y olvidados, y unos cuantos colchones, telas y cartones por allí repartidos. Nada de luz, salvo en los puntos cercanos a la estación y la vecina calle de Mauricio Legendre. Y, lo más penoso de todo, una decena de homeless (y desde la altura que estaba no podía ver sus caras de inmigrantes, seguramente), que por allí estaban repartidos para dormir. Y algo más allá, otro solar en similares circunstancias.

            Quise imaginarme los motivos del ayuntamiento madrileño para no dejar urbanizar eso. Para impedir que allí surja otra ciudad como la de las cuatro torres de en frente. No entiendo ese impedimento. Sobre todo, viendo esos solares de miserias y el contraste tan tremendo con la “megalómana y megalítica” ciudad de en frente.  Creo que construir trae riqueza y trabajo. Al menos en esas condiciones. Donde la ciudad ya extendió sus tentáculos urbanos irremediablemente. No sé por qué se puede parar ese avance, esa ciudad nueva que por allí aparece. Y mientras tanto, los solares inmensos y sucios, en las traseras de los patios, convertidos en penosos dormitorios de seres ignorados. Que dejen evolucionar al progreso y el advenimiento de riqueza.  Le pediría a la alcaldesa Carmena, como un simple turista visitante, que reconsidere su postura intransigente y deje crecer la ciudad por allí. Que hasta la imagen esa resulta muy bella por las noches.