Martes, 25 de febrero de 2020

Marsé y las bragas

 

      Juan Marsé recibe hoy, 13 de septiembre, el Premio Liber 2016 al autor hispanoamericano más destacado «como reconocimiento a su trayectoria con proyección universal vinculada a sus raíces barcelonesas». Un galardón más de una brillante lista de distinciones (entre ellas los Premios Planeta y Cervantes)... para mí poco explicables. Leí La muchacha de las bragas de oro, Premio Planeta 1978, con una sensación permanente de aburrimiento y perplejidad. Personajes inverosímiles se mueven en una trama insustancial en la cual narrador y protagonistas compiten en la extravagancia del lenguaje. ¿Cómo es que no abandoné la lectura si me parecía tan mala la novela? Pues, por deformación profesional; porque pensé que merecía la pena analizarla. He aquí ocho fragmentos:

1. La protagonista, la muchacha de las bragas, pregunta a su tío, un viejo burgués viudo, si está escribiendo su autobiografía. De su respuesta: "–Pero no hablo de cómo soy ni de cómo fui, sino de cómo hubiese querido ser." (:13)

2. "A juzgar por la trayectoria de su mirada, muy por encima de la correa del animal, éste podía haber sido enorme, casi tan alto como él y probablemente lobo." (:54)

3. Descripciones de la joven: "Observó de cerca los nerviosos dedos de la muchacha liando el pitillo, el impetuoso vaivén de los pulgares. Llevaba un chalequito celeste, desabrochado. El resto era todavía confuso, ni siquiera distinguía si estaba en la cama": (:57) "Lo único que Mariana llevaba puesto, según él pudo ver ahora, era una camiseta gris de algodón y las bragas favoritas. Algo en su cuello se confundía con la penumbra, quizá una cinta negra". (:77) "Forest admiró una vez más la extraña seriedad del mentón y la potestad de los pómulos hinchados, consonantes con los senos divergentes que tensaban la camiseta-telaraña". (:130) "Se paró a observar la leve hinchazón rosada del labio superior de su sobrina, un estigma pueril de la niñez que aún anidaba en la boca dura y grande". (:155)

4. "Con la candorosa garra sacudió la ceniza del pecho, dos veces, tres. Sintió que le invadía una repentina ternura, una vaga tristeza (pero más bien de sí mismo, inexplicablemente), ante el indiferente temblor de gelatina del seno, con su furor y su seda dormidos". (:59)

5. "dobló el brazo derecho por detrás de su propia espalda". (:59)

6. "En medio del vértigo, replegó la indecorosa garra ya estupefacta (¿qué demonios había estado palpando?) la hundió en el bolsillo del batín y se incorporó como un sonámbulo. Bien, se dijo, éste es el fin de mi titubeante carrera de viejo depravado". (:67)

7. Descubre al joven amante de su sobrina con un amigo en intercambio sexual: "Podía distinguir también, ahora, el perfil del pecho y el agudo pezón, una tetilla adolescente (cuya seda engañosa sus dedos ya habían conocido, por cierto, en medio de otro extravío no menos inesperado), y sobre todo la dulce hendidura de la columna vertebral, como el alma de una espada, penetrando entre las nalgas altas y pueriles pero inequívocas". (:89)

8. Al final de la novela hay unas líneas que parecen proceder del subconsciente traicionero del autor: "Tanteó a ciegas la confusión de objetos olvidados y remotos, perdidos en medio de una adjetivación rebuscada y torturante, un texto masacrado. Sintió en la nuca la mirada socarrona de algo, experimentó la certeza de que, una vez más, la dudosa realidad del presente venía a enturbiar, a degrada la realidad indiscutible del pasado". (:220)

         De un hombre que se casa por interés con una mujer adinerada se dice que da un braguetazo. Juan Marsé, que contrajo nupcias con la editorial más rica, es a mi juicio un prototipo de ese fenómeno tan nuestro que consiste en conquistar la fama y echarse a dormir.

      Y de Marsé ha heredado sorprendentes semejanzas Javier Marías, el campeón de los escritores aburridos y sobrevalorados. De este último escribiré otro día.