Día Mundial de la Fotografía (todos llevamos un fotógrafo en el corazón, para todos)

 

En el mundo actual se toman millones de fotografías cada día, gracias a los avances tecnológicos, hoy, 19 de agosto, se celebra en el mundo el día de la fotografía.

Su historia comienza con el primer procedimiento fotográfico  que se desarrolló en el año 1839, cuando Louis Daguerre perfeccionó la técnica de Joseph Nicéphore Niépce y la difundió a nivel mundial en París, en la Academia de Ciencias de Francia. Este procedimiento se basó en la invención del daguerrotipo, que consiste en la obtención de una imagen sobre una superficie de plata pulida. El 19 de agosto fue elegido como el Día Mundial de la Fotografía porque ese mismo día, en el año 1839, el daguerrotipo fue establecido como la primera práctica del proceso fotográfico y el gobierno francés anunció que la fotografía había sido inventada en la ciudad de París. Desde entonces a hoy, ha pasado mucho tiempo.

 

La actividad fotográfica

No hay que ir en busca de las fotografías, sales y las ves mirando fijamente.

Esta frase es de Lee Friedlander. Y yo creo que esa frase es cierta: Veo fotos allá por donde voy. Voy caminando y veo fotos. Voy conduciendo y veo fotos. Estoy en casa y veo fotos. Cuando tengo la cámara conmigo, procuro que sea siempre, las hago. Sin más. La fotografía es algo muy próximo a la libertad. Pienso que me daría mucha pena salir de casa con la cámara y no saber qué fotografiar por no encontrarle sentido a hacerlo, pues al menos para mí lo que capto en cada foto es lo que le da todo el sentido a haberla hecho. Una simple mirada, una situación curiosa o un paisaje son suficientes para hacer que algo dentro de mí se remueva y el cuerpo me pida levantar la cámara, apuntar y disparar.

 

¿Por qué tomamos fotografías?

Para ayudar a la memoria y romper el tiempo. Para contar historias, nuestras historias. Para detener los segundos. Para que nos recuerden cuando no estemos, o no seamos los mismos. Tomamos fotografías porque queremos trascender y vivir los mejores momentos por siempre. Queremos romper las leyes de la física, queremos aumentar el color, queremos ampliar el blanco y el negro, queremos desenfocarnos para enfocarnos. Queremos usar filtros que deterioran la imagen, queremos que lo nuevo se vea viejo y lo viejo se vea nuevo. Queremos compartir con nuestra familia y amigos aquellos viajes a los que no fueron invitados, o las fotos de la fiesta a la que si fueron invitados. Queremos subir fotos en Twitter, en Facebook, en Instagram, en Flickr y en cuanta cosa inventen.


Sacar la cámara y disparar produce una satisfacción enorme. Ser capaz de crear la imagen que configurará el recuerdo de un momento vivido produce un efecto tan poderoso que acaba rápidamente con la cuestión sobre si es válida o no la imagen. La fotografía nos da la oportunidad de ilustrar la historia de nuestra vida y puede ser tan bella como queramos

La técnica es algo secundario en comparación con conocer qué queremos contar y cuáles son nuestra motivaciones internas.

Si tienes un para qué haces fotografía y conecta contigo emocionalmente, tendrás un propósito claro. Esto te llenará de energía cada mañana y harás lo que haga falta en el camino de tus sueños. Si no sabemos de que tratan nuestras fotografías, va a ser difícil que lo sepan los demás. Los fotógrafos siempre tienen algo que decir y lo hacen a través de sus fotografías.

El fotógrafo camina siempre por la superficie, pero también sabe que la superficie tiene fisuras, que la superficie puede bajar la guardia, que puede dejar sus secretos al descubierto. Comprender esto es fotografiar con plena consciencia.

 

Salir con la cámara es una puerta a la libertad. Salgo con ella a los lugares que me gustan sin necesidad de que nadie me acompañe. Es una manera de sentir independencia. Por otra parte percibo que es una forma distinta de mirar lo que hay a nuestro alrededor. Uno se conecta con lo más íntimo del afuera desde lo profundo del ser.
Volver a casa y compartir con los amigos es otro de los grandes placeres. Al menos yo siento que en general la gente responde con lo que asocia a la imagen y no tanto por la perfección de la foto, esto va creando una empatía que nos sostiene unos a otros.

El ojo puede registrar solamente un número limitado de fenómenos, mientras que la cámara puede grabar con precisión una cantidad ilimitada de detalles. Además el ojo de la cámara no es subjetivo, no llega a confurdirse ante el extraño, y no se cansa. El encuentro empírico debe ser únicamente con la memoria humana y la investigación debe detenerse en los límites de la memoria. La memoria fotográfica proporciona detalles que no siempre se perciben en un primer encuentro. Es una parte genuina de un acontecimiento concreto, y además ofrece una oportunidad de investigación más amplia. Esta posibilidad puede llegar a transformar una impresión empírica en un razonamiento lógico. Las fotografías aumentan inconmensurablemente los puntos fijos de la realidad verdadera y además aceleran y dan mayor proyección a las posibles conclusiones (Collier 1975: 224).


La próxima vez que salgas con la cámara piensa todo esto que he escrito. Y Feliz día de la Fotografia