Lunes, 3 de agosto de 2020

¿Serán pocos los que se salven?

Dom 21. Ciclo C. Lc 13, 22-30. Ésta es una pregunta central del evangelio, que ha sido desarrollado por Lucas, y que ha emocionado y angustiado a millones de cristianos, de Hermas a San Agustín, de Lutero a Francisco.

Algunos lo aplican al futuro lejano (o al cielo final, más allá de este mundo), pero en el contexto de Jesús, se aplica al un tiempo próximo, a nuestro futuro inmediato, ya, en una o dos generaciones: ¿Podrán salvarse los hombres de la gran catástrofe que llega? ¿Muchos? ¿Sólo unos pocos?

‒ ¿Puede mantenerse de verdad la vida en la tierra en las actuales condiciones de violencia, injusticia, consumo y despilfarro de energía, o nos dominará pronto un infierno de fuego o de frío, de gran injusticia??

‒ ¿Quiénes pueden salvarse en el caso de que llegue y explote el gran conflicto, cuyos signos estamos viendo por doquier? ¿Quiénes se salvarán, los del gran bunker económico y militar?

‒ ¿Qué se puede pensar y hacer en un tiempo como éste, desde quiénes y con quiénes… con qué tipo de medios? ¿Qué respuesta y camino ofrece en este momento la iglesia?

Jesús no responde sin más a todas nuestras preguntas, tal como nosotros las planteamos. Más aún, parece escaquearse, hablando en un lenguaje casi “místico”, de escatología propia del judaísmo antiguo y de ciertos círculos cristianos.

Pero si leemos con interés el texto, si nos comprometemos, descubriremos pronto su inquietante (y gozosa) actualidad, el mensaje que nos sigue ofreciendo Jesús.

Siga quien lo desee. Ofreceré un esquema del texto de Lucas y comentaré su sentido partiendo de texto aún más inquietante de Mateo 22, 14. Sigan los que quieran meditar conmigo, mejor dicho, con el evangelio. Buen fin de semana, en pleno agosto.

Texto: Lc 13, 22-30

Alguien le pregunta: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?". Y él contesta:
a) Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois."
b) Entonces comenzaréis a decir. "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados."
c) Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.

1. El texto puede dividirse en tres partes, cada uno con su tema:

a) Hay una puerta estrecha… precisamente para nosotros, los que llevamos siglos de cristianismo organizado y que, a veces, hemos confundido el evangelio con nuestras propias ideas y egoísmos de grupo (Jesús habla para algunos “judíos instalados” de entonces; el texto se puede aplicar a muchos cristianos instalados de ahora).

b) Hemos comido contigo… No sé quiénes sois. Nos creemos privilegiados, comensales de Dios. Jesús nos respondo que no confiemos en eso, no nos confiemos por creer que somos privilegiados, dueños del evangelio.

c) Pero se abre una puerta anchísima: Vendrán de oriente y occidente. Cuando pensamos que todo está perdido, cuando el mismo Cristo del evangelio nos dice que tengamos cuidado… descubrimos que se abre una puerta ancha… Es la puerta de una misión distinta, de una experiencia en la que no habíamos caído.

2. Hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos

Al final del texto introduce el evangelio de Lucas un refrán que aparece en Mt 19, 30 (Mc 10, 31): “Pues muchos primeros serán últimos, y muchos últimos, primeros”. Este refrán nos sirve para invertir los juicios normales de aquellos que piensan que la vida se salva con más poder, más dinero o más medios…

Este pasaje proclama de esa forma una inversión, que ha de entenderse en la línea de las inversiones evangélicas, en las que se dice que los pequeños (niños) serán los más grandes, como pone de relieve Mt 20, 16.27.

En esa línea, muchos que eran “primeros” (ricos y poderosos) vendrán a ser pobres y carentes de poder, si no comparten la comunidad formada por cien casas y campos (con los familiares correspondientes), mientras que muchos últimos y despreciados, carentes de todo, podrán compartir casa/campos y relaciones familiares, volviéndose primeros.

‒ Los últimos son/serán los primeros. En un sentido nadie tiene ventaja sobre nadie. Pero en otro sentido el evangelio destacado la importancia de los niños y pequeños (cf. Mt 18, 1-14; 19, 13-14) y de aquellos que lo dejan y dan todo a los pobres (Mt 19, 16-29). En esa línea se dice que los últimos (los que no se reservan nada) serán los primeros, sentencia que aparece así como un una crítica contra los que presumen de mérito ante Dios.

‒ Esta parábola va en contra de una iglesia establecida (de tipo quizá judeo-cristiano), que se opone a que nuevas iglesias (de paganos o judeo-cristianos con paganos) tuvieran sus mismos derechos y su misma libertad mesiánica, como si siglos de buen judaísmo no hubieran servido para nada. En contra de eso, el Jesús de Mateo, que ha defendido la autoridad de los niños y pequeños, defiende aquí el derecho y rectitud cristiana de los “trabajadores de la última hora”, que serían, en general, los pagano-cristianos.

‒ Esta sentencia recoge la revelación básica del evangelio de Lucas, centrada en el Canto de María, donde se dice que “derriba del trono a los potentados y eleva a los oprimidos, a los ricos los despide vacíos y llena de bienes a los pobres” (Lc 1, 56-65) y en la Bienaventuranzas: Bienaventurados los pobres, hay de vosotros los ricos (6, 20-21).

2. ¿Serán pocos los que se salven? Versión de Mateo

Ésta era la pregunta con la que empezaba el evangelio de hoy… la pregunta que los discípulos planteaban a Jesús: Los que se salven en este mundo, que es camino y revelación del Reino de Dios, los que se salven en la “eternidad” de Dios.

Todo el evangelio de este día ofrece una respuesta nerviosa y creadora a esa pregunta, y dejo su sentido a los lectores. Pero quiero poner de relieve el argumento que ha sido más desarrollado por el evangelio de Mateo, que incluye, en este mismo contexto un refraán inquietante.

Mt 22, 14 Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos

Esta advertencia escatológica recoge una sentencia apocalíptica que ha sido extensamente elaborada por 4 Esdras 7, 43-61, en un contexto de gran pesimismo antropológico, tras la guerra del 67-70 d.C., retomando el motivo clásico del “resto”, que aparecía con cierta frecuencia en los profetas (cf. Am 3, 12; 4, 11; Is 7, 3.9, Jer 31, 7-10 etc.). La gran muchedumbre de Israel tiende a la ruina, sólo queda un pequeño “resto”, formado por aquellos que cumplen la voluntad de Dios y alcanzan la salvación; sólo ese resto, unos pocos, logrará salvarse.

Gran pesimismo de algunos judeo-cristianos. 4 Esdras

Conforme a la visión de 4 Esdras, la destrucción de la gran masa del pueblo se debe al hecho de que el “mal corazón” ha prevalecido en la historia de los hombres, por lo que Dios ha debido crear dos mundos, uno para la condena (abundante como la arcilla de la tierra) y otro para la salvación (escaso como el oro y la plata). En ese contexto se añade que el Dios justo se alegra en los pocos que se salvan, sin apenarse por los muchos que se pierden (4 Esd 7, 60-61), tal como lo ratifica el texto clave de 4 Esd 8, 1-3: “Dios ha creado este mundo por (para) muchos, pero el futuro a causa de pocos…Muchos ciertamente han sido creados, pero pocos se salvarán” (8, 3).

En esa línea se podría afirmar que 4 Esdras 8, 41 reinterpreta de forma pesimista la parábola del sembrador de Mt 13, afirmando que Dios planta en el mundo muchas semillas y legumbres, pero pocas prenden y dan fruto, pues él ha creado a lo hombres en abundancia, pero de tal forma que pocos consiguen salvarse. En ese ambiente pesimista ha crecido un tipo de cristianismo miedoso del siglo II-III dC, alimentado por 4 Esdras, cuya última versión latina, “cristianizada” en sentido muy sesgado ha sido acogida por la Iglesia, donde ha tenido gran influencia, de manera que ha podido considerarse como libro canónica, incluido en la misma Vulgata .

((Esta visión negativa y pesimista de 4 Esd ha sido popularizada y extendida, de un modo directo o indirecto, en la iglesia romana, empezando por el Pastor de Hermas (cf. Sim IX, 14, 2) y culminando en San Agustín, con su doctrina del pecado original y de la “massa damnata”)).

En un primer momento se podría decir que este añadido (muchos son los llamados y pocos los escogidos) se sitúa cerca del pensamiento de 4 Esdras. Pero estudiando mejor el contexto total de Mateo hay que insistir en el carácter universal que tiene no sólo la llamada de Dios por Cristo (¡muchos son los llamados, hombres y mujeres de los caminos, buenos y malos! Mt 22, 10), sino el mismo despliegue de la obra de Dios en su conjunto, pues el Dios de Mateo no ha creado dos mundos (uno para salvación otro para condena), sino uno solo, una inmensa sala de bodas, pues todos son invitados al banquete del hijo del Rey. Sólo en un segundo momento, a partir de esa llamada universal a la salvación, se atreve a presentar Mateo su advertencia sobre el vestido de bodas, del que en principio sólo carece uno de los llamados .

Una visión que, cerrada en sí misma no cuadra con el evangelio

En esa línea y partiendo de la afirmación básica según la cual el Hijo del Hombre ha venido a dar su vida como “litron” (redención) por muchos (=todos, Mt 20, 28; 26, 28), debemos afirmar que esta sentencia pesimista (muchos son los llamados, pocos los escogidos: 22, 14), tomada en un sentido absoluto, no encaja bien con todo el conjunto de Mateo, pues, conforme al sentido original de la parábola el Señor de la Casa (Dios), tras el rechazo de un tipo de judaísmo, ha querido llamar y ha llamado a todos a la Gran Fiesta, mandándolos a buscar a todos los caminos, y, según el ejemplo de este pasaje, en la sala inmensa, sólo uno ha sido dejado de ser escogido.

Según eso, de un modo consecuente, este refrán (muchos los llamados, pocos los escogidos) no se puede tomar en sentido cuantitativo, como si sólo se “salvaran” (heredaran el Reino) unos pocos, sino como una advertencia universal, para que todos procuren mantener el vestido de bodas. Por otra parte, debemos recordar que, fiel al mensaje central de Jesús, Mateo no ha defendido la doctrina del resto (¡sólo un pequeño número de Israel se salva!); al contrario, él mantiene una visión inversa de “expansión”, es decir, de apertura del Reino hacia los que parecían estar fuera, no sólo en el mensaje de Jesús, dirigido a las muchedumbres (cf. la insistencia en los okhloi, muchedumbres, en Mt 4, 35; 7, 28; 8, 1; 9, 8. 33; 12, 15, 23 etc.), sino también en el envío universal, a todos los pueblos (28, 16-20). Sólo en ese contexto, para contrarrestar el riesgo de una apertura indiscriminada, sin ningún tipo de control o exigencia, él ha introducido aquí este refrán que recuerda y recoge la exigencia de fidelidad en el camino de la salvación.

((Sobre la visión del “resto”. Is 7, 3; 10,20-22; 11,11.16; 28,5; Am 5,15; Miq 4,7; 5,3. 6-7; Zach 14,2 etc. Cf. R. De Vaux, Le Reste d'Israél d'aprés les prophétes: RB 42 (1933) 526-539; W. E. Müller, Die Vorstellung vom Reste im Alten Testament, Borsdorf, Leipzig 1939)).

Un tema debatido por Pablo y Mateo

Éste es un problema que ha sido apasionadamente debatido por Pablo, que en Rom 9 parece aproximarse a la visión de 4 Esdras, hablando del Dios que muestra su ira en los condenados y la riqueza de su gloria en los salvados (9,22-23), para destacar, en ese contexto, la importancia del resto de los salvados de Israel (Rom 9, 27-29; con citas de Is 10, 22-23; 1, 9). Pero, sin olvidarse del misterio de la elección y del resto de Israel, Pablo ha terminado su reflexión apelando a la profundidad y grandeza de la voluntad salvadora de Dios, que ofrecerá su salvación a todo Israel (Rom 11, 26), abriendo así un camino universal de vida.

En un contexto semejante se mueve Mateo, que no ha planteado expresamente la pregunta de Lc 13, 23 (¿serán pocos los que se salvan?), pero asume su misma respuesta tomada básicamente del Q (cf. Lc 13, 24-25): “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta… y muchos los que entran por ella; pero estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mt 7, 13-14).

Aquí se repite la palabra clave de nuestro pasaje: oligoi, pocos; muchos los llamados, pocos los escogidos; muchos van por la puerta ancha, pocos por la estrecha…En esa línea, este pasaje quiere insistir en la distinción entre los llamados (los kletoi), que son muchos (=todos) y los elegidos (los ekletoi, que son pocos).

Un camino universal

Una vez situado aquí, debemos añadir que la importancia del texto se encuentra precisamente en su primera parte, es decir, en llamada universal de Dios que se dirige a muchos (polloi.), es decir, a todos. Ésta es la novedad del Jesús de Mateo, que se sitúa y nos sitúa en la misma línea de la tradición paulina: La salvación (llamada) de Dios no se dirige a unos pocos, ni se reduce al pueblo de Israel, sino que se abre a todos los hombres y mujeres. El camino del Dios de Jesús se abre por tanto en línea de universalidad: Dios llama e invita de un modo universal, de manera que los llamados de la ekklesia (iglesia, que viene del mismo kaleo, llamar), son todos, judíos y gentiles, invitados al gran banquete del Hijo de Dios.

Sólo a partir de esta llamada universal se puede entender la segunda parte de la frase: y pocos son los ekkletoi,, es decir, los que responden a la llamada, siendo así elegidos. Dentro de la perspectiva de su evangelio, Mateo ha puesto de relieve la llamada universal, eso que pudiéramos llamar la voluntad antecedente de Dios, que no expulsa ni deja fuera a nadie. Éste ha sido el gran atrevimiento cristiano de Mateo (igual que el de Pablo). Dios llama a todos, y al llamarles en Cristo introduce en su vida humana la misma Vida de Gracia de Dios. Sólo sobre esta base de llamada universal puede y debe elevarse la advertencia “y pocos los escogidos”, no para hacer cuenta de los que se pierden, sino para llamarnos a todos a la fidelidad, al cambio.

Este verso nos sitúa, sin duda, en un contexto de “advertencia” escatológica, cercana a 4 Esdras (¡tras el tremendo acontecimiento de la caída de Jerusalén, y el fin del judaísmo antiguo, tras el 70 dC!), pero con algunos rasgos especiales y distintos que provienen del hecho de que Jesús ha llamado a los pobres y excluidos de Israel, de un modo abierto, insistiendo mucho más en la bendición de Dios que en la condena. Eso hace que, a pesar de su posible tendencia al rigorismo y pesimismo escatológico, que aparece, por ejemplo, en 7, 21-23 (¡muchos me dirán Señor, Señor…, pero yo les responderá apartaos de mí!), en Mateo haya terminado triunfando la tendencia de apertura misionera universal (28, 16-20), con un mismo juicio para todos (judíos y gentiles), fundado en la presencia escatológica de Dios en los hambrientos y sedientos (25, 31-46).

Dios no ha creado pues el mundo para unos pocos justos que se salvan (de 4 Esdras), sino para los excluidos y necesitados de la tierra, a los que ofrece salvación por Cristo… Sólo en ese contexto primario de apertura universal (28, 16-20) se puede entender esta palabra (muchos son los llamados y pocos los escogidos) como advertencia o parénesis, para insistir de esa manera en la responsabilidad humana de los llamados por el Cristo. Frente a todo posible rigorismo puro, frente a todo pesimismo, Mateo ha trazado en su evangelio un camino universal de llamada (don de Dios) y de respuesta humana (compromiso de los creyentes).