Lunes, 11 de noviembre de 2019

Nadalismo

Es ejemplo deportivo y también ejemplo social, económico y familiar

Somos de Nadal. Rafa representa los valores de esfuerzo, trabajo, lucha y éxitos como una línea personal de superación.  Le hemos visto crecer, vender Cola Cao y vender coches KIA. Le hemos visto levantar copas y triunfos y caer. Dolerse en público de las lesiones, incluso en las ruedas de prensa, y en privado de la ruptura matrimonial de sus padres.

Todos le hemos comprendido. Apoyado y no señalando cuando no conseguía los resultados que esperábamos de él. Sabíamos que a él mismo le dolían tanto o más como a cada uno de los millones de españoles que soporta bajo sus atentas miradas.

Es también ejemplo social, económico y familiar. Estos 3 aspectos se entre mezclan. Económico porque todo su patrimonio, sus empresas y sus impuestos se pagan en España. Social porque es algo de lo que él hace gala y que es valorado por la Casa Real, por los diferentes Gobiernos y su clase política. Familiar porque recoge los anteriores valores. Todas sus empresas son familiares. La confianza en su padre y su tío por un lado, y con su novia por otro, son todo un ejemplo de cómo se gestionan bien los bienes para un interés común.

Nadal es una empresa. Genera un alto valor, su rendimiento provoca grandes beneficios y tiene un branding (valor de marca) como pocas otras empresas españolas. Junto a eso, tiene unas capacidades personales poco comunes: mucha habilidad para decidir en qué barcos meterse, que aventuras empresariales apoyar y cuales protagonizar. Su toque personal distingue cualquier inversión entre los meramente económico y lo social. Sabe devolver con creces lo que la gente le da.

Rafa Nadal está delante y detrás de un complejo entramado empresarial dirigido por su padre. Sebastián Nadal fue monaguillo antes que fraile. Aprendió de negocios y empresas en su experiencia personal. Detrás del esfuerzo deportivo, esfuerzo personal y familiar. En definitiva, una cultura del esfuerzo de toda la familia. Una lección que siempre se aprende y pocas veces se enseña.

Se dice de Rafa que es un ejemplo, pero pocas veces se identifica el porqué. Si así lo fuera, su ejemplo se enseñaría por algo más que por la simpleza de fama, fotos, éxitos deportivos y dinero o lujos. Que se hablé de su cabeza amueblada, su importante formación educativa y personal, su estructura familiar y de su esfuerzo en el trabajo: 14 horas diarias, 6 días a la semana, más de 300 días al año y por los 5 continentes.

Ni mucho menos son los políticos los que hoy día dan ese ejemplo en los que pisotean los valores y la estructura de la familia (hasta los redichos de `derechas´), los que antes de las 10 no pisan el despacho, los que no se desplazan ni mueven su trasero más que por conseguir algo más o no perder lo conseguido. Tampoco aquellos nuevos empresarios para los que el fin justifica los medios: emplear a bajo coste, vendiendo con malas artes engañando a la clientela y vendiendo cualquier cosa de dudosa calidad, aun cuando se pone en riesgo la salud atendiendo más al Low Cost que al servicio.

Como bien se recogió en el slogan publicitario de Pirelli: “La potencia sin control no sirve de nada”