Miércoles, 13 de noviembre de 2019

Low Cost ++

Nos quejamos de que nuestros amigos, padres, hijos trabajen cada día más por menos .

De igual forma que un electrodoméstico, la vida de los ciudadanos es, cada dia, más austera.

No hablamos de más eficiente, más rentable, mejor gestionada... Hablamos de una gestión rácana, tacaña, rozando la ruindad, en determinados casos. Estamos pasando por una etapa de descanso estival donde, lo que importa es, el poder hacer más en el mismo tiempo, con los mismos recursos y con menor gasto. Si antes la demanda era de low cost, ahora se demanda bigger, faster, cheaper. Un low cost plus plus en precio, pero con mayor tamaño, en más unidades y, con menor gasto de esfuerzos y recursos.

A cambio, da igual lo que nos den y las consecuencias. Tenemos una descarada doble vara de medir con la que atizamos a diestro y siniestro.

Engullimos toda la basura que nos dan: televisiva, deportiva, política y nutricional.

Televisiva que va desde programas desentrañando las miserias y las aspiraciones del personal: tronistas, supervivientes, vendedores de segundamano...

Deportiva tras, la que es seguro, la peor Eurocopa de todos los tiempos, hecha por y para una imagen de deportista que sólo venda más material deportivo y ningunos valores. Un Tour de Francia que ha sido un hazmereir de prueba de uno de los deportes más duros del mundo. Le siguen unos juegos que vaticinan más espectáculo fuera que dentro de las pistas. Valores, del deporte, absolutamente vilipendiados. Al final, sólo quedarán las marcas que trascienden a los medallistas o los patrocinios que superan  records batidos.

Política, donde estamos asistiendo a una vergüenza nacional de líderes, compatriotas, ciudadanos del poder donde el ejercicio de sus funciones es de tan baja estopa que no merecen seguir ejerciendo, ni un día más,  la honrosa función de la representación institucional.

 

 

 

 

 

Nutricional. Ahí ya llegamos a los más  altos índices del low cost ++. Las autoridades no lo controlan, los deportistas hasta lo anuncian, ya no sólo que no lo denuncien, en la televisión lo ensalzan y es la calidad de lo que comemos. Quesos que no se definen así en las etiquetas, leche que no llevan esta palabra si no solo el envase y el color; panes sin harina, mayonesas sin huevo... Un largo etcétera de productos que se encuentran en las estanterías de nuestros supermercados habituales y que veneramos y compramos no por su calidad (que no nos preocupa ni mirando la etiqueta) si no sólo por el precio.

Nuestras mentes, nubladas por la basura que estamos acostumbrada a engullir, nos lleva a que, igualmente, nos alimentemos de la misma mierda para hacerla funcionar. Esto llega a límites de insalubridad física y mental que además no apuntan al final del capítulo. ¿Qué será  lo siguiente? Carne que sólo  lleva esa palabra pero dudoso contenido en el animal o en la fabricación… pedimos cada vez más información, pero lo que no sabemos es leerla o interpretarla.

Nos quejamos de que nuestros amigos, padres, hijos, etc trabajen cada día más por menos y con más baja cualificación, pero no dejamos de comprar en aquellos sitios donde la esclavitud por el low cost se ha hecho tan patente. Detrás de muchas entidades que suministran esta clase de productos está gente usurera que aumenta sus márgenes en base a aprovecharse de esta usura que invita a buscar alrededor a quien lo vende más barato sin preocuparse de lo que te dan. Bigger, faster, cheaper means show but not good one.

Esto podemos verlo hoy día como slogan de campaña de las elecciones americanas. Donald Trump conoce muy bien lo que es vender show barato, en cantidad, tamaño y distribución.  A los que están acostumbrados al low cost los está deslumbrando y convenciendo. No es extraño,  es fruto de lo que estamos haciendo.

El fenómeno puede darse en España sin lugar a dudas o plantearnos el fin de esta situación.

En España hacemos quesos con leche, leche de calidad, pan con los mejores cereales, jamón de carne de cerdo y todo ello con las manos más profesionales, bollería con mantequilla y no con grasas de palma o coco.

Si no cambiamos la forma de hacer las cosas, empujaremos a que la cosa vaya a peor. A que nuestra política sea cada día de peor calidad y  que estén quienes menos se lo merecen. A que nuestros hijos solo trabajen como peones y en servicios aun con buena formación y estudios. Si fomentamos el consumir cualquier cosa, no nos tiremos de los pelos cuando nuestros problemas alimenticios son cada vez mayores y más serios o cuando nuestros hijos estén trabajando en centros donde igual se valora tener estudios que no tenerlos, o incluso que se valore más lo segundo.

Sí hay solución, consumamos mejor, no racaneemos del trabajo, la calidad y el servicio porque, detrás de cada producto o servicio, hay mucho trabajo que hay que valorar, precisamente más de los más pequeños y no tanto de los grandes.