Jueves, 29 de octubre de 2020

El hastío del estío

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Les mentiría si no les confesara que me da cierto sopor y pereza absoluta mentar en este estío, playero para un servidor, cuestiones de la política patria y charruna. Ambas envueltas en un inmovilismo ya endémico y nada sorprendente. Lo peor es que en lo de la patria, el horno debería estar a pleno rendimiento y moldeando bollos como un poseso.
 
Ademas, creo que no me desvío del sentir general si les tecleo que esto del hastío del estío clama al cielo. Y lo más preocupante es que al respetable se la trae floja, les da bastante lo mismo. Y es que lo de la política no solo no se ha desperezado del sambenito de que se preocupaba solo de mantener ciertas posaderas, y algunas cosas peores... Si no que además pierde fuelle e interés. Mal camino este.
 
Todo esto que ocurre, o mejor dicho, que no ocurre. Le ha restado interés a una situación extremadamente preocupante en la que estamos inmersos.
 
Quizá esta yenka en la que vivimos desde Diciembre, con regusto a un buen rascado de barriga, tiene el objetivo de aplacar ánimos en vez de con hechos y decisiones, con desgaste y aburrimiento. Porque díganme si no como se explica tanta tontería y tanto ilusionismo político.
 
Rajoy no se da cuenta que no solo de millones votos vive una monarquía parlamentaria como la nuestra, y espera conseguir por la vía de la presión ese empujón que necesita para seguir moncloviteando. Presión de medios afines, opinadores de argumentario y demás círculos populares, que en vez de mirarse el ombligo intentan alisar el camino, a toda vela, por si hay una tercera vencida.
 
Además el gélido Sánchez no entiende que la responsabilidad hay que tenerla y también ejercerla.  Y entre unos y otros la casa sin barrer. La verdad es que son una digna pareja de baile, sorda, pero pareja al fin y al cabo.
 
Pe
ro si les sigo siendo sincero, han conseguido lo que a mi juicio pretendían, que me de todo esto un poco igual. Por que digo yo, si parece que a ellos se la pela, no seré yo quien tense yugular. Porque se la pela como una vela lo sustancial, lo importante, lo único.
 
A uno porque nadie le quiere, pero prefiere romper a la baraja a ni siquiera plantearse, por el bien de España y de su partido, sacar el desinfectante y largarse a Santa Pola o a darse paseos por Pontevedra. Y otro, que oliendo a tieso desde hace meses tiene una incapacidad manifiesta para ni siquiera plantearse un acercamiento a la alemana y pasar a la historia al menos por haber contribuido a sacar a este país del fango.
 
Ahora que lo secundario, lo accesorio, lo suyo, eso si importa. Ahí si que hay acuerdos, ahí si que todos van a una, como en Fuenteovejuna. Da igual morados, azules, rojos, naranjas o blancos rotos. No tienen la mínima duda, ni pestañean en gastarnos miles y miles de euros en canonjías de todo tipo y condición aunque lleven meses sin ser capaces de realizar su trabajo con un mínimo de dignidad torera. Pero ande yo caliente, que proteste la gente ...
 
Lo que si me ha entristecido en el día de ayer, por la intima admiración que le profesaba. Es el fallecimiento de Gustavo Bueno. Una de las mentes más lúcidas, certeras y afiladas que me he echado a la vista y al oído. Pero ha diferencia de otras que he conocido y disfrutado, al menos a este gran filósofo y curiosa persona podemos leerlo, releerlo y hasta visionarlo.
 
Pero lo que les decía al inicio no lo he cumplido, pura contradicción la mía. Porque echando scroll atrás, me he dado cuenta que se me han calentado las extremidades entre tanta tecla. Pero bueno, será el verano.