Miércoles, 13 de noviembre de 2019

Somos lo que pensamos

“He visto un gran prodigio”, dijo la esposa a su esposo. “Cuando el niño llora, un águila baja a la tierra, se inclina sobre él y lo calma acariciándolo con las alas. Ven también tú y verás”.

 Pero el hombre, un tipo huraño y desconfiado, no le dio crédito; aunque siguió a la mujer, llevaba consigo un arco con flechas. Escondido entre la maleza, vio venir el águila y posarse sobre el niño que lloraba. Entonces enfiló en el arco una flecha y la lanzó, tomando de mira al pájaro.

  Pero precisamente en aquel momento, el águila se desvió a un lado, y la flecha atravesó al niño.

   Fue este el primer asesinato. De hecho, el águila era una criatura buena, que intentaba hacer el bien al niño. Pero el padre no creyó en la bondad de las criaturas. Atormentado por el remordimiento, esparció la maldad a su alrededor, tanto que otros se volvieron malos y empezaron a matarse entre ellos (Resumen de un cuento africano).

   Es vital para nuestro mundo el que confiemos en los otros, en su inocencia. Podríamos optar por ver nuestra familia, trabajo…por la ventana del amor, en lugar de percibirlos por la ventana del odio, venganza, pensamientos negativos.

 El mundo es el resultado de nuestras fantasías. Lo que proyectamos es lo que percibimos. Los sabios nos han hablado del inmenso poder del pensamiento humano:

  “Nuestra vida está hecha por nuestros pensamientos” (Marco Aurelio).

  “Así como piensa el ser humano, así es él” (Salomón).

  “Todo lo que somos, es el resultado de lo que hemos pensado (Buda).

   Dado que nuestra mente es capaz de engendrar muerte o vida, es necesario aprender a controlarla y dirigirla para que ella se abra completamente a la fuerza del amor. Hay que asumir la responsabilidad de cambiar los pensamientos, para, de este modo, transformar los juicios  y sentimientos.

 Hemos avanzado mucho en la ciencia, arte, en todos los campos del saber humano. “El gran poder del átomo ha cambiado todo menos nuestra forma de pensar, y así nos dejamos llevar hacia catástrofes no igualadas (Albert Einstein).

No es fácil romper el hábito de pensar negativamente; pero es cierto que lo que hemos construido, podemos deshacerlo pacientemente. Para ello se necesita creer que es posible esta tarea, que para llevarla a feliz término se necesitará mucho coraje y perseverancia.

   Nos puede ayudar en este desmontaje el uso frecuente de afirmaciones positivas: ellas tienen el poder de crear una vida feliz, libre de prejuicios y temores para nosotros mismos y los demás. No cabe duda de que, en parte, somos victimas de lo que pensamos. En nosotros se cuece el bien o el mal, la vida o la muerte. “La flecha que lanzamos” para herir al otro, puede volverse en contra nuestra.