Jueves, 29 de octubre de 2020

Santa Rita, Rita, Rita

Lo que se da no se quita… La sabiduría popular, llámenla refranero o un  simple conjuro infantil como este, aparte de juiciosa recoge multitud de píldoras de realidad concentrada aplicable a casi todo. Una ilustración atemporal y docta, cargada de una razonable simplicidad que muchos tachan de vulgar pero que a mí me resulta excepcional.

Si creían que desahogo de hoy iba de Barberás o Maestres, no va por ahí la cosa. Y es que no quería activar su sopor por saturación. Es cierto que lo de la santa puede llevar a equívoco, mea culpa. Pero estoy tan cansado de la valenciana parapetada sobre las mullidas alfombras del Senado como de la irreverente, cobarde y maleducada podemita.

Así que escribiendo de lo que se da, que mejor que hacerlo desde esta Salamanca nuestra. Hábil negadora a prestar lo que la naturaleza esquiva.

Son ya varias las que llevo leídas, vistas y oídas. Y es que cuando el trono de nuestro sacro santo consistorio se  engancha al “yo no estaba aquí”, para escurrir el bulto y tirar balones fuera justo cuando hay que desenmarañar algún entuerto capitalino, el pasmo me embarga.

Digo yo que si esa postura se utilizara para todo, pues hasta tendría un pase de coherencia en su propia irresponsabilidad. Pero cuando aún hoy estamos inaugurando, presentado y sacando pecho de proyectos que vienen de esa etapa donde no se estaba, no me digan que esto no tiene un tufo rarete.  Y es que eso de desmarcarse para que no te pasen el balón es de mal jugador. Porque si todos pagaran o pagasen con la misma moneda, la limosnera andaría golosa.

Quizás sea un iluso, pero a mí me parece que eso de gobernar es trabajar para y por. Subirse, inevitablemente, al carro de lo bueno a la vez que se reconduce lo que anda gripado, y de ahí tirar hacia adelante. Aunque creo que es más facilona la cosa esa de soltar en pildoritas lo que te encontraste tejido y aludir al maestro armero cuando hay que tapar un boquete.

Pero así está la cuestión en esta bendita ciudad, cada uno en su casa y Dios que se apañe. Deben ser cosas de los nuevos tiempos, de un PP vulnerable. Porque para nada creo que sea cuestión de barbas remojadas ni de vueltas a geocentrismos arcaicos… Santa Rita me libre.

Pero es que pasamos del “yo soy” al “yo no estaba” en cero coma. Y tantos vaivenes no son buenos, que se marea el personal.

Aunque siempre nos quedará la patrona de los imposibles, para que nos eche una mano y como a aquella doncella casadera y poco agraciada, no nos quite lo que nos había dado. Pero sobre todo abogue por nuestra causa, la causa charra.