Martes, 25 de junio de 2019

De amigos y políticos

12/febrero/viernes

 

   Desde hace casi dos décadas algunos zamoranos que vivimos en Valladolid, junto con otros que siguen en Zamora, mantenemos encuentros de cordialidad en torno a una mesa bien surtida. Políticos, periodistas, empresarios o funcionarios, personas todas con un nexo común, Zamora, nuestra tierra. Coordinados, y pastoreados, por Luis Jaramillo, el director regional de la COPE, siempre cargado de paciencia, nos reunimos cada cierto tiempo de forma habitual en el restaurante El Majao de Sebi, en la plaza Mayor. En otras ocasiones lo hacemos en la bodega Liberalia, de Juan Antonio Fernández, o en Estancia Piedra, de Imma Cañibano, dos bodegas de Toro que elaboran un vino de primera calidad.   

    [Img #566890]Hablamos de todo, pero intentamos, y casi siempre lo conseguimos, no hacerlo de política, que separa más que une. Hay socialistas, populares, centristas, ciudadanos e híbridos. Desconozco si alguien ahora está en la línea de Podemos. El alcalde de Zamora es Francisco Guarido, de Izquierda Unida, el único que tiene esta coalición en una capital de España. Algo que sorprende porque siempre se dice que Zamora es una tierra muy conservadora. Las últimas elecciones locales dejaron a más de uno desconcertado. En la peña está la anterior alcaldesa de la capital, Rosa Valdeón, un encanto de persona que siempre lleva la sonrisa y el buen talante con ella. Ahora es vicepresidenta de la Junta de Castilla y León, gobernada por el PP. Valdeón es médico de profesión. También está en la peña Miguel Alejo, que fuera Delegado del Gobierno de Zapatero en Castilla y León. Es una persona sencilla, de fina ironía y trato muy cercano. Ahora es el alcalde de su pueblo, Almeida de Sayago. Formamos la peña veinte, entre ellos dos periodistas de renombre que suelen acercarse desde Madrid, donde desarrollan su oficio: Lucía Méndez, de El Mundo”, fina columnista y excelente tertuliana, y Antonio Casado, de “El Confidencial Digital”, también tertuliano televisivo y radiofónico de prestigio. En esta cita ninguno de los dos pudo venir; el panorama político les tiene anulados para el ocio.

     Hablamos de Zamora, de sus problemas, de sus fiestas, de su Semana Santa, tan próxima, tan arraigada y tan importante para los zamoranos. Alguien dice que hace unos días hubo tres convocatorias de rueda de prensa en la capital y las tres convocadas por cofradías semanasanteras. Otro dice: ¡cómo si no hubiera cosas más importantes! Claro, digo yo, por eso Zamora está como está, cada día más muerta. La Semana Santa es un estandarte y una conciencia colectiva para los zamoranos, orgullosos de la singularidad de sus pasos, de la impresionante marcha de Talberg, de la belleza exclusiva que se genera en sus calles medievales y todo lo que supone para la ciudad en múltiples aspectos, uno de ellos el económico. Zamora es una ciudad pegada a su Semana Santa y orgullosa también del románico sublime de sus iglesias. Pero está estancada, dormida, como a mediados del siglo pasado en muchos aspectos, como si el tiempo se hubiera detenido en sus  calles y plazas, en sus rincones, conventos y palacios. Bien le vendría a Zamora, sin perjuicio de la Semana Santa, declarada de Interés Turístico Internacional, ampliar horizontes, generar otras expectativas, empresariales por más señas, para encontrar nuevos caminos de mayor progreso.

    Zamora es una ciudad de belleza pétrea, desconocida por la mayoría de españoles, con un río Duero soberbio, una catedral llena de singularidad, especialmente su cimborrio, único en España y en Europa. Una ciudad amurallada, histórica, de reinas y nobles, de leyendas y poetas. De Claudio Rodríguez, su “río duradero”, de Jesús Hilario Tundidor, un “tetaedro” de versos, de Waldo Santos, “toba, clavel y viento”, de Agustín García Calvo, sus poemas, su filosofía y su lingüística brillante. Zamora, la que desde su castillo, recuperado y restaurado por el gran arquitecto Paco Somoza, se otea el Duero en su plenitud, ya mirando Portugal. La Zamora del héroe Bellido Dolfos, antes considerado equivocadamente traidor. Zamora la de los puentes: “Por los puentes de Zamora/lenta y sola iba mi alma./ No por el puente de hierro/el de piedra es el que amaba./ A ratos miraba al cielo,/a ratos miraba al agua./Por los puentes de Zamora,/sola y lenta, iba mi alma.”, escribió Blas de Otero. Zamora de artistas, como Baltasar Lobo, escultor que encarnó una modernidad más reconocida en París que en España.

     Los zamoranos del “éxodo y el llanto”, como escribiera su poeta León Felipe, queremos intensamente a nuestra tierra, con una querencia de dolor, muy especial, muy entregada, muy cariñosa, pero sufriente, por su estado, por su abulia, por el envejecimiento de sus habitantes, por no poder dar cobijo a sus jóvenes, por su despoblación, por tener el futuro encallado. Por esas y muchas cosas más queremos a Zamora desde una crítica dulce y amarga a la vez, con el ánimo de ayudarla, al tiempo de darla a conocer, de ensancharla por el mundo a través de todos los medios a nuestro alcance.

  

 

     Por la noche cena de amigos. Isidro Navas ha preparado unas delicatessen en casa de Luciano Salas, un anfitrión de  conversación tan de primera que incita a quedarte toda la noche. Banderillas a la naranja, quesos cremosos españoles y franceses y carne roja gallega. De diez. Vamos, a lo que nos tiene acostumbrados este terracampino universal. Jerónimo Rando, que tiene mil frentes a los que acomete desde una sonrisa natural envidiable y una inteligencia llena de algoritmos, nos pone al día de lo que pasa en altos círculos  empresariales y económicos.

  Pasamos una velada de casados en plan soltero, llena de risas y conversaciones variadas. La risa es el sustento del espíritu, sobre todo en estos días de invierno, fríos y lechosos, y más cuando, como ahora, pintan bastos por todos los sitios. Quiero adelgazar y ceno reprimiéndome, pero más de lo necesario. No soy partidario de hacer régimen severo, pero si ir bajando los niveles de colesterol, azúcar y triglicéridos porque la salud es cosa seria. Adelgazar por la salud, no por belleza. Entendiendo por belleza el estar delgado, que es lo que se lleva desde hace mucho tiempo. Las costumbres sociales son así y no las voy a cambiar yo.

   Durante la cena hacemos cábalas de por dónde pueden ir las cosas de la política. Seguimos sin saber si el socialista Pedro Sánchez podrá formar gobierno. Y con quién. Yo me apunto a que dejará a un lado a Ciudadanos y se entenderá con Podemos y con los partidos nacionalistas, a pesar de que Pedro Sánchez tiene una línea roja, el referendum en Cataluña, gran exigencia de Iglesias y sus socios. Eso le supone de entrada no entenderse con Podemos, que a su vez veta a Ciudadanos, igual que Ciudadanos lo hace con Podemos. Por muchos motivos, pero especialmente también por el referendum catalán. Todo este cruce de intenciones e intereses hace pensar a muchos analistas políticos que Sánchez sí llegará a un acuerdo con Rivera para obligar al PP a que se abstenga en la investidura. Pero el PP no se abstendrá, votará en contra, aunque se caiga el cielo. No va a hacer lo que no quiso hacer con Rajoy el socialista Sánchez. Ciudadanos, mientras tanto, estaría encantado de llegar a un acuerdo con los socialistas porque no le interesa hacerlo con el PP. Y menos ante la probabilidad de nuevas elecciones. No obstante todo, yo sigo pensando que, al final, Sánchez e Iglesias llegarán a un acuerdo.  

    Hoy el comentario es la reunión que han mantenido Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. El socialista le tendió la mano para saludarlo y Rajoy se hizo el gallego. Se abotonó la chaqueta, miró a las apabardas, e hizo como que no se dio cuenta, por lo que no le tendió su mano. Pedro Sánchez se quedó con suya extendida, sin saber qué hacer y con la cara confundida. Después de la tensión del debate electoral, ofensas incluidas, no es extraño. Los socialistas difundieron por las redes sociales que “sabíamos que Rajoy no era un político decente, pero ahora también sabemos que no tiene educación”. Cada día se añora más a Adolfo Suárez, que le llovían las críticas por todos los lados y las asumía con toda deportividad. Es más: jamás contestó con insultos al insulto.

     Pero esta España política de ahora ha recuperado su tendencia al cainismo, es bronca y desagradable. Ni pintados vienen aquí los versos de Rubén Darío, algo cambiados y sacados de su texto y contexto: “La gente morena y huraña ha  hecho su entrada triunfal en España”. En una conversación entre Arturo-Pérez Reverte y Sabina, publicada en “El Mundo” el escritor le dice al cantante que “han vuelto las dos Españas”. No sé si será para tanto, o tanto, pero desde luego esto no es lo que era. “Donde no hay harina todo es mohína”, dice el refrán y Josep Plá en su “Cuaderno gris” escribió que “la miseria engendra anarquismo”. Pues eso, algo parecido, similar, cercano, está pasando hoy al irnos haciendo cada día más pobres.

   Me dan las tres de la noche. Ya no estoy para esas, pero tengo la voluntad floja y me dejo llevar.

 

13/febrero/sábado

     

     Voy a Cañizo. Me espera otra reunión de amigos con festival gastronómico incluido. Alubias con pies de cerdo, faisanes y chuletillas de lechazo. Yo me he encargo de cocinar los faisanes, con mucha cebolla y más zanahoria. Nunca había cocinado faisanes, pero se dejan comer. A la comida está previsto que vayan Toribio y José Luis, dos viejos amigos de Villamayor de Campos, pueblo cercano al que yo iba mucho de joven porque era famoso por la belleza de las chicas. Lo pude comprobar muchas veces en el baile de sus fiestas, aunque nunca tuve fortuna. En aquella época uno se conformaba con ver, mirar y volver para casa con la cabeza caliente y los pies fríos. Eran tiempos de moral recatada, de conductas muy controladas y vidas que daban poco que hablar. Uno se divertía sólo con la ilusión y la esperanza.

       Toribio me pregunta por mi hermano Gilio, al que recuerda por el fútbol, de cuando con el Cañizo jugábamos contra otros pueblos de la zona allá por la década de los sesenta-setenta. Ahora, ya jubilado, Toribio da clases de pintura a varias mujeres de Cañizo. Me promete regalar una acuarela de su pincel.

        José Luis Lozano llega cuando ya estaba a punto de irme. Fue compañero mío en el Seminario Misionero del Verbo Divino de Coreses. Una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Bueno en el sentido machadiano. Su cara ya lo dice, y la cara no engaña. Siempre tuvo cara de bueno y sus actos lo corroboraban. Lo encuentro igual. José Luis, que vive en Asturias, me trae de regalo unas botellas de sidra. Hace unos meses le envié mi libro “Prosas de pan”, dedicado con todo el cariño, y eso nos ha ayudado a reencontrarnos. Calculamos que han pasado 48 años desde que el destino nos separó. Yo me fui del colegio cuando terminé cuarto de bachillerato y reválida, y el siguió. Pero me cuenta que un día, años más tarde, también descubrió que no tenía vocación de misionero, y lo dejó para estudiar Magisterio, el que ha ejercido toda su vida en Asturias.

        Nos damos cuenta de que el tiempo ha pasado como una exhalación. Nos contamos la vida de forma muy resumida y nos despedimos con la intención de volver a vernos para charlar con más tranquilidad. El colegio donde estudiamos de niños siempre es fuente de recuerdos emotivos, entre otras cosas, porque los sinsabores se han olvidado. La memoria es selectiva, y se suele quedar más con lo bueno que con lo malo. O tal vez es que lo malo, ya matizado por los años, no duele como entonces. Pienso que las amistades del colegio eran entrañables, fantásticas, pero la distancia y el tiempo hacen estragos. No siempre volvemos a estar con personas a las que tanto quisimos. Casi nunca el pasado revive. Me acuerdo de Alfonso Reguero López, mi mejor amigo del colegio, al que sólo volví a ver una vez en una calle de Zamora hace más de 20 años. ¿Desidia? ¿Frialdad natural? No; la clave está en que la amistad hay que alimentarla, y que la vida en cada momento te pone delante nuevos amigos, nueva gente, a la que empiezas a querer porque te unen más cosas, porque se te añaden otras entretelas emocionales. Los cariños se renuevan, como la propia vida, que va saltando de un día para otro. Los cariños, las amistades, se hacen más firmes y sólidas cuando  la edad afianza las ideas, puerta que da paso al corazón. El cerebro siempre termina siendo rehén del corazón.

    Aquellos  niños de hace 50 años se perdieron en el trajín de los quehaceres de cada uno, de oficios, profesiones y geografías. Lo que no quita que siempre tenga a aquellas personas en mi recuerdo emocionado y sincero. Es más:  mantengo de por vida un profundo agradecimiento a todos aquellos que a lo largo de la vida me ayudaron a ser feliz.   

 

14/febrero/domingo

 

    Luce el sol pero hace un frío de nieve. La información meteorológica de los medios de comunicación, que ahora siempre es larga y profusa, como si se dirigieran a una audiencia británica, anuncia nieve por todos las montañas de la región. El viento del noroeste, siempre desagradable, genera una sensación de mucho más frío. Me recojo en casa. Lectura y tranquilidad hogareña. Un wasap de la Peña Cañizo me lleva al exterior. A Jesús Alberto le ha gustado mi último “Picoteo” y Víctor Peral me asegura que hará gestiones para que pueda hacer con mi amigo Eduardo Keudell el viaje previsto por el Canal de Castilla desde la ensenada de Medina de Rioseco.

    Da gusto tener amigos como los de la Peña Cañizo: siempre me mantienen despierto, unas veces con críticas irónicas y punzantes, que me suelo merecer, y otras con alabanzas inmerecidas. Pero que alimentan mi ego. Salvador Pániker dice que “los elogios, si son mínimamente sutiles, abrigan”. Pues eso. Ya veremos que da de sí, por donde salen los miembros de la Peña Cañizo en el cocido que nos reunirá un día de estos y que ha prometido pagar Jesús Alberto. En cualquier caso en esta peña somos especialistas de la amistad ágil, dialéctica y con sentido. También gozamos de la palabra, el chascarrillo, la anécdota y las notas a pié de página. Las cuestiones económicas, tan de moda, y siempre tan frías, ocupan el tiempo justo. Es importante para mi que los amigos me aporten sabiduría, conocimientos y formas diferentes de entender la vida. Josep Plá escribió que le gustaban los amigos quince años mayores que él porque con las personas de su edad, que tenían los mismos recuerdos suyos, no le aportaban nada. El problema en la Peña Cañizo es para mis amigos; soy yo el que les saca más de diez años a todos y poca chicha sacan de mi. El beneficiado soy yo por la alegría y sensatez que me aportan. Además de rejuvenecerme, claro.

    Estos amigos de la Peña Cañizo es gente trabajadora, seria, profesionales y empresarios pendientes de la evolución política y social. Están enfadados con la situación de incertidumbre que vive el país, que no conduce a nada bueno. Y es que los españoles cada cierto tiempo necesitamos complicarnos la vida, pelearnos entre nosotros, porque si no seríamos felices. No sé donde he leído esto, pero es verdad. Bismarck llegó a decir que “España es el país más fuerte del mundo porque lleva 400 años queriéndose destruir y no lo ha conseguido; el día los españoles decidan unirse harán la nación más poderosos de la tierra”. Eso no lo verán mis ojos.

   

     La noticia del día, bueno de la tarde, es la dimisión como presidenta del PP de Madrid de Esperanza Aguirre. La lideresa más relevante desde hace muchos años de los populares, exministra, expresidenta del Senado, expresidenta de la Comunidad de Madrid, candidata a la alcaldía de la capital, ya dimitió hace algún tiempo como jefa del Ejecutivo autonómico por problemas de salud. Un cáncer le traía a mal traer. Se fue, pero se quedó. Y volvió a la palestra en las elecciones locales, además de no dejar la presidencia del PP madrileño.

    Esta mujer es el ejemplo típico del político español: yo soy yo y después de yo, yo. Medio marquesa o marquesa entera, está convencida de que sin ella el mundo no funciona, que es imprescindible para que salga el sol cada mañana. Eso es tener ego de verdad. Y vanidad. Mosca cojonera, o mejor dicho, tábano de aguijón certero, no deja en paz a nadie si no es ella la que manda. Hace algunos años, a mediados de los noventa, cuando yo trabajaba como redactor en los Telediarios de TVE, fui a cubrir la información de un Congreso Nacional del PP. José María Áznar, el mismo que entonces ya debía estar buscando las armas de destrucción masiva en Irak, dio su nombre como futura mujer importante en el partido. La entrevisté con tal motivo. Lo primero que me dijo fue que se iba al lavabo a maquillarse y que por favor se le cogiera la imagen desde su lado bueno, no recuerdo cuál, porque siempre, ya entonces, hace veinte años, tenía arrugas como surcos en la cara. Amable y de porte señorial, campechana y meando colonia a la vez, desde aquel día no ha dejado títere con cabeza ni ha parado de darnos sustos: un helicóptero capotó y cayó al suelo yendo con Mariano Rajoy, vivió un atentado en la India y el cáncer le ha hecho sufrir mucho. De todas las situaciones ha salido con fuerza, con tranquilidad pasmosa y con dominio de la situación.

    Ahora dice que la corrupción de algunos de sus colaboradores, nombrados por ella, como Enrique Granados, en la cárcel por el “caso Púnica”, le obligan a dimitir por responsabilidad política. Por su negligencia “in vigilando”. A buenas horas mangas verdes. Llega al incendio como bombera tarde y mal, porque la financiación ilegal del PP no es nueva, y lo sabe. Igual que la de otros partidos, que por eso todos, o casi todos, menos los nuevos, e IU, están pringados. Mientras no se resuelva el modo de financiar a estos monstruos no habrá manera de arreglar el problema. La maquinaria de los partidos exige dinero, mucho dinero, y el maná se quedó en la Biblia. Ahora el dinero llega de los que lo tienen, pero que siempre piden algo a cambio, normalmente mucho más. Una mano para dar y otra para pedir. Y en medio los intermediarios de los partidos, que se quedan con tajadas importantes. De ahí que por todos los sitios haya una ingente cantidad de ladrones. Esperanza Aguirre, tan lista ella, tan diligente, tan despierta, se entera ahora de que su PP estaba manchado. Y posiblemente no sabremos nunca nada más que el 3% de los desfalcos reales.    

   Por supuesto, Esperanza Aguirre Gil de Biedma se va, pero se queda. En el Ayuntamiento de Madrid. ¿Estrategia ante el futuro del PP y Mariano Rajoy, tan en el aire? Es posible. Coincide la espantada misteriosa de esta mujer con mi lectura de “Los diarios de Jaime Gil de Biedma”, familiar suyo, gran poeta que fue, también de sangre semiazul, o azul del todo, secretario durante toda su vida de la Compañía General de Tabacos de Filipinas, de ascendencia segoviana, de Sepúlveda y Nava de la Asunción, lugar este último donde vivió largas temporadas. Gil de Biedma nació en Barcelona y fue allí donde se cuajó como escritor e intelectual. Aunque también vivió, entre otros lugares, en Manila, a donde le llevó el trabajo algunos años.

    Pero estos diarios van por otros derroteros. Y en ellos me pierdo para no sufrir tanto con la prosaica vida política.

     

15/febrero/lunes   

 

   Termina el juicio por el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco. La autora confesa, Montserrat González, renuncia a hacer ninguna alegación final. Si lo hace su hija, Triana Martínez, que manifiesta  el dolor que ha sentido “porque muchos testigos que han pasado por el juicio han dicho mentiras”, y la policía Raquel Gago, que reitera entre lágrimas su inocencia. El fiscal del caso, Emilio Fernández, rebaja un año la petición de la pena para las acusadas, de 23 a 22 años de prisión por considerar que “las tres estaban de acuerdo y tienen la misma responsabilidad”, pero da otras alternativas al Jurado donde plantea otras penas para Triana y Raquel. Los abogados de la acusación y la defensa, como es lógico, difieren totalmente tanto entre ellos como del Fiscal.

    Habrá que esperar a ver qué dice el Jurado Popular. Menuda papeleta tiene. No me gustaría verme en esa situación. Pienso que actuaría más por intuición que por conocimientos reales, lo que no me daría seguridad; la duda siempre estaría en mi cabeza. Aunque ya se sabe que ante la duda, no actuar, no condenar. ¿Qué harán estos hombres y mujeres? ¿Habrán llegado a conclusiones certeras? Pronto lo sabremos. El caso es histórico y mediático, y tan relevante que la ciudad de León no se lo va a quitar nunca de encima. Esta  es la crónica de una muerte cargada de tantos enigmas que nunca sabremos toda la verdad y nada más que la verdad.

 

  El diario “El País” publica una información que deja bastantes dudas sobre si Esperanza Aguirre conocía posibles desviaciones de dinero del Canal de Isabel II de Madrid para pagar alguna de sus campañas electorales. Lo que faltaba, que fuera cierto. Esperaremos más noticias. Ella dijo en la rueda de prensa de su dimisión que nunca le podrían acusar de corrupción.