Martes, 27 de octubre de 2020

Otros Notables Gorrones

    Ya he contado aquí el escaso aprecio que siento por los redentores de salón, me da lo mismo que sean políticos electos que recaudadores voluntarios henchidos de solidaridad en pro de los desfavorecidos. Me refiero a las Oenegés. Algunos de estos colectivos se parten de verdad el alma al servicio del prójimo de forma desinteresada y eficaz. Pero existe también una red enmarañada de oenegés creadas con el propósito de mamar de la teta pública y estafar a los incautos con reclamos sentimentaloides; en el fondo, aprovechándose de las desgracias de quienes dicen socorrer.

     Este mismo mes he visto por televisión una nueva campaña para llamar a la solidaridad por el terremoto de Taiwán. La población más afectada fue una ciudad del sur, Tainan, donde se derrumbó un edificio de diecisiete plantas causando la muerte de 116 personas. El siniestro se debió más a la mala calidad de la construcción que a la intensidad del seísmo. De hecho, han sido detenidos el constructor jefe y dos de sus socios, acusados de negligencia homicida. Pues bien, las oenegés de turno invitaban a los españoles a rascarse el bolsillo para ayudar a un país... con una renta per cápita bastante más alta que la nuestra, alto desarrollo tecnológico, sólo un 4 por ciento de paro y escasas desigualdades sociales. Mi hija pequeña, que se encuentra actualmente en la capital de Taiwán, Taipei, no ha visto que se hayan producido en aquel país reacciones desagarradoras, y lo cierto es que la respuesta práctica y política de las autoridades fue rápida y eficaz sin necesidad de recursos foráneos.

[Img #564581]  No dudo de la buena fe de muchos de los implicados en campañas como esta, pero resulta infinitamente más fácil predicar que dar trigo. Es bastante sencillo recibir donativos apelando al sentimentalismo y el morbo. Lo verdaderamente costoso y meritotio es remangarse y atender a los enfermos terminales sin recursos, cocinar o servir la mesa a indigentes, liar el petate y viajar a lugares conflictivos o peligrosos para cuidar a heridos y enfermos, desescombrar tras un terremoto o retirar fango a paladas después de un alud. En mis muchos años de periodista no he visto a las fuerzas vivas de las oenegés ecologistas cargarse de bolsas, palas y rastrillos para salir a recoger basuras sin dar tres cuartos al pregonero.

     Hace ya mucho tiempo que el doctor Francisco Grande Cobián, uno de los expertos más cualificados del mundo en materia de nutrición, me dijo que buena parte de los alimentos que se recogen y envían como ayuda humanitaria a los países del Tercer Mundo terminan pudriéndose en las bodegas de los barcos y sirviendo de alimento a las ratas. Otra parte, la más valiosa, es acaparada por los caciques de turno. He aquí una noticia de agencia acerca de las consecuencias del ciclón Nargis que en su día afectó a Birmania: "La ayuda internacional recibida por Birmania no llega a muchos de los afectados por el ciclón Nargis puesto que parte es decomisada por las milicias progubernamentales, para luego venderla en los mercados de la capital. A plena luz del día, varios tenderetes tienen apilados sacos de arroz con el emblema de la ONU y las siglas del WFP (Programa Mundial de Alimentos, PMA), según pudo comprobarse en Theingyi Zei, el mayor bazar de Rangún."

       Grande Cobián me dijo también que el vaticinio apolcalíptico de que la Tierra agotará sus recursos y ya no quedará ni qué comer no tiene fundamento. Los métodos de explotación de recursos han mejorado y continúan perfeccionándose en la producción de cereales, en ganadería, en acuicultura... Lo que difícilmente puede mejorar es la habilidad del ser humano para aprovecharse del vecino.

(Fotografía: Taipei. Vista desde el Edificio 101. Febrero 2016)