Martes, 25 de febrero de 2020

Periodismo podrido -III-. ¿Investigación?

    El paradigma de periodismo de investigación fue el desarrollado por Bob Woodward y Carl Berstein para el Washington Post en el caso Watergate. Las comprobaciones efectuadas tenazmente por ambos reporteros a partir de fuentes confidenciales desembocaron en la caída de Richard Nixon, todo un presidente de los Estados Unidos. Y entonces no existía internet ni disponían de teléfonos móviles ni de programas informáticos de texto que facilitasen la escritura.

    De mi manual Redacción periodística, teoría y práctica, recojo las notas dominantes del periodismo de investigación: A. Desconfía de las fuentes oficiales. B. Escarba en los datos más allá de la simple apariencia, por evidentes que se presenten a primera vista. C. Se sirve de métodos y procedimientos propios de otras Ciencias, y recurre cuando lo cree conveniente a colaboraciones tecnológicas especializadas, (como las que aplica, por ejemplo, la Policía Científica). D. Predomina la explicación sobre la narración. E. El lenguaje es más propio del estilo objetivo que de los géneros con estilo literario.

    ¿Hay actualmente en España algo que se parezca siquiera a esta forma de trabajar? Pues no. Hace ya varios lustros que los medios de comunicación, convertidos en franquicias de grupos políticos y empresariales, "investigan" a instancia de parte o beneficio de inventario. Destapan casos de corrupción y, sobre todo, los magnifican mediante campañas furibundas o los minusvaloran en función de la conveniencia de los divulgadores. La obsesión purificadora de la izquierda centra su atención en el tesorero Bárcenas (que por cierto sustrajo dinero principalmente a su propio partido) y la senadora Barberá (ésta –rodeada de innegables corruptelas–, por una irregularidad de mil euros durante su etapa como alcaldesa), mientras los informativos de la televisión y las portadas de los periódicos nunca abren con los casos cuantitativa y cualitativamente más importantes de corrupción: los miles de millones presuntamente trincados al erario público por el clan Pujol durante décadas, y los cientos de millones de euros distraídos asimismo del presupuesto del Estado mediante los PER, los ERES y los Cursos de Formación de Andalucía. Con el agravante, en estos casos, de que se trata de dinero que estaba destinado a parados y pensionistas.

     Entretanto, continuamos sin saber el quién, el cómo y el por qué del más grave atentado terrorista ocurrido en Europa, el 11 M de 2004 en Madrid. ¡No hay en prisión un solo condenado por instigación, y ningún medio se interesa por las causas!

     El vulgo es necio, y los que alimentan la necedad son cómplices por acción u omisión de los crímenes que se denuncian sesgadamente... y de los que se ocultan.

( Foto:  © Ignacio Muñoz )