Martes, 27 de octubre de 2020

Fe, Esperanza y caridad

Tres  eran tres las virtudes teologales, que al igual que Dios las infunde en nuestras almas cristianas, también un Partido Popular cada vez más mundano necesita que alguien se las insufle por el procedimiento de apremio. Y algo así es lo que ha hecho Esperanza Aguirre, meter un chute de lógica al disparate popular de los últimos días, meses y hasta años.

Fe. Creencia o confianza.

Tengo la creencia de que esto no sea un acto aislado, más que nada porque existe un halo infame de impunidad que raya lo indecente. Y sea por lo que sea e independientemente del momento, el que comience a aplicarse la responsabilidad política tiene su merito.

Además no duden que estos actos de autoinmolación, aunque tardía, inocula una confianza necesaria en los ciudadanos, los votantes y los militantes, de un partido necesitado como el comer de expiar cargas y renacer inmaculado.

Y que la fe, de la buena, de esa que dicta el comportamiento honesto, cunda. Y que este primer movimiento “Aguirriano” atestigüe y certifique que algo empieza a moverse, a cambiar. Porque hastael momento la factura política de la corrupción se ha cobrado su primer “cinco estrellas”, hora era y poco me parece.

Esperanza. Aguirre.

Aguirre ha presentado alcanzable lo deseable, como su primer nombre indica, y materializado lo que muchos esperaban de ella y aún aguardan de muchos otros.

Pero pienso que Aguirre se va a medias, eso sí, lo hace matando.

Se larga con un “ la corrupción nos está matando a todos. La gente no quiere más, la gente quiere gestos, y mi gesto es asumir la responsabilidad política”. Esto es lo que Aguirre lanzaba en su twitter, una declaración de intenciones pero sobre todo un aviso a navegantes, un torpedo en clara trayectoria ascendente hacia las plantas nobles de Génova 13.

Coincidí con Esperanza en varias ocasiones, algunas de ellas sin ser político. Siempre creí, antes de todo este maremoto, que era una digna aspirante a liderar un partido popular algo huérfano desde la marcha de Aznar. Que daba voz sin complejos a lo que el español medio, de centro derecha, liberal, pensaba. Parecía esa tía por parte de madre que ves de vez en cuando, te habla de política y le canta las cuarenta al mismo partido al que ella vota.

Y eso es lo que la granjeó frentes dentro a la vez que arrasaba fuera. Unido a un PP madrileño que no supo digerir poder y que varios malcriados han utilizado como la empresa de papá en la que todo vale.

Aguirre empieza a asumir responsabilidades, quizá tarde, quizás. Pero ya saben que si la dicha es buena…

Es bien sabido que la “lideresa” no pasaba por sus mejores momentos dentro del partido. En la oposición municipal, con Cifuentes soplándole el cogote y demasiados esperándola para cobrarle algún que otro recibo.

Sigue como baluarte opositor a Carmena, con el permiso de Villacís, pero donde hay PP Ciudadanos no chisca. Y se hace a un lado en Madrid. No sé muy si para coger impulso, quizás, o porque aún nos queda por ver más inmundicia, probablemente.

Lo que no podemos negar es que es una política peculiar, de raza. Como olvidarse de su salida “como si nada hubiera pasado” del helicóptero donde ella y Rajoy a punto estuvieron del desastre, o de sus sandalias y calcetines en rueda de prensa tras el atentado que vivió en tierras Indias, ni de su “fast and furious” ante la policía municipal madrileña, de sus idas y venidas con Gallardón, o su paréntesis para luchar contra el cáncer. Y que me dicen de sus San Isidro de chulapa.

Caridad. Como acto de justicia.

Si hablamos de caridad en este plano de las responsabilidades políticas, podíamos interpretarlo como ese amor al partido (PP) sobre todas las cosas y al prójimo (votante, militante …) como a sí mismo. O como un acto autoimpuesto de justicia.

Y es que cuando uno ve el sufrimiento que los actos de los que dirige imprimen al ajeno y al propio, no queda otra que el auxilio al necesitado. Y ese amparo tienen que ver con los hechos, con el movimiento. Bien está el que se ha imprimido Aguirre o como mal rácano el imprimírselo al resto. Pero nunca quedarse parado silbando a las nubes.

La imagen de soledad en la despedida de Aguirre es llamativa y poco caritativa. Desconozco si es que era su momento y no quería compartirlo, o que la dejaron sola por incomodidad. Pero me resulta peculiar que el presidente del partido no aprovechara para dar la cara y ponerla como ejemplo de lo que va y debe pasar, aunque si un pero hay que poner es que Aguirre no purgara antes de salir del partido. Pero ya estamos acostumbrados…

Lo que es indiscutible es que Aguirre va por delante de todos asumiendo responsabilidades, al menos internas, cuando la inmundicia la rodea. Ahora que tiene “cojons” que Rajoy  “la entienda”  por SMS y no se entienda a sí mismo. Mira que le gustan los mensajitos al presidente….

Pero más allá de la fe, la esperanza y la caridad, siempre quedará que fue la primera. La primera mujer presidenta electa de una comunidad autónoma, la primera mujer presidenta del Senado, la senadora más votada de España hasta el momento…….. Y la primera con galones en dimitir en el PP, aunque como “cazatalentos” no ha tenido mucho éxito.