Martes, 27 de octubre de 2020

La instrumentación política de los titiriteros

Cuando un ayuntamiento contrata un espectáculo, y eso sucede en todos los municipios de este país, la afinidad por los que se oferta prevalece por encima de otros criterios. Es posible que la Concejala de Cultura de Madrid no haya visionado los contenidos de este grupo porque son los responsables de un nivel inferior los que están informados de los detalles sobre qué tipo de espectáculo se elige. Por ejemplo en Salamanca, la Fundación de Cultura y Saberes tiene un presupuesto y una forma de autogestión de los espectáculos que para nada cuenta con la transparencia requerida. Sin perjuicio de que se oferten eventos donde el talento prima por encima de todo, [Img #556847]la Fundación tiene un presupuesto de 4,8 millones de euros al año, de los cuales sólo la mitad son para actividades  culturales o educativas. ¿Y el resto en qué se gasta? Eso pertenece al ámbito interno, como hacen todas las Fundaciones, por no hablar del sistema de acceso y promoción de sus funcionarios. En resumen, todos los ayuntamientos evidencian sus simpatías en forma de adjudicación de servicios, culturales, económicos o sociales. Por lo tanto, sería ingenuo pensar que el Ayuntamiento de Madrid iba a prescindir de sus afinidades. Desde este esquema se contrató a una compañía llamada Títeres desde abajo, los cuales hicieron un espectáculo, según su idea original, dirigido sólo para adultos, porque sólo ellos son capaces de interpretar que detrás de un acto violento hay, sobre todo, ironía. Por lo tanto, nada de lo que preocuparse. Sin embargo, las preguntas se acumulan. La primera, bien podrían habérsela hecho los responsables del Ayuntamiento de Madrid: ¿Qué tipo de personas son potenciales asistentes a un espectáculo que se desarrolla al 18.00 horas en la calle? Personas mayores con sesuda capacidad de discernimiento sobre el ahorcamiento de un juez, para que no parezca una ejecución. O, todo lo contrario, y aquí viene la segunda pregunta ¿Qué evidencias necesitan para saber que si tienen ante ellos un montón de niños y niñas expectante ante su espectáculo, no sean capaces de cambiar de registro interpretativo? ¿Acaso, no saben improvisar o redefinir sus personajes? De toda la obra lo que se ha destacado para condenarles a prisión ha sido la apología del terrorismo, con un mensaje explícito sobre ETA. Y aquí se ha ejercido una máxima dureza judicial, condenándoles directamente a prisión, como si fueran terroristas. Porque ha sido esto último, y no apuñalar a una monja, o pegar garrotazos a todos los personajes, lo que ha provocado la respuesta judicial. Mientras que el Tribunal Supremo ha absuelto a un violador que extorsionó a una menor durante 6 años, porque el delito ya prescribió. No pretendo hacer comparaciones con respecto a los tipos de delito, pero la diferencia es escandalosa.  Como escandaloso también es comprobar como la política se convierte en una alianza incondicional de aquellos grupos afines al Ayuntamiento de Madrid, bajo la consigna “libertad de expresión”. Un argumento tramposo cuando se trata de la violencia. Todos a una: La alcadesa de Barcelona, Podemos o  Izquierda Unida, han hecho frente común, impensable si se tratara de un grupo nazi. Por lo tanto, los titiriteros han quedado atrapados en un falso dilema: terroristas o héroes. Y  no son ni lo uno y ni lo otro, pese a que todos estén luchando por tener razón a su costa.