Martes, 23 de octubre de 2018

YO, o sea YO

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Transcribo a continuación, sin faltas de ortografía y con cierto orden, lo que me encontré ayer escrito en un cuaderno sin dueño en el vestuario del gimnasio (seguramente no estoy siguiendo un comportamiento ético al publicar lo escrito en una suerte de diario, pero creo que su contenido es de gran interés para conocer mejor qué ocurre en el fuero interno de esos chicos acusados de superficiales, envidiados por los tirillas, denostados por los intelectuales y acosados por las mujeres).

 

27 de enero de 2016 (o eso dice mi teléfono móvil)

 

Termino la tortilla de 6-7 claras de huevo de codorniz, ingiero 100 gramos de pan integral y los acompaño con una pieza de fruta. En la mochila que llevaré al gimnasio no pueden faltar el yogur desnatado y el batido de proteínas. Los meto junto a la crema hidratante, el limpiador facial y el fluido matificante. Un tropezón con el libro que tengo evitando que la puerta de la habitación se cierre con la corriente, me recuerda que aún no me he peinado. Lo hago y me miro un par de veces de perfil en el espejo. No estoy seguro, pero creo que el trabajo específico de bíceps está dando resultado así que procedo a comprobarlo con una cinta métrica. Excelente. Dos centímetros más.

 

Por la calle me sonríen cuatro chicas bastante guapas, aunque algo gordas, la verdad. Yo sé de un tratamiento que les vendría fenomenal. Saludo al monitor nada más entrar por la puerta del gimnasio. Como es colega me deja entrar sin comprobar que mi carné caducó hace semanas. En realidad, le pago en autoestima mintiéndole al decirle que está más fuerte. Qué fácil es hacer feliz a cierta gente. Antes de entrar en el vestuario hojeo el último número de una revista de culturismo. No está mal; alguno de esos tíos podría levantar lo que yo en press de banca. Compruebo que no tengo mensajes de WhatsApp y entro a cambiarme.

 

Me encuentro con dos tipos que se acojonan al verme y que se hacen a un lado para dejarme pasar. Me doy cuenta ahora de que el respeto debería venir dado por el tamaño de los músculos y no por llevar traje o corbata. Esos dos tipos estarán luego ayudándome, cada vez que se lo pida, a levantar la barra en el trabajo de hombro que tengo previsto para hoy. Hombro y pierna, sí, como todos los miércoles. Qué importante es la rutina para todo. Eso mismo le decía a mi novia esta mañana cuando me aseguraba que se tenía que ir a la biblioteca a estudiar. Menuda excusa más tonta. Menos mal que está to buena.

 

Me enfundo mi camiseta de tirantes, me pongo reguetón en el móvil y me enchufo los cascos. No quiero que nadie me hable. Total, ya me han contado todo sobre quemadores de grasa, ciclos de anabolizantes, rutinas de volumen o definición, dietas deshidratantes,… Lo sé todo sobre este mundillo y lo peor que me puede pasar es que ese mierdina que tiene pinta de escribir una columna en el periódico me acabe preguntando por la técnica de un ejercicio. Que no, tío, que no estoy para gilipolleces.