Jueves, 29 de octubre de 2020

Lo que el ojo no ve y la razón no entiende

La pitanza política anda que echa humo. Y si tuviera que resumir el guiso, de momento, quien mete cuchara es el PSOE con la presidencia del Congreso, Ciudadanos erigiéndose en hacedor de acuerdos y el niño de Bescansa.

Y es que la actualidad es taciturna y hasta curiosa. Pero cuidado con empezar  la carrera en cabeza, que uno puede acabar de liebre sin quererlo.

Algo así le está pasando a este PSOE sanchista, que no andaba muy derecho, y es que con lo de la permisividad hacia el absolutismo catalán de ERC y DL se han acabado coronando. Primero por permitir a terceros lo que las urnas les niegan, segundo por una supuesta cortesía parlamentaria que ellos no tienen con ningún constitucionalista, y tercero por pura inconveniencia. Es escandaloso. 

Y lo es porque si detrás hay algo más, por ejemplo una inversión de investidura, esta es la mejor manera de darse un tiro en el pie: Anteponiendo intereses personalísimos a los de una España más necesitada que nunca de altura política y filas prietas ante los que la atacan inmisericordemente una y otra vez.

Pero me alegra que en todo este embrollo haya voces autorizadas que pongan cordura al absurdo, voces socialistas que aunque movidas, quizás por el enfrentamiento interno, al menos no dudan en hablar de equivocación, incluso repudiando públicamente la tontuna de su líder. Y en estas también están los socialistas charros.

La Salamanca del puño y la rosa se une al sentido común. Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. Y yo creo que si en los últimos años hubieran enarbolado este mismo arresto para otras tantas cuestiones, charrunas unas y gualdas otras, quizás el viento les soplaría de otra manera.

Mientras todo esto se hace bola en el socialismo nacional, no quería dejar pasar algo que me ha resultado cuanto menos curioso este fin de semana. Y no es otra cosa que esa extraña visita del presidente en funciones a Zamora.

No me negaran que es singular que Rajoy viaje a la capital vecina a comprobar el AVE. No tendrían nada de excepcional, o si, pero a mí me chirria la soledad presidencial. Ni rastro de la ministra zamorana del ramo, ni del presidente  Herrera y menos de otra ilustre zamorana, Rosa Valdeón, vicepresidenta autonómica y última alcaldesa pepera de la ciudad.

Quienes sí escoltaban al bueno de Mariano eran el presidente zamorano y vicesecretario nacional de su partido junto a nuestro ilustre alcalde. Para mí la visita tiene tufo personal importante.

Y cuentan que la mariana aparición, por obra y gracia de Martínez Maíllo, ha sido aprovechada para avanzar en una vieja aspiración del primero de los salmantinos por asaltar el poder regional, y parece que la vía madrileña es la opción elegida. Además esos mismos relatan, con cierta sorna,  que Mañueco no duda en provocar el encuentro cada vez que un líder popular pisa la comunidad. Haciendo del dejarse ver interno un verdadero arte.

Yo no sabría que decirles, pero dudo mucho de este tipo de escaramuzas entre hombres de partido, comprometidos con sus recientemente asumidas obligaciones y leales con quienes confiaron en ellos. Lo dudo.

Y es que no quiero hacer caso a los pulsos entre yayos y sorayos, ni a las voces que claman por las esquinas que el regidor charro no está cómodo en su minoría consistorial. Me niego a pensar que todo esto que me susurran tiene algo de verosimilitud, pero no me digan que hay cosas que el ojo no ve y la razón no entiende que al menos tienen su aquel.