Jueves, 22 de agosto de 2019

Ciudadanos, ¿portavoz del PP?

Desde las elecciones locales del mes de mayo de 2015 se suceden las opiniones acerca de la posición política de Ciudadanos, fuerza política que experimentó un impresionante crecimiento al presentarse como representante de la nueva forma de partición, superadora de la vieja política bipartidista.

                        [Img #528546]No era fácil el reto de tener que demostrar que no es una creación artificial destinada a recoger los votos que inevitablemente iba a perder el Partido Popular, con la finalidad última de garantizar el mantenimiento de sus políticas y de impedir un cambio real. Sus dirigentes han manifestado una y otra vez que no son ni una muleta ni un apéndice del P.P., que tienen una política propia, y sobre todo que no iban a permitir el mantenimiento de las caducas formas de gobernar que hemos venido padeciendo; sin embargo, su discurso ha ido perdiendo credibilidad de forma acelerada y ya son pocos los que no los consideran una mera sucursal de la derecha que de momento ocupa el gobierno en funciones.

                        Más allá de las etiquetas los hechos son los acaban situando a cada uno en su verdadero lugar. Así, en la política estatal, tras unos resultados que han quedado muy por debajo de sus perspectivas y que no les permiten ser determinantes para concretar un gobierno, no han perdido ni un minuto en convertirse en los pregoneros de una “gran coalición” que más parece un frente para evitar cualquier tipo de cambio, y en aguantar contra viento y marea la insostenible posición de Mariano Rajoy (olvidando que pidieron el voto para cambiar, y no para mantener lo existente). Su último logro, del que no han dejado de presumir durante todo el día, ha consistido en ser los muñidores de un acuerdo a la vieja usanza para repartir sillones, sin contenido político alguno, manteniendo en la forma y en el fondo los modos políticos que han censurado los ciudadanos; nada ha cambiado, mientras los problemas se siguen acumulando los políticos de siempre se olvidan de todo lo dicho en campaña electoral, se reúnen y se ponen de acuerdo en repartirse cargos ante la atónita mirada de quienes se sienten engañados una vez más.

                        Y si eso ocurre en las espesuras de la “política nacional”, ya pocas dudas quedan en el nivel local. Llama la atención la falta de protagonismo público de los dirigentes del P.P. salmantino, que han descubierto que no necesitan desgastarse porque su mejor portavoz es el representante de Ciudadanos, encantado con las prebendas obtenidas en el Ayuntamiento, a cambio de permitir que todo siga igual, que Mañueco continúe gobernando como si tuviera mayoría absoluta, de defender los presupuestos como si fueran los suyos y de renunciar a defender los intereses de la gente.

                        Ha resultado especialmente sorprendente la cerrada defensa que han hecho los Ciudadanos de las tarifas establecidas para los nuevos trenes que deben cubrir el trayecto entre Salamanca y Madrid. Ante las inadmisibles tarifas fijadas ningún dirigente del Partido Popular ha osado hacer ni siquiera una tímida defensa, sobre todo porque no lo necesitan, ya tienen al portavoz de Ciudadanos para hacerles el trabajo sucio; este señor asegura que son una tarifas estupendas y que facilitaran el desplazamiento de todos los ciudadanos, y que además son mucho más baratas que el vehículo privado. Yo no se en qué vehículo se mueve este señor, pero me parece ofensivo decir que son magníficas unas tarifas de un servicio público que suponen más de 300 euros en un viaje de ida y vuelta a Madrid de una familia de cuatro miembros; oculta además que se trata de un nuevo engaño manifiesto del gobierno al que se apresura a defender: en septiembre de 2015 los medios de comunicación salmantinos publicaron el compromiso de la Ministra de Defensa de que los nuevos servicios no iban a suponer ningún encarecimiento y que se iban a mantener los precios; ya hemos visto el resultado, una vez pasadas las elecciones las nuevas tarifas son el doble de las que estaban vigentes antes. Una vez más, también, las supuestas medidas de desarrollo no hacen más que ahondar las desigualdades, ya que la implantación de los nuevos trenes que serán prohibitivos para la mayoría se hace a costa de la reducción de los servicios, frecuencia y calidad del resto de los servicios.

                        Ellos a lo suyo,  a mantener la propaganda, a sostener a los de siempre, orgullosos de sus acuerdos institucionales y pasteleos, e incapaces de analizar las causas de que en solo una década Salamanca tenga 14.000 habitantes menos y no veamos el fondo.