Qué sabemos de Jesús

[Img #526469]La revista Muy Historia. Biografías, quizá la más significativa de las que aparecen en España, del grupo GPS (que publica otras como Muy Interesante, Muy Visual…),acaba de publicar un número sobre Jesús.

Es una revista de alta divulgación, con trabajos que buscan en parte los rasgos más sensacionales de historias y personajes, está pensada para un gran público, y puede encontrarse en gran parte de los quioscos de revistas de modas y amores, motores y vestidos de España (y de algunos lugares de América Latina).

Tiene, sin embargo, algo especial:su directora, Palma Lagunilla, busca la seriedad científica y ha querido encargar los trabajos centrales a los mejores especialistas sobre el tema (Carmen Bernabé, de la U. de Deusto, J. R. Ayaso, de la U. de Granada...), para tratar de los temas centrales sobre los orígenes, compañeros, mensaje y actualidad de Jesús, como podrá verse en la imagen.

He tenido el gusto de elaborar dos temas. El primero, Qué sabemos de Jesús, sirve de encuadre para todos los restantes (y así no aparece en el sumario de la imagen). El segundo, Orador, sanador y profeta (el cuarto de la imagen) expone la intención y pretensión básica de Jesús.

Quien desee conocer mejor el tema puede comprar la revista en cualquier quiosco de España, y verá allí todos los trabaos, encuadrados en un rico formato, con esmerada composición, a todo color. Yo sólo quiero y puedo ofrecer los míos.

Hoy el primero, en el que expongo la historia de la investigación sobre Jesús, con las diez principales que sabemos de su vida. Mañana presentaré el segundo, una guía básica de la actividad de Jesús.

Esta revista y este número superan (desde arriba) la clásica división hispana, propia del siglo XIX y gran parte del XX entre clericales y anti-clericales, entre partidarios y contrarios a un tipo de Jesús y/o de religión. Aquí no hay "a favor ni en contra", aquí está Jesús, como un inmenso personajes histórico con el que todos debemos enfrentarnos, si queremos conocemos mejor lo que hemos sido y somos.

Es bueno recordar lo dicho, tras unos días como los de Reyes en que han vuelto a elevarse fantasmas de clericales y anti-clericales, en un sentido que no habría gustado a Jesús. Ha terminado la Navidad, la fiesta de su nacimiento. Sigue operante su vida, y merece la pena estudiarla, desde un punto de vista científico y humano.Sigue mi primer trabajo en Muy Historia. Biografías. Jesús (págs 4-9).

¿QUÉ SABEMOS DE VERDAD SOBRE JESÚS?

Primera fase: Una historia inventada

Ésta pregunta viene preocupando (y fascinando) a historiadores y curiosos, desde hace más de un siglo, empezando por el mundo cultural germano, donde comenzó a estudiarse. Para plantearla y resolverla con algo de seriedad recordaré la historia de su investigación, quizá la más compleja y profunda de la modernidad. Como fecha de partida escogeré el año 1892, cuando dos profesores de gran talla publicaron unas obras que siguen definiendo el tema.

El primero fue M. Kähler (1835-1912), con su libro Der sogennante historische Jesus und der geschichtliche biblische Christus (El así llamado Jesús histórico y el Cristo bíblico “de la fe”), donde distinguía un Jesús de la historia (en alemán, Historie), cuya realidad debe ser estudiada por la critica científica, y un Cristo de la fe (en alemán, Geschichte). Advertirá el lector que, en contra del alemán, el idioma castellano no distingue historia (hechos puros, Historie) e interpretaciones culturales y religiosas de esos hecho (Geschichte). Pues bien, según Kähler no conocemos ni necesitamos conocer la historia fáctica de Jesús, pues lo que importa es el influjo religioso/cultural que ejerció (y ejerce) en la humanidad.

Un colega suyo, J. Weiss (1863-1914), estudió críticamente los evangelios en un libro titulado Die Predigt Jesu vom Reiche Gottes (La predicación de Jesús sobre el Reino de Dios), demostrando de una manera sencilla pero contundente (contra idealistas de la “belle époque” y cristianos confesionales) que Jesús no creía en la bondad de la “razón”, ni en el “reino eterno de las almas”, ni en la paternidad bondadosa de Dios, sino que fue un profeta apocalíptico judío anunciando algo inquietante (una locura) para los cultos judeo/romanos antiguos y para los burgueses modernos (fin del XIX): ¡que viene el juicio de “Dios”, que este mundo nuestro acaba!

Ese descubrimiento fue un mazazo, pues iba en contra del buen Jesús de profesores alemanes, protestantes seguros de sí mismos, católicos piadosos, europeos imperiales (alemanes y franceses, ingleses y rusos), que seguían conquistado con buena conciencia, en nombre de un Jesús desconocido (Kähler) o apocalíptico (Weiss), el mundo entero, como habían hecho antes portugueses, españoles y holandeses. Sabíamos poco de Jesús, pero era claro que él no podía tomarse como inspiración y garantía de la cultura y política imperial de occidente.

En ese contexto intervino un tercer personaje, llamado A. Schweitzer (1875-1965), que publicó en dos entregas una obra, no superada todavía, con el título de Geschichte der Leben-Jesu Forschung (no una “Historia de Jesús”, sino de “Historia de la investigación de la vida de Jesús”: 1906 y 1913). Esa obra fue como una lápida de muerte, colocada sobre la cultura europea, pues mostraba, con toda claridad, que los buenos y sabios teólogos occidentales (¡padres de la crítica moderna del XVIII y XIX!) habían ido proyectando sobre Jesús sus propios ideales y intereses, sus mitos, pretensiones, deseos y miedos. La gran exégesis científica, orgullo de la razón occidental, no era más que una proyección ingenua (interesada) de la cultura europea: No conocíamos la historia de Jesús, sino la de aquellos que habían querido fijar su figura.

Segunda fase: No hay historia

Terminaba así, a principios del XX, de forma vergonzante, la llamada first quest, o primera investigación, sobre la historia de Jesús, con la visión de Schweitzer, quien pensaba que Jesús, profeta apocalíptico, fue también un crítico social (contra-cultural), un moralista (o mejor un anti-moralista) que anunciaba (¡con la llegada de Dios!) el fin de este mundo, exigiendo a los hombres que actuaran de forma consecuente, pues nuestra humanidad se acaba (había fracasado). De manera lógica, Schweitzer añadió que las autoridades “morales” del I d.C. (sacerdotes de Jerusalén y políticos de Roma) le condenaron a morir, pues no podían soportar un mensaje semejante.

Dicho eso, A. Schweitzer supo que él sabía mucho de Jesús, y quiso obrar en consecuencia, y, esa forma, siendo un intelectual muy famosos su tiempo (¡teólogo, músico, médico…!), decidió dejar su mundo, un mundo que Jesús había condenado (con cátedra universitaria, iglesia establecida y política imperial/colonialista), para marchar como médico cristiano (¡no misionero de Iglesia!) a Lambaréné (hoy Gabón), donde, por ironías de la vida, los mismos poderes que Jesús había criticado, anunciando su fin, le concedieron el Nobel de la Paz de 1952.

Schweitzer destacó de esa manera los tres elementos radicales de la historia de Jesús, en la línea de esta segunda investigación: (a) Jesús se opuso a este mundo y anunció su fin ya inminente, con la llegada del Reino de Dios; (b) para ese pequeño intermedio, él proclamó una “ética radical de ínterin”: de renuncia y fraternidad, perdón y comunión de bienes; (b) fracasó el proyecto de Jesús (fue crucificado), pero algunos de sus discípulos crearon con su ética una Iglesia que, en general, abandonó después el mismo proyecto radical de Jesús, adaptándose a este mundo, esto es, a la buena moral de los sacerdotes de Jerusalén y de los césares del Imperio.

Jesús fue por tanto un genial profeta fracasado. Por dos veces anunció la llegada del Reino, que él debía instaurar y extender, primero en Galilea, luego en Jerusalén. Pero las dos se equivocó, pues el Reino no vino, ni en Galilea, ni en Jerusalén, donde le mataron los agentes del orden social y religioso que sigue dominando sobre el mundo. Así murió, pero algunos de sus seguidores creyeron que él había resucitado (¡así le vieron!) y fundaron en su nombre una Iglesia, que ha recogido en parte su mensaje, pero que, a fin de mantenerse, ha debido pactar con los poderes que mataron a Jesús.

Ciertamente, las iglesias siguen manteniendo un recuerdo de Jesús, pero los verdaderos transmisores de su obra serían (siguen siendo) los revolucionarios morales, partidarios de un mundo en cuyo centro están los pobres, en contra de unas iglesias establecidas, que se alían siempre a unos poderes político-sociales bien establecidos. Pues bien, impresionados por la investigación de A. Schweitzer (y sin valentía para imitar su gesto profético), los “grandes profesores” alemanes y los estudiosos anglosajones, que se concibieron como árbitros de la verdad, a partir de la Gran Guerra (1914-1918), hasta el deshielo que siguió a la Segunda Guerra (1950-1960), renunciaron a trazar una historia coherente de Jesús, pues de él “sólo conocemos algunas de palabras aisladas y su muerte”.

Éste fue el tiempo del así llamdo second quest, que estrictamente hablando debería llamarse no quest, es decir, “no investigación”. No tendría sentido estudiar la historia de Jesús, pues no sabemos casi nada de ella, pues todo es interpretación, aunque con una diferencia: Las interpretaciones del siglo XIX habían sido equivocadas por ser idealistas; las nuevas, en cambio, eran buenas, en una línea de fe protestante (K. Barth, 1886-1966) o de existencia verdadera (R. Bultmann, 1884-1976).

La tercera investigación

Ésa fue la historia oficial, alimentada por los Herr Professor de Alemania, que habían dominado la escena, y por los nuevos scholar anglosajones, que empezaron a imponer su ley a partir de los sesenta del siglo XX, iniciando lo que se ha llamado third quest o tercera investigación (¡ésta es la buena!) de la vida de Jesús. En su comienzo influyó mucho E. Käsemann, con un ensayo sobre El Jesús histórico (1953), mostrando la importancia teológica y la necesidad científica (crítica) de conocer los hechos de Jesús, de manera que debemos redescubrir su figura y mensaje. Partiendo de su impulso volvieron a escribirse nuevas vidas de Jesús, primero en Alemania (cf. J. Bornkamm, 1956) y después en el mundo anglosajón, y en otras esferas culturales, francesa, hispana, italiana… (que no habían entrado en este esquema muy parcial de tiempos o investigaciones).

En ese contexto debemos afirmar que, superando el sabio escepticismo de A. Schweitzer (con sus ética radical) y el docto retraimiento de R. Bultmann (con su existencialismo), hoy (2015) podemos mantener ya una sabia confianza crítica en nuestro conocimiento de la vida de Jesús. La nueva hermenéutica judía (J. Klausner, G. Vermes), los textos de Josefo y de Qumrán, con las nuevas herramientas histórico/sociales (como la arqueología y la antropología cultural), nos permiten conocer mejor el entorno e historia de Jesús, en un momento privilegiado como el nuestro: ninguna época anterior había dedicado tanto tiempo y lucidez al tema, y es normal que hayan surgido nuevas interpretaciones (no excluyentes) de la vida de Jesús:

– J. D. Crossan y B. L. Mack (con un colectivo de investigadores: Jesus Seminar) piensan que Jesús fue un tipo de cínico itinerante, filósofo vital, más griego que judío, autor de sentencias paradójicas sobre la banalidad de los grandes poderes, en una línea contra-cultural, aunque sin intenciones de gran cambio político (que siguen dejando las cosas como estaban). La importaba la verdad personal del hombres, en una línea existencial (¡Bultmann!), con mesa compartida (en círculos de amigos). No buscó la redención mesiánica, ni quiso salvar el mundo, sino promover el despliegue honrado y paradójico de la gente de su entorno. No quiso redimir a los demás, ni morir por ellos, sino abrir un camino universal de sabiduría, pues la única aportación de los sabios es vivir con autenticidad, sabiendo que el Reino de Dios ya está presente, en esta tierra conflictiva.

– G. Vermes y M. Smith, con otros como E. P. Sanders, piensan que Jesús fue un carismático, en una línea que para los judíos “nacionales”, centrados en el cumplimiento de la Ley resultaba peligrosa. Así Vermes (con otros judíos como J. Klausner y J. Neusner) le ha tomado como un galileo ingenuo, más amigo de la libertad que del orden, de la emoción que de la ley, en los márgenes de la sociedad establecido, con unos signos (sanaciones) legalmente ambiguos y peligrosos para el buen orden del pueblo; por eso, en nombre del eterno Israel debieron rechazarle los buenos maestros judíos, defensores de la ley nacional. Otros, como M. Smith, han pensado que era un carismático cercano a las religiones antiguas, un chaman universal, experto en espíritus, buen mago, también ingenuo, que creía en el bien de los hombres y mujeres por encima del poder establecido. Lógicamente, los poderes le mataron

– Otros (como E. P. Sanders, G. Theissen, E. P. Meier o J. D.G. Dunn) le toman como profeta escatológico y/o mesías que anunció y preparó el Reino de Dios, ofreciendo unos signos que anticipaban su venida. E. P. Sanders le sitúa en el centro del judaísmo de su tiempo, cerca de los celotas más políticos, como profeta de una moral más alta y de un Dios que está viniendo. Fracasó, muriendo en una cruz, pero sus discípulos afirman que le “vieron” tras su muerte, fundando así la iglesia. En una perspectiva convergente, G. Theissen ha querido fijar el trasfondo personal y social de Jesús, en línea cultural y religiosa, insistiendo en su anuncio del Reino de Dios. En esa línea avanzan, en formas casi paralelas, E. P. Meier y J. D.G. Dunn (e incluso el Papa Benedicto XVI), con otros investigadores que siguen estudiando el tema, para fijar lo que sabemos de verdad.

Lo que sabemos de verdad de Jesús

Schweitzer decía hace un siglo que no sabemos casi nada (aunque de hecho suponía que sabemos mucho) sobre Jesús. Pasado un siglo, son muchos los que afirman que sabemos bastante, en la línea de lo que decía Flavio Josefo, historiador judío, hacia el 80 d.C.

“Fue autor de hechos sorprendentes; maestro de personas que reciben la verdad con placer… Algunos de los nuestros… le acusaron ante Pilato. Este lo condenó a la cruz. Sin embargo, aquellos que le habían amado, no dejaron de hacerlo después. Y hasta hoy sigue la “tribu” de los cristianos ” (Ant. XVIII, 63-4).

Desde su perspectiva de aristócrata, que se alzó primero en guerra (67-70 d.C.), “pasándose” después a los romanos y siendo bien premiado por ellos, Josefo presenta a Jesús como un taumaturgo y maestro anti-militar, pero no justifica la oposición de “los nuestros” (Judíos), ni la condena de Pilato, aunque insiste en la pervivencia de su grupo de amigos.

Para situar y explicar la condena y muerte de Jesús escribió por entonces su evangelio Marcos (y luego Mateo, Lucas y Juan), con una finalidad confesional (justificar la fe cristiana), pero recogiendo muchos datos históricos, que pueden ser verificados por la ciencia histórico-literaria (comparación de testimonios, coherencia interna, novedad frente al entorno…). Desde ese fondo, en línea con la “tercera investigación”, aún en curso, he querido condensar lo que “sabemos de verdad” sobre Jesús, ofreciendo una primera respuesta a la pregunta del título de este trabajo:

1. Fue crucificado por Poncio Pilato, gobernador de Roma, que interpretó su vida y obra en línea “militar” (le asoció con los celotas), pensando que su movimiento era contrario (peligroso) pare el orden sagrado de Roma.

2. Tuvo discípulos que le acompañaron desde Galilea, especialmente los Doce, signo de las tribus de Israel, que le abandonaron en la cruz (no fueron crucificados por Pilato) pero dijeron después que le habían “visto” vivo (resucitado) y rehicieron su “iglesia”.

3. Fue carismático, entusiasmaba a las masas, acogía a los expulsados sociales y “curaba” a los enfermos. Algunos pensaron que sus “milagros” venían del Diablo (¡era un hechicero condenable!), otros pensaron que tenía un poder que viene de Dios.

4. No era Rabino profesional (oficial), sino un maestro popular, pero interpretaba y aplicaba de un modo incisivo las tradiciones de Israel, iniciando así un movimiento de “nuevos judíos”, pero los poderes establecidos le rechazaron y mataron.

5. Fue un líder contra-cultural, y estuvo con los expulsados y alejados, abriendo as un camino de esperanza para muchos, apelando a su Dios Abba/Padre; pero algunos pensaron que su proyecto era al fin peligroso para todos, y así le mataron.

6. Había sido discípulo de Juan Bautista, profeta escatológico del juicio de Dios, pero más que en el fin que amenazaba insistió en el Dios que estaba ya llegando, es decir en el don y la exigencia de un cambio radical de todos.

7. Era Galileo nazareno (de Nazaret) y posiblemente nazoreo (de la familia de David), y así se presentó en Jerusalén, anunciando la llegada del nuevo Reino de Israel, pero le acusaron de falso mesías y murió en la Cruz.

8. Su familia no era en principio muy conocida, pero tenía cierta importancia, pues Pablo recuerda a sus hermanos, entre ellos a Jacobo/Santiago, líder de la iglesia de Jerusalén, hombre de gran personalidad, cuyo “asesinato” por el Sumo Sacerdote, en 63 d.C. ha descrito cuidadosamente F. Josefo (Ant 20, 107-103)

Y así debo dejar mi “introducción”, sobre “lo que sabemos de verdad de Jesús”, porque de los hechos más concretos de su historia y de sus interpretación tratarán los siguientes trabajos de este número de “Muy historia”.

Para saber más

Además de las obras citadas en el texto, cf.:

Aguirre, R., C. Bernabé y C. Gil, Qué se sabe… de Jesús de Nazaret, Estella 2009
Barth, K., Carta a los romanos, Madrid 1998 (1919)
Benedicto XVI, Jesús de Nazaret I-III, Madrid 2007, 2011, 2013
Bermejo, F., La ficción contemporánea de las "tres búsquedas" del Jesús histórico (I-II), R. Catalana de T. 30 (2005) 349-406 y 31(2006) 53-106
Bornkamm, G., Jesús de Nazaret, Salamanca 2002 (1956)
Brown, R. E., La muerte del Mesías I-II, Estella 2005/2006
Bultmann, R., Jesús, B. Aires, 1968 (original 1926).
Crossan, J. D., Jesús. Vida de un campesino judío, Barcelona 1994
Dunn, J. D. G., Jesús recordado, Estella 2009
Guijarro, S., Jesús y sus primeros discípulos, Estella 2007
Käsemann, E., El problema del Jesús histórico, en Ensayos exegéticos, Salamanca 1.978
Klausner, J., Jesús de Nazaret, Barcelona 1991
Martínez F., F., Jesús de Nazaret, Murcia 2007
Mack, B., El Evangelio perdido. El documento Q., Barcelona 1994
Meier, J. P., Un judío marginal I-IV, Estella 1998-2009
Neusner, J (y otros), The Missing Jesús. Rabbinic Judaism and the NT, Boston 2002
Pagola, J. A., Jesús, aproximación histórica, Madrid 2007
Pikaza, X., Historia de Jesús, Estella 2013
Piñero, A., Ciudadano Jesús. Respuestas a todas las preguntas, Madrid 2012
Puig, A., Jesús. Una biografía, Barcelona 2005
Sanders, E. P. Jesús y el judaísmo, Madrid 2004
Smith, M., Jesús el Mago,, Barcelona 1988
Theissen G. y A. Merz, El Jesús histórico, Salamanca 1999
Vermes, G., Jesús el judío, Muchnik, Madrid 1997
Vidal, S., Los tres proyectos de Jesús y el cristianismo naciente , Salamanca 2003

Jesús y Julio César

Julio César (100-44 a.C.) y Jesús Cristo han ofrecido, con un siglo de diferencia, las dos aportaciones más significativas del mundo occidental antiguo a la historia del mundo, en línea política (César) y mesiánica (Cristo). Sus biografías tienen varios elementos de contacto: Ambos fueron asesinados por “enemigos” y su memoria ha pervivido y se ha expresado (ha resucitado) en sus sucesores: en un caso, en los emperadores de Roma (césares); y en otro en los seguidores de Jesús (cristianos). Por eso es importante comparar sus figuras.

A César le mataron en el Senado algunos que querían mantener el orden republicano de Roma, frente a un nuevo proyecto político, pero Augusto les derrotó y creó en nombre de César un imperio “mundial”, económico, militar y religioso. A Jesús (que nació en tiempo de Augusto) le mataron los representantes de los poderes antiguos (Templo de Jerusalén, César de Roma), pero sus discípulos crearon en su nombre una iglesia universal, que superó después al mismo imperio romano, pactando de algún modo con él.

Sólo cada emperador será nuevo César, presencia divina, y así podemos hablar de una resurrección político/militar de su proyecto. Por el contrario, Jesús resucita en la vida de cada cristiano. Sea como fuere, ambos son Kyrios, señores divinos (como dice el Apocalipsis), y de esa forma han marcado la historia de occidente y del mundo.