Lunes, 14 de octubre de 2019

Atado y ¿bien atado?

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Veía estos días –inspirada por una frase leída en un artículo de Jorge Lago y Jorge Moruno: “lejos de cálculos tácticos cortoplacistas, necesitamos mirada larga y valentía”-, los dos documentales sobre la transición de los hermanos Bartolomé: “No se os puede dejar solos” y “Atado y bien atado” que dan protagonismo precisamente a aquellos a los que suele olvidar el relato casi mítico por edulcorado que hemos heredado de la Transición: el pueblo.

Buscaba en ellos las raíces del profundo desgaste institucional y del mundo viejo que ahora cae frente a lo nuevo y aún naciente que se abre.

Llamadme ingenua, treinta y cuatro años después de la grabación de los testimonios de los castellano-leoneses que aparecen en “Atado y bien atado” me pregunto: ¿en qué han dado respuesta los partidos del turno en estas décadas a las aspiraciones del pueblo castellano-leonés?

Escucho estupefacta pedir soluciones ante el profundo olvido y abandono político de un territorio aquejado por una emigración masiva de jóvenes por falta de oportunidades laborales, clamar por un mundo rural que exige presente frente a imágenes interesadas del pasado y reivindicar el protagonismo debido en el proceso de cambio estatal. Sin embargo, llegan estas voces castellanas a mi presente desde el inicio de una democracia que, por pactada y cerrada por arriba, oh gloria también de una ley electoral injusta, nunca tuvo como prioridad para los partidos del turno, más atentos a los territorios que garantizaban su supervivencia, encarar las necesidades reales y sentidas de nuestra tierra.

Me pregunto yo también ahora si seremos capaces de identificar con mayor claridad la trampa que nos tendieron entonces para dejar de exigir soluciones a nuestros profundos retos, el cebo de inventarse (medios tronando, élites incendiando) falsos conflictos, adversarios imaginarios y facilones hacia los que dirigir equivocadamente una legítima y poderosa petición de mirada frente a décadas de olvido y abandono.

Me pregunto si ya seremos adultamente capaces de retirarnos de la secular manipulación de la derecha de nuestro país, heredada del franquismo, y a la que un socialismo ciego que olvidó su razón de ser, sigue como mono con platillos el juego. La manipulación por la que desplazan la profunda voz de esta tierra antigua exigiendo justicia social, oportunidades, presencia política frente al clientelismo y la corrupción así como desarrollo real, hacia maniqueos debates sobre la ruptura de un país del que el bipartidismo y su apéndice hablan eliminando precisamente lo que un país es: su gente.

Me pregunto, escuchando a mis padres y mis abuelos, a la gente de Castilla y León que realmente trajo la democracia a base de esfuerzo y tesón y que hizo lo que buenamente pudo frente a los de siempre que, intocables, siguieron ganando dinero a expensas de los de abajo como “antes de”… me pregunto si ahora seremos capaces de terminar lo que ellos no pudieron, si realmente estaremos a la altura de la necesidad urgente de traer por primera vez la democracia real a nuestra democracia y conseguir que Castilla y León y Salamanca avancen en ella.

Hay, definitivamente, todo un camino por “descreer”. Nuestra tierra, por derecho propio, es protagonista del cambio y nos vamos a dar cuenta.