Jueves, 23 de enero de 2020

Goyescas dialécticas

La dialéctica del insulto y la descalificación personal practicada por algunos políticos, es una detestable lección que aprenden y practican muchos seguidores y tertulianos afines.

A los ciudadanos se nos están desprendiendo las retinas, perforando los tímpanos, atrofiando las pituitarias, desinervando las papilas, insensibilizando los corpúsculos de Krause y alineando los canales semicirculares, de ver garrotazos, oír insultos, oler excrementos dialécticos, degustar críticas avinagradas, recibir empujones y esquivar los platos que se arrojan mutuamente los ¿dirigentes? políticos y periodistas afines a cada bando, obligándonos a decirles que paren de una vez porque ya basta de luchas partidistas y personales.

La mayoría de ciudadanos no compartimos ni imitamos esas batallas en las que pretenden implicarnos los jefes, pero no ocurre esto con los incondicionales seguidores de cada partido, contaminados de violencia verbal por manipulación de su pensamiento que les lleva a enfrentamientos en la plaza pública, como podemos ver y oír habitualmente en las ¿tertulias? y debates ciudadanos, mientras suena como música de fondo la obra Goyescas, del maestro Granados.

En ese vergonzante duelo dialéctico, los contendientes debaten a garrotazos dialécticos con la misma convicción que los garroteros goyescos en el duelo a garrotazos, donde el artista de Fuendetodos expresó fielmente la cruel barbarie de todas las guerras fratricidas, como muestra de la violencia innata del ser humano, tan censurada por la Ilustración y por todas las personas de bien, que no son todas las personas.

La patética actitud goyesca de los agresivos contertulios, debería hacer pensar a quienes promueven esas violentas luchas dialécticas desde las tribunas públicas, si es buen camino seguir con irresponsables llamamientos a las “armas”, o conviene educar en la paz, el diálogo, la tolerancia y el entendimiento.

Los políticos han de tener muy claro que cuando hablan desde una tribuna, debaten en el Parlamente o responden a un periodista que les pone el micrófono a pocos centímetros de la boca, sus palabras son escuchadas por ciudadanos con un sistema receptor distinto, porque no existen entendederas comunes, ni semánticas políticas universales, ni conocimientos análogos, ni sensibilidades idénticas, ni reacciones similares, ni talentos parecidos.