Jueves, 22 de agosto de 2019

Pasando revista > la reflexión y sus formas

Si has perdido tu nombre,
recobraremos la puntada de las calles
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más solas
para llamarte sin nombrarte.

Si has perdido tu casa,
despistaremos a los guardianes de la
cárcel
hasta dejarlos con su sombra y sin sus
muros.

Roberto Juarroz

 

La necesidad de tener que pensar juntos lo que ya nadie puede resolver por separado.

Marina Garcés

 

Siempre he pensado que una de las mejores formas de reflexionar es hablar con los otros, sin olvidar hacerlo con uno mismo, y con el inestimable apoyo de la lectura y la escritura.

Al recordar que hoy es el día en que los cánones electorales establecen como el de la reflexión, he dado en pensar (sonrían si les apetece) en todas esas jornadas que abruman el calendario oficial, y me he preguntado si habría alguna que invite a poner en práctica el tiempo de la cavilación, la abstracción o el rumie, y lo haga de una forma práctica que nos resulte útil.

Hace unas semanas tuve ocasión de asistir a una gratificante conversación en torno a la presencia de la llamada literatura infantil en las revistas. Organizada por ARCE con la inestimable ayuda de A Mano Cultura, una empresa de gestión cultural de nuestra ciudad, pudimos escuchar a tres especialistas vinculados profesionalmente con este ámbito literario, el de la literatura infantil y juvenil (LIJ), del que escribió el escritor y ensayista C. S. Lewis que si tenía calidad, también podía ser leída por los niños, reconociendo de este modo y con sabía ironía, la capacidad y los derechos de estos lectores.

La charla se celebró en la Biblioteca Pública de las Conchas, y la asistencia, digamos familiar, permitió que las intervenciones entre la mesa y los asistentes resultara más fluida; ya se sabe, ventajas de los pequeños formatos que suelen entrañar mayor cercanía.

Casi en paralelo, comenzaba a leer La forma inicial, un texto de Ricardo Piglia, tejido por una serie de escritos, fruto de conferencias, entrevistas y artículos, donde nos habla de la conversación literaria, y en plena lectura, recordé algunos apuntes, consecuencia del encuentro y la conversación que se cita al principio de estas líneas.

El espacio por el que transitan las revistas culturales creo que tienen mucho que ver con esa forma inicial de construcción del pensamiento que suponen los ejes conversacionales de los que habla Piglia en su libro.  [Img #506274]Podríamos aventurar que las revistas son narratorios que, desde diferentes ángulos, provocan el diálogo, la tertulia, el discurso y/o el razonamiento sobre los temas, generalistas o monográficos, que abordan desde la temática que las define: música, arquitectura o filosofía; o también, la forma en que se organiza y ofrece cada número: una visión de la literatura en los nuevos soportes digitales o la literatura infantil como género, pongamos por caso. Quien me lea habitualmente sabrá que ya se ha comentado en otra ocasión.

Como he citado a la LIJ, me gustaría volver con ustedes al encuentro sobre revistas infantiles del que hablaba antes; no es mi intención llevar a cabo una crónica de lo que allí se dijo, pero si me gustaría, al hilo de las cuestiones que se expusieron, compartir con ustedes algunas reflexiones, máxime cuando nos acercamos a esas fechas navideñas donde su visibilidad, la de la LIJ, inexistente en otras fechas del año, se convierte en omnipresente, haciéndome sonreir por las similitudes con aquella gloriosa frase de la imprescindible Amanece que no es poco, cuando el pueblo se dirige al alcalde, coreándole, con toda la sorna del mundo, que él sí es necesario y ellos sólo contingentes.

Hubo muchas e interesantes reflexiones que modularon la conversación, pero me gustaría destacar tres de ellas que me ayudaron a dar forma a otros modos de pensar, de reflexionar, de acercarme al fenómeno de las revistas culturales en el campo de la literatura infantil.

Se habló, por ejemplo, de que la floración de los movimientos de renovación pedagógica, a principios de los años ochenta del siglo pasado (cómo cuesta escribir esto), alumbró la aparición de algunas revistas que aglutinaban (este sería el verbo y tal vez la explicación) la necesidad de ‘explicarse por escrito’ sobre una nueva presencia de la LIJ con propuesta editoriales, autores y líneas temáticas que no tenían una gran visibilidad hasta el momento en aquel entorno cultural.

Me pregunto, con una cierta esperanza, si no sería posible un nuevo reverdecer de estas publicaciones teniendo en cuenta la efervescencia social que afortunadamente parece vivir nuestro país en estos momentos.

¿Tendría lógica hoy una serie de publicaciones específicas referidas a la LIJ? se preguntaron también en la mesa, y se apuntó como respuesta la posibilidad de una presencia de la LIJ en un sentido transversal: ¿por qué no puede haber también referencias a la LIJ en una revista sobre música, ciencias ambientales o relaciones interpersonales? ¿No tiene nada que decir la LIJ al respecto? ¿Acaso no existen 'miradas específicas' desde la LIJ sobre estos temas?

Si fuera de este modo, quizá consiguiéramos romper esa frontera invisible, ese muro mental que hace pensar que esta literatura es solo para niños y jóvenes, como apuntaba Lewis.

Se planteó también otra variante bajo un epígrafe muy sugerente, publicar a partir de un núcleo semántico. Se asemejaría, en cierta medida, a un monográfico sobre un tema: ofreciendo la posibilidad de ‘adentrarse’ en el tratamiento de un tema desde diferentes contextos, y poder profundizar en el conocimiento de los contenidos publicados.

Esta opción me llevó a pensar en los llamados centros de interés o rincones pedagógicos, aplicados en la escuela y, sobre todo, en las posibilidades para su desarrollo en red y a través de la lectura hipermedia.

Se mencionó, además, otro elemento que actuó a modo de coda y que me interesaría destacar: las revistas infantiles. Hablando de una posible ‘horizontalidad’ en sus contenidos, que tratara a los más pequeños respetando su inteligencia y creatividad, lo que me hizo recordar las palabras del filósofo Santiago Alba Rico que, hace años y en compañía de otros, supo tratarlos de este modo en su añorada Bola de Cristal; decía Alba que cualquier revolución, cualquier cambio, que nos planteemos, tiene que pasar por la aceptación de nuestra condición de objetos frágiles y por tanto de objetos de cuidado. ¿No les parece un deseo muy encomiable recordar que los cambios deben tener siempre presentes el verdadero bienestar de todos nosotros?

Al terminar de escribir los párrafos anteriores, me doy cuenta de que todo lo que he escrito sobre la posibilidad de nuevas 'hechuras programáticas' para las revistas la LIJ, pudiera tener un paralelismo casi perfecto en lo que muchos desearíamos que fuera la nueva etapa que se inicia a partir del próximo lunes:

La trayectoria > no convendría olvidar que somos lo que somos porque otros lo hicieron posible antes.

La transversalidad > porque vivimos momentos donde la acción ciudadana impregna muchos órdenes de nuestra vida, queremos que también se infiltre en las instituciones que deben representarnos.

La profundización democrática > hay que nuclear, tejer entre todos, significados que nos ayuden a comprender y a poder actuar: la capacidad de cohesionar, de buscar relaciones en lo común desde nuestra lógica divergencia, es el único camino que podemos recorrer juntos.

No sé si serán cosas mías o también ustedes encuentran viables estas semejanzas… En todo caso, reflexionemos, pero no lo dejemos sólo para este sábado.

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Rafael Muñoz