Sábado, 24 de agosto de 2019

A votar también se aprende

[Img #506069]Aunque a los que siempre ganan –sí, a la banca- no les interese. Será por eso que los medios de comunicación –propiedad de los campeones- no se ocupan de prestar un servicio a la sociedad. Esto explica que los periodistas no trabajen como periodistas sino como correveydiles sin posibilidad de preguntar, contrastar y contextualizar las promesas de los distintos candidatos. Es más, en nuestra democracia –o lo que sea- sólo te enterarás de lo que ofrecen los distintos partidos dependiendo de la cantidad de dinero que inviertan en publicidad.

Un ejemplo: en Salamanca se presentan 11 partidos y apenas conocemos la mitad. En Madrid se presentan 20 partidos y nos suenan la cuarta parte. No digo ya conocer los programas electorales. En fin, que todo suena a una gran mentira organizada por los que tienen el poder para no perderlo. Y no soy un paranoico ni esto es fruto de ninguna teoría conspiratoria. Es lo que hay. Tienes pasta (o te la dejan los que la tienen) y puedes optar al poder. Logras el poder y devuelves la pasta a los que te la prestaron. En cash o con leyes que se lo proporcionen.

Decía que a votar también se aprende y que esto no es interesante para los que manejan el cotarro. Es por eso que en nuestro país se identifica el voto a un partido con la pertenencia a un equipo de fútbol. Es lo que los técnicos llaman “suelo electoral”, “voto cautivo”, gente que vota siempre a los mismos, a “los suyos”. Y claro, son gente que no falla. Que vota siempre (si pudieran, lo harían dos veces), que nada tienen que ver con el 40 por ciento de abstención media que, irresponsablemente, dejan que estos “júligans” políticos ejerzan su derecho al voto irracionalmente. Como si fueran los ultras de un equipo de fútbol. Y no. No tiene nada que ver. Lo de animar en las buenas y en las malas, defender tus colores hasta la muerte y sentir el escudo en lo más hondo, es un comportamiento irracional que comprendo. El fútbol es pasión. La democracia no. La gestión de lo público es un servicio. Y hay que aprender a elegir a aquellos que lo harían como a mí me gustaría. Gente preparada con vocación de mejorar la vida de sus ciudadanos. Personas que no pongan las siglas de su partido-equipo por delante de los intereses de la mayoría. Especialmente de los que peor lo pasan. Nada que ver con el “juliganismo” electoral.

Es lo que tiene leer y viajar. Mirar lo tuyo, desde fuera, sin ojeras equinas. Que te das cuenta de que no hay interés alguno en enseñar a votar, de que seguiremos igual. De que los cambios –aparentes- son para que no haya cambios –reales-.

Lo importante –lo veo más y más claro- es no perder la esperanza, no resignarse, sonreír a todas horas –que es lo que más jode-. Y cambiar el voto en cada elección. Dependiendo de lo que te parezca mejor. Olvidándote de la publicidad y de las caras conocidas. Total, te va a dar igual. Y ya que no puedes cambiar el mundo, vota contra corriente y lucha para que el mundo no te cambie a ti.